A 10 días de los 100 días. El “NO” del sector energético.

Tal vez sea este el sexenio más largo y cruel para el sector energético. Después de un gobierno que le dijo “SÍ” a todo, incluyendo la corrupción y la ingobernabilidad, tenemos ahora uno que sostiene una tendencia negativa: No hay gasolina, No hay licitaciones, No hay subastas, No hay plan para Pemex y aún no hay comisionados. El tren se descarriló tan rápidamente como arrancó y ahora solo queda el tren Maya y el tren del mame. En lugar de proyectos y de oportunidades tenemos señalamientos, acusaciones y promesas de que desaparecerá la ilegalidad y la inmoralidad en lo que fue un bastión de infamia neoliberal.

Hagamos un recuento de lo más relevante hasta ahora. Iniciamos la Cuarta Transformación con la cancelación de las licitaciones 3.2 y 3.3 de la CNH en el entendido de que no habría más contratos que otorgar en tanto los vigentes no lleguen a producir. NO más contratos por el momento. Luego tuvimos un año nuevo poco próspero por el desabasto de gasolina. También se nos dijo “NO habrá gasolina hasta que se detenga el robo de combustible”. De nuevo hubo una negativa hasta que sobreviniera un resultado positivo. Acto seguido se anunció la suspensión de las subastas eléctricas pues CFE ya NO puede continuar contratando generación de terceros cuando tiene sus propias centrales. Por lo tanto ya NO habrá fuentes de generación con energías renovables porque están en desuso las plantas que usan carbón y combustóleo. Otra vez se cambió de rumbo hacia un destino al menos incierto.

Unos que se han negado categóricamente a montarse en este tren han sido los comisionados de los reguladores que ni lentos ni perezosos abandonaron su cargo. Incluso antes de que tomara la silla Andrés Manuel López Obrador, Juan Carlos Zepeda anunció que dejaba la suya en CNH y pocos días después Héctor Acosta también cedió la suya. De la CRE salió por patas Neus Peniche seguida por Marcelino Madrigal y Montserrat Ramiro. Peniche fue capturada por la SENER como “enlace” entre la dependencia y los reguladores. Que una comisionada acceda a un encargo como subordinada de la Secretaria solo habla de la depreciación del título. En los últimos días supimos que renuncia Gaspar Franco de CNH. ¿Cómo se llamó la película? Comisionados en fuga.

Ya NO tendremos comisionados por algún tiempo y quién sabe por cuánto más tendremos comisiones. Es previsible que no sea por mucho porque ya NO habrá mercado.

Mientras había desbandada de comisionados, Bartlett anunció que ya NO habría abusos en contra de CFE por lo que ésta ya NO pagaría las contraprestaciones de los contratos leoninos celebrados con los transportistas. Al decirlo le dio por mencionar a una sarta de presuntos saqueadores de la patria, que alguna vez se desempeñaron como funcionarios públicos, pero que ya NO lo son. Algunos desde hace 25 años. Don Manuel lanzó acusaciones que podría haber hecho en el pasado; en un tiempo que ya NO es.

Otro que fue zarandeado en el oleaje de nuestra corriente moral fue Guillermo García Alcocer quien, sorprendentemente, SÍ aún es presidente de la CRE. Este invicto ha sorteado imputaciones gravísimas, incluso de lavado de dinero por ser él un pariente lejano de un sujeto cuya identidad desconocemos pero sabemos que NO es Guillermo García Alcocer. Los asesores legales del presidente deben prevenirlo de que uno NO paga por las conductas ajenas. Hay que perseguir a quienes cometen los delitos y a los que NO pos NO.

¿NO?

Lo que NO queda claro es el SÍ del presidente en lo que se refiere al Sector Energía. Tenemos la vaga idea de que Pemex y CFE volverán  con enjundia pero NO sabemos cómo ni cuándo. Pemex, la empresa petrolera más endeudada del mundo NO contratará deuda pero tampoco se asociará con particulares. Esto pone una presión insoportable a un gobierno que se compromete a gastar mucho cuando NO tiene dinero.

¿O SÍ?

