¡PEMEX AL BORDE DE UN CIBERATAQUE DE NERVIOS!

El elenco: Carmen Maura como Rocío Nahle; Antonio Banderas (embigotado)  como Octavio Romero Oropeza y, a falta de actores masculinos que puedan hacer un papel digno y bien fajado, Rossy de Palma, como Alejandro Gertz Manero.  Con la dirección, por supuesto, de Pedro Almodóvar que hace las veces del Peje, con el cabello un poco más aplacado.

¿Suena fársico? Lo es. También así parece el guión sobre el enigmático ciberataque que sufrió (o sufre aún) Pemex hace un poco más de una semana. Hasta la fecha del inicio del incidente se ve borrosa porque la información está fuera de foco. Energeeks ha tocado de puerta en puerta en pos de datos y análisis creíbles sobre lo que podría ser una alerta roja sobre la vulnerabilidad informática de Pemex pero no hay quién dé razón. Nos hemos acercado a periodistas, analistas, cibernautas y banda de Pemex. Al gobierno ni nos acercamos porque bien sabemos que nos darán, si acaso, un palmo de narices.

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Al contrario de los films de Almodóvar, en donde pequeñas