Pipas y flautas. ¿Cómo mover la gasolina en México?

Tras largos días de ley seca, en los que sedientos nos arrastrábamos a las gasolineras como un esperanzador oasis, ya estamos al día en nuestros combustibles. Todo indica que, en menos de lo que llegaban las pipas, ganamos la guerra contra el robo de combustible. En toda la historia del país no se ha visto una victoria más expedita contra la delincuencia organizada y sus secuaces. Ya ni el mismo presidente ha vuelto a tocar el tema y menos tras la lastimosa chamuscada en Hidalgo.

La secuela de esta crisis, que ni crisis fue, es una compra grande y algo impulsiva de carrotanques para el traslado de estos hidrocarburos. En una compra compulsiva de pipas, la Secretaria de Economía, la de la Función Pública y la Oficial Mayor de la Secretaría de Hacienda cargaron a la cuenta del país 707 cabalísticas pipas. Tres mujeres y un camino.

Lo que no es claro es si ésta es la ruta más corta y eficiente para el consumo de la gasolina de los mexicanos. Menos evidente es aun si rodar la gasolina es más seguro tanto en lo industrial, lo ambiental, como de suministro. Analicemos por qué.

Primera pregunta: ¿qué sale más barato? ¿Por ruedas o por tubo? Información hecha pública por la Comisión Reguladora de Energía muestra que el transporte de gasolina por carrotanque es 14 veces más caro que hacerlo por ducto. Esto se debe a que la aparente facilidad de verter la gasolina en una pipa y lanzarla a rodar es bastante más cara que toda la construcción, instalación y mantenimiento de un ducto. La inversión inicial de la pipa claramente es menor pero también su durabilidad. Una pipa pierde valor apenas sale del garaje de agencia, mientras que un tubo tarda más en depreciarse. Cuando la minusvalía de un ducto apenas inicia, una pipa ya cursó su vida útil. Cuando de seguridad ambiental se trata, no se necesita un doctorado en física cuántica para inferir que una pipa tiene más emisiones que un ducto que por lo general corren bajo tierra. Tampoco un ducto es una bomba rodante que carga de 20,000 a 40,000 litros de la inflamable sustancia. Y cuando de robar se trata, no se requiere de mayor pericia para asaltar una pipa cuando la perforación de un ducto precisa de mayores competencias. La tragedia de Hidalgo demuestra que no cualquiera puede picar un tubo sin salir gravemente y/o fatalmente chamuscado. Por último en orden mas no en importancia está el tema del impacto en la movilidad. El tránsito de transporte pesado causa desgaste de los caminos y congestiones. Para aquilatar el tamaño de este impacto tendríamos que conocer las rutas de las pipas las cuales no se han informado.

Cuento aparte son los titulares del negocio de transporte terrestre de combustibles. En México se conocen familias ligadas o parte de los grupos políticos que por una millonada le han prestado este “servicio” a Pemex. En la galería de la infamia tienen la sala central Carlos Hank Rohn, Javier Cantú Barragán, Gudelio y Gustavo Cavazos Marroquín, el mismo ex Director de Refinación Juan Bueno Torio y la inolvidable familia Mouriño. Estos grupos controlan un total de 1,483 empresas según datos de la Comisión Reguladora de Energía cuyo padrón de pipas no es público. Habría que ver qué tan completo es para tener una mejor idea de su monitoreo. Como sea, hay muchas historias corroboradas y no, pero todas impunes, de las rutas inexistentes de las pipas que pagó Pemex. En otras palabras, hay transporte que se pagó pero que nunca partió. No es del todo entendible que un presidente que ha tomado la pancarta del combate a la corrupción emprenda la cruzada de las pipas.

En los últimos días el presidente convocó a concurso las plazas para los conductores de las pipas cuyos resultados son difíciles de evaluar porque las cifras de solicitudes, exámenes, aprobados y pendientes de evaluar no cuadran. El número que se antoja gracioso corresponde a los solicitantes que no han tramitado su licencia. Una energeek lleva más de un año con la licencia vencida pero se ampara en el hecho de que no transporta materiales peligrosos. Esto nos lleva a que no cualquiera es apto para transportar gasolina y nos preguntamos si se trata de un ejercicio riguroso de selección y no una caza de clientelas. Si lo último es verdad, las consecuencias de la ineptitud de los choferes podrían ser fatales. Si la contratación de personal poco capacitado es el caso, bien podría caber el dicho “el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”.

Apagamos el fuego con gasolina. Sobre lo poco que sabemos de Seguridad Industrial.

Acabamos de presenciar un holocausto, si entendemos por éste el sacrificio de una víctima al ser quemada en vida. Lo sucedido en Hidalgo no es menos que eso, así se trate de personas que, por robar combustible, fueron calcinadas. A Energeeks no nos interesa asumir el papel de jueces y dictar sentencias sumarias sobre su presunta culpabilidad o de sus yerros morales. Que de eso se encargue el poder judicial o, en su caso, el sacerdocio. Las Energeeks somos técnicas y a eso nos dedicamos. Tuberas a nuestros tubos.

El tema aquí es cómo es posible que, en primer lugar, sea tan fácil perforar una tubería de forma tal que los combustibles salgan como aguas brotantes. Por otra parte, parece inverosímil – aunque no lo sea- que la gente vaya hacia la fuga en lugar de huir de ella. Ante tal incidente, el instinto más elemental de supervivencia dictaría salir por piernas de ese lugar. Ante el riesgo de una muerte semejante, tan solo el instinto de fuga debería ser suficiente para poner pies en polvorosa.

Pero ni los militares, ni la fuerza pública, ni el riesgo de muerte ahuyentaron a cientos de personas que buscaban llenar tambos de gasolina. En este momento, para no caer en hipótesis malignamente simplistas, no adelantaremos conclusiones algunas. Como dijimos ya, de la conducta delictiva se encargará el aparato de procuración de justicia. De su calidad moral se debe encargar Dios. Nosotras no somos ni el uno ni el otro.

De los que sí nos compete hablar es de la seguridad de los ductos. Ahí no se requiere ni entrar en investigaciones ministeriales ni tampoco en el confesionario. Basta con consultar algunas normas técnicas de seguridad industrial que le compete aplicar a Pemex y cuya vigilancia le corresponde a la Agencia Nacional de Seguridad Industrial y Protección al Ambiente del Sector Hidrocarburos. En nuestra cuarta entrada hicimos una introducción sumaria a esta agencia, cuyo sentido es importante pero cuya eficacia es dudosa y ahora más que nunca.

Mucho se ha dicho sobre cuestiones conductuales de los perpetradores del siniestro. Nada se ha mencionado siquiera sobre la crasa negligencia de seguridad industrial tanto de Pemex, el operador, como de la ASEA, el regulador. En primer lugar, los ductos no se mandan solos. Para construir, operar, mantener, cerrar y desmantelar estos tubos hay reglas que seguir. Estas normas antes las prescribía Pemex, hasta que en la Reforma Energética de 2013 pasaron a manos de la ASEA precisamente para que el primero no se mandara solo. El quid del asunto es si esta normatividad es lo suficiente adecuada para los ductos expuestos a riesgos extraordinarios como los que existen en México. Una cosa es un tubo en el sur de Texas y otra muy distinta es uno en el Triángulo Rojo. Un ingeniero gringo, canadiense, noruego dirán que un tubo es un tubo aquí y en China. Así que las normas técnicas deben ser las mismas. Pero cuando se trata de México, Colombia o Nigeria los tubos están expuestos a conductas humanas insospechadas e insospechables. Es difícil para los mexicanos ser comparados con los nigerianos. Dejemos los baños de pureza y pensemos en los casi 100 muertos de Tlahuelilpan.

La norma establece que, una vez hechos los análisis de riesgo -que no prevén el robo de combustibles- y la manifestación de impacto ambiental, la franja de seguridad del ducto debe minimizar la erosión del tubo y los daños al terreno. Esta disposición es para el mejor de los mundos posibles y no para Huachicolandia. El problema no es que nos falten reglas, es que nos sobran delincuentes y que no existe un aparato de procuración de justicia capaz de detenerlos. Lo que Energeeks se rehúsa a llamar Huachicoleo por sus connotaciones artesanales es en realidad una veta de negocio sumamente lucrativa del crimen organizado. De eso no ha hablado el señor presidente. En cambio, se ha limitado a señalar a funcionarios de Pemex en colusión con gobiernos “neoliberales” pero se le hace la boca chicharrón antes de mentar a los Zetas y al Cártel de Jalisco Nueva Generación.

No estamos proponiendo que la ASEA adopte en sus competencias la materia de seguridad pública y de combate a la delincuencia. Pero sí, que comience pero ya una reflexión sobre cómo la tecnología puede servir para combatir, no solo el robo de combustibles, sino también la inseguridad que causó la indescriptiblemente horrenda muerte de tantos mexicanos. Si la ASEA y Pemex no usan la inteligencia para desalentar estas conductas, la presencia de miríadas de personas armadas no podrán hacer nada.

Oportunidades son las que pasan mientras haces planes.

Feliz Año. ¿Será próspero? ¿Quién sabe? Si la riqueza de este país depende en gran parte de su industria energética tenemos de qué preocuparnos. El plan energético del gobierno de Andrés Manuel López Obrador es francamente regresivo, por no decir retrógrada. Es meter aceite nuevo en barriles viejos; es excavar en busca de fósiles; como los ancianos, no tiene dientes. Pareciera que el plan de este gobierno es no tener plan. Pero esto no es nada nuevo. En los sexenios pasados se decía que se emitían programas, planes y estrategias y tampoco pasaba nada. En México podríamos labrar en piedra la voluntad energética de cada gobierno y esperar nada de ello. Más han logrado las tablas de la ley, con los Diez Mandamientos, que recibió el profeta Moisés en el Sinaí. Nuestro primer mandamiento, entonces, debería ser “No escribirás nada que no puedas ejecutar”.

Los planes de AMLO para esta República Amorosa nos devuelven a lo que ha sido un largo vínculo monogámico con el Estado. Salvo el breve affaire con la libertad de mercado, que ha permitido la Reforma Energética, regresamos a casa para encontrarnos con nuestros cónyuges carilargos, aburridos, decrépitos y paupérrimos. Otra vez en la cama solo con CFE y Pemex. El solo pensarlo mata la pasión.

Si de taladros hablamos, de nuevo (o mas bien de viejo) nos espera la dupla entre Pemex y sus amigas empresas de servicios. El problema de este binomio no es únicamente el monopolio que se casa con un oligopolio ya muy conocido de prestadoras de servicios. El problema que sí es problema (haciendo paráfrasis de la sabiduría de nuestro filósofo guatemalteco) es que este binomio no sirve y que dejó de funcionar hace mucho tiempo. Con la combinación de un solo operador asistido por empresas de servicios encaramos una declinación brutal. Este punto es importante: no es la diversificación de operadores lo que ha causado que no encontremos, recuperemos y produzcamos más hidrocarburos. Al contrario, tenemos rendimientos decrecientes porque la diversificación aún es muy pequeña y no se nota. Podríamos hacer el experimento de dejar que la diversificación crezca por tan solo los 20 años siguientes durante el cual podríamos apostar a que en este tiempo habrá una curva ascendente en las reservas y en la producción. En cambio, si volvemos a lo que ya hicimos por casi 81 años es muy posible que sigamos en caída libre. Con una pluralidad de operadores en 20 años podríamos resarcir 81 años de agotamiento monogámico.

Sin embargo, el voto de confianza que AMLO le extiende a Pemex, a pesar de sus ínfimos resultados, no se lo da a empresas que han probado ser muy exitosas en otras latitudes. El presidente ya ha sentenciado que les dará tres años a los nuevos operadores para producir o perecer. Este término fatal es en lo sumo arbitrario porque no considera que algunos proyectos deben de fructificar en primavera cuando otros son otoñales. Un pozo en aguas someras como Zama I podrá estar listo para producir en meses. Mientras tanto, Exxon, según su contrato, iniciará las primeras perforaciones en aguas profundas este año, por lo cual si todo sale bien debemos esperar el beaujolais nouveau petrolero tal vez para fines de la segunda década de este segundo milenio. No es la misma la gestación de un gazapo que de un potrito. Cada una requiere de sus tiempos.

Por otra parte, cuando de la producción de Pemex se trata, el presidente le pide al pueblo bueno que le tenga paciencia pues aun, cuando se trate de campos que nuestra protegida empresa ya conoce bien, éstos podrían aumentar nuestra producción en los próximos tres a seis años. A ver: las empresas recién llegadas que perforarán lo ignoto de las aguas profundas tienen tres años para dar resultados; mientras que Pemex que debe conocer el subsuelo mexicano como ninguno merece la paciencia del pueblo. Esto es insolting and onaxeptabol cuando ya le tuvimos mucha paciencia a Pemex, el cual sin duda nos bañó de gloria pero ahora se encharca en el fango. El presidente se sigue refocilando en la Expropiación y en la Faja de Oro. ¿Y a Cantarell? Le deberíamos una mezquita, perdón una catedral, no menos, una basílica. Más que una guirnalda de oliva, las victorias de Pemex ya ameritan los Santos Oleos. Es fetichista aferrarse a un suceso geológico cuya vida útil perece.

Como exploradores parece que estamos perdidos, sin brújula. Como productores nos arrastramos en el desierto en busca del oasis perdido. Necesitamos compañeros de expedición para nuestras próximas aventuras petroleras. El matrimonio indisoluble entre Pemex y los mexicanos, por más que tuvo momentos de éxtasis está agotado.

¿Y tú que piensas? ¿Exageramos al decir que Pemex está agotado? Si no es así, ¿cómo revitalizarlo sin recurrir al viejo truco del estatismo?

Cuéntanos

De lo que debemos hablar cuando hablamos de Reguladores -ter

Esta vez Energeeks informa desde Costa Rica, tierra verde y volcánica, propia para hablar del órgano regulador de Seguridad Industrial y Protección al Ambiente. Y sí, esta vez le toca comentario al único órgano regulador no coordinado del Sector Energético: la Agencia Nacional de Seguridad Industrial y Protección al Ambiente, mejor conocido como ASEA, cuyas siglas revelan más un servicio de intendencia que una agencia de esta naturaleza.

Recordemos de donde viene la ASEA, antes ANSIPA, siglas más dignas y descriptivas de sus funciones. La creación de una agencia de seguridad industrial y protección al medio ambiente en México proviene de la reforma de 2013 en la que copiamos y pegamos la idea gringa de separar los reguladores de hidrocarburos (CNH y CRE) del regulador ambiental.  Tras el estallido de Macondo, el pozo que perforaba BP, que no el pueblo de García Márquez, los estadounidenses se percataron de que la fusión de la regulación económica con la ambiental, y de seguridad industrial, implicaba en sí un conflicto de interés. ¿La razón? Porque el regulador económico tiene como objeto la captación de los máximos ingresos al Estado mientras que el regulador de seguridad y protección al ambiente busca beneficios que no son en metálico. Digamos, pues, que al regulador económico le interesa jalar lana para el Estado, mientras que el otro regulador dice “no a expensas de la seguridad industrial y del medio ambiente.”

El reventón y derrame de Macondo, ocurrido en 2010, en el otro lado del Golfo de México, hizo evidente este conflicto de interés. En ese entonces, el Mineral Management Service era el único regulador de exploración y extracción costa afuera en los Estados Unidos.  Al hacerse el dictamen de esta tragedia, en la que se vertieron 4.9 millones de barriles de crudo, quedó claro que el regulador que busca la perforación ágil y agresiva de pozos no debe ser el mismo que vigila las mejores prácticas de seguridad industrial y protección al medio ambiente. Así, MMS fue desaparecido y en su lugar fueron creados BOEM (Bureau of Ocean Energy Management) y, por otra parte, el Bureau of Safety and Environmental Enforcement (BSEE), el segundo de los cuales está específicamente dedicado a la procuración de la seguridad industrial y protección del medio ambiente de las actividades extractivas de hidrocarburos costa afuera de jurisdicción federal.

Nuestra ASEA hace lo que BSEE y mucho más. En primer lugar, BSEE regula únicamente actividades extractivas, costa afuera y de jurisdicción federal. Recordemos que Estados Unidos es una federación en serio y que los estados tienen extensísimas facultades en estas materias por lo que BSEE ahí no mete ni la nariz. En cambio, en México, cuya energía es centralista a más no poder, concentró en ASEA todas las actividades de hidrocarburos y todas las competencias.  Es decir, la pobre ASEA vela por la seguridad industrial y protección ambiental de toda la cadena de valor de hidrocarburos, desde que el barril sale de la madre tierra hasta que es vertido en el tanque de nuestro automóvil. ASEA debe vigilar todo el proceso, desde que la molécula sale del pozo hasta que mueve el volante.

Los hacedores de políticas de organizaciones y políticas públicas les encanta diseñar agencias plenipotenciarias, como la ASEA, sin asignarles recursos –ni materiales, ni financieros, ni humanos. Uno hubiera pensado que, a partir de la reforma de 2013, la ASEA, entonces dignamente encabezada por Carlos de Régules, iba a recibir un ejército de especialistas y un presupuesto a la medida de su encargo. Pero no. La ASEA se echó a andar con un centenar de funcionarios algunos de los cuales, fuera de toda broma, iniciaron labores sin siquiera un escritorio. Parece que el gobierno de Peña no se tomó en serio lo que propuso al crear un órgano sumamente recargado de asuntos sin posibilidades de despacharlos a cabalidad. Tenemos una BSEE, con muchas más competencias, en versión Región 4.

Las posibilidades de que ASEA crezca y se fortalezca ahora en la república amorosa son dudosas en el mejor de los casos. En primer lugar, a AMLO no le gustan los órganos reguladores, aunque ASEA no goza de la autonomía de CNH y la CRE, y sigue siendo un órgano desconcentrado del la SEMARNAT.  Así que a la ASEA le asiste que está bajo la línea directa de mando del Presidente. Por otra parte, si éste último se toma la ASEA en serio, tendrá que invertir mucha lana en recursos materiales y humanos. Para vigilar la seguridad industrial y el medio ambiente de toda la cadena de valor de los hidrocarburos en todo el país, ASEA tendría que crecer como las habichuelas de Jack, en todos sentidos, y eso no es consistente con la austeridad republicana. Menos aún con los recortes en el presupuesto para medio ambiente de 2019.

O quizá la Secretaria del Medio Ambiente,   Josefa González Blanco Ortíz Mena, le prescriba a Luis Vera Morales, actual Director General de ASEA, que se asista de los Aluxes para cumplir con su encargo.

¿Te pareció interesante la ASEA? Opina sobre qué debemos hacer para mejorar la seguridad industrial y la protección al medio ambiente.

De lo que debemos hablar cuando hablamos de Reguladores -bis

¿Creer o no en la CRE? Esa es la cuestión. El nuevo gobierno ha apuntado con dedo flamígero al más viejo regulador de la energía en México: la Comisión Reguladora de Energía. Este valiente y ya no tan nuevo regulador fue creado hace 25 años. La CRE vino al mundo como un órgano consultivo de la Secretaría de Energía en 1993. Sin embargo, renació por medio de su ley propia en 1995 ya como un órgano regulador de ciertas actividades de gas natural y de menor grado del sector eléctrico. En la reforma de Calderón fue dotado además con facultades de regular actividades relacionadas con el transporte, almacenamiento y distribución de petrolíferos, petroquímicos y biocombustibles. Estas facultades no fueron ejercidas porque no había un mercado que regular. ¿Qué hace un regulador si no hay competencia? Como en el caso de la CNH que comentamos en nuestra segunda entrada la CRE tenía un solo regulado: el viejo, nunca suficientemente ensalzado, por algunos aborrecido, Petróleos Mexicanos.

A falta de competencia, la CRE realizó tareas importantes aun antes de la Reforma Energética. Gracias a ella tenemos el corredor eólico más grande de América Latina. Es decir, la CRE ha sido y aún es pionera en el otorgamiento de permisos para la generación eléctrica con energías renovables. También ha facilitado el tendido de ductos de gas natural para suministrar a la industria mexicana y también a CFE.

En la reforma de 2013, la CRE fue dotada con facultades que ahora sí correspondían a un ambiente de competencia. Esta reforma sí pretende construir además del mercado del gas natural uno de petrolíferos, petroquímicos y biocombustibles. Para rematar, la CRE recibió nuevas responsabilidades en materia eléctrica. No solo otorgaría los permisos eléctricos como antes, sino también participaría en el diseño de metodologías para el cálculo de las tarifas eléctricas. Esta vez la CRE tendría un festín de nuevas competencias y un tsunami de asuntos por atender. Si hay en México un regulador muy ocupado, la CRE merece mención honorífica.

Hoy la CRE encara una realidad difícil. Por el aumento en el precio de las gasolinas y las erráticas tarifas eléctricas la CRE se encuentra en el incómodo resquicio entre la espada y la pared. Algunos funcionarios del nuevo gobierno incluso la usan como punching bag. El recién nombrado director de la Comisión Federal de Electricidad, Manuel Bartlett, incluso la ha sentado en el banquillo de los acusados para hacer enjuiciada por el pueblo por el aumento en la gasolina y en la luz. Más aun, este es un juicio con presunción de culpabilidad. Sin debido proceso Bartlett ha guiado al público a condenar a la CRE por el hueco en el bolsillo de los mexicanos.

Esta no es la primera vez que la CRE sufre acusaciones y ataques de políticos y de otros grupos de interés. La CRE no tiene como propósito que los precios y tarifas sean invariablemente bajos, sino que sean congruentes con los costos y utilidades esperados de quienes prestan los servicios y suministran los bienes. De lo que se trata es que los mexicanos ganemos y las empresas obtengan lo razonable dentro de su actividad económica. De la CRE depende que las empresas no esquilmen, pero tampoco le regalen sus bienes y servicios a los mexicanos.

Suena justo ¿no?

Esto que suena fácil no lo es. La tarea de la CRE es muy compleja e ingrata. Cuando las empresas reguladas quieren subir precios y tarifas y la CRE no las deja éstas se tiran al piso y amenazan con quebrar o desinvertir. Esta es una práctica no solo de las empresas privadas sino también de Pemex, que se ha quejado hasta la náusea de como el regulador le impide ganar dinero. Pero, si la CRE autoriza un aumento de precios y tarifas, entonces los consumidores arman tremendas pataletas. Es entonces cuando la CRE es vista como la enemiga del pueblo y se ordena su dilapidación en plaza pública. Acto seguido los políticos salen a señalar a los culpables de la infelicidad de todos: el maldito regulador que nada sabe y que a todos amuela.

Cuando hablamos de reguladores no debemos buscar culpables. Hay que entender para qué sirven y para qué fueron creados. En el caso de la CRE, ésta fue creada para que las empresas que proveen electricidad, gas, petrolíferos, petroquímicos y biocombustibles no abusen de la indefensa banda que los necesita sin ser estos hermanitos de la caridad. México no puede ser un país próspero sin la inversión de empresas energéticas, pero tampoco podemos permitir que nos vean la cara. La CRE debe fomentar las condiciones para que esto suceda. Si lo ha logrado o no hasta el momento es otra historia. Los fracasos no son razón para desecharla ni sus méritos para garantizar su permanencia. Se le debe exigir una curva ascendente en su desempeño. Esto no será posible en un ambiente en el que las condiciones de gobernabilidad sean menos que propicias.

¿Sabías lo que hace la CRE? ¿Te parece relevante?

¿Por qué la mantendrías o cerrarías sus puertas?

Queremos conocer tu opinión.

De lo que debemos hablar cuando hablamos de Reguladores

Casi nadie sabe para qué sirve un regulador. Por qué deben existir.  A veces ni siquiera los mismos reguladores saben cuál es su verdadera función. Estamos en una coyuntura realmente apretada en lo que toca la situación de los reguladores energéticos en México. Por esta razón es importante la reflexión sobre su sentido y de ahí decidir si nos convienen o no. Ciertamente, nadie quiere tener ni mantener más burocracia de la estrictamente necesaria.

Recordemos un poco de cómo surgen estos órganos y para qué han servido. Comenzamos con el más joven, la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH). Ésta nació en el contexto de la Reforma Energética de 2008, cuando sin una razón clara, tanto el gobierno de Calderón como el Congreso decidieron que había que contar con un regulador técnico para la exploración y extracción de los hidrocarburos en México. En ese momento la creación de la CNH parecía un simple antojo político. Al no haber competidores para Pemex el contar con un regulador para un solo regulado parecía caprichoso. Y aun cuando la CNH podía expedir normas técnicas y emitir dictámenes y/u opiniones sobre distintas actividades extractivas de Pemex, no se entendía bien por qué eso no lo podía hacer la ya existente Dirección General de Extracción de Hidrocarburos de la SENER. No se veía el sentido de crear una institución paralela a esa dirección ni se entendían justificados los costos. Parecía que a Juan Carlos Zepeda, presidente de la CNH hasta hace unos días, le habían comprado un escritorio más caro pero no más útil.

Todos esperábamos que Zepeda estuviera a las órdenes de Georgina Kessel quien había asentido a la creación de la CNH pero de ninguna manera le hacía gracia que la CNH existiera como una instancia aparte de la SENER y que podría ser un contrapeso. El chasco fue cuando Zepeda se tomó en serio su trabajo y se salió del huacal de SENER. Por primera vez en la historia de Pemex la CNH osó contradecir sus reservas y su potencial productivo en Chicontepec. Nadie en esta historia le había metido una zancadilla al gigante egoísta llamado Pemex, que se irguió lastimado ante la inferencia del regulador de que mentía. Los medios cubrieron la noticia con asombro. Goliat había encontrado su David. Desde ese momento los mexicanos tuvimos un regulador de exploración y extracción de hidrocarburos cuyo costo económico y social valiera la pena.

La suerte de la CNH cambió radicalmente con la Reforma Energética de 2013, cuando a las facultades anteriores se le sumaron la licitación y administración de contratos petroleros para Pemex pero también para sus competidores. Así durante cinco años la CNH se ha encargado de organizar los concursos y de elegir a los operadores más aptos para la extracción de nuestros recursos. Ahora debe de administrar los contratos que ha otorgado. Una acción muy importante de la CNH ha sido internalizar y administrar la información geológica de nuestro subsuelo, de forma tal que Pemex ya no pueda usarla ni manipularla de forma anticompetitiva. La CNH ha abierto esa información en igualdad de condiciones a todos los competidores y con el desarrollo del mercado se espera que Pemex disminuya su poder monopólico sobre esa información. En poco tiempo la CNH ha hecho mucho con poco. En un ambiente de precios bajos del crudo adjudicó más de 100 contratos sin que estos últimos hayan sido perfectos. La imperfección contractual y los precios bajos pudieron haber resultado en licitaciones muy deslucidas. Sin embargo, la CNH se posicionó como un regulador respetado en el mundo que le mereció la confianza de los inversores.

Sísmica Golfo de México

Si nos quedamos sin un mercado de áreas de exploración y extracción de hidrocarburos tal vez ya no tenga mucho sentido tener un regulador. La pregunta es ¿Nos conviene quedarnos sin ese mercado? ¿Podemos volver a entronizar a Pemex como el único terrateniente petrolero en México? La vastedad de nuestra riqueza y las limitaciones de los recursos financieros y humanos de Pemex nos hacen pensar que no. México es un país demasiado grande y demasiado rico para ser operado por una sola empresa, sea del Estado o de cualquier otra persona. Nuestro potencial es importante. Agradezcamos que es así y hagámosle justicia, no a Pemex, sino a nuestro patrimonio natural. Al elegir quienes lo extraen. Esa es la función de CNH.

Este post continuará. En nuestra próxima entrada hablaremos sobre la Comisión Reguladora de Energía (CRE).

Queremos conocer sus opiniones. ¿Conocían la historia de CNH?

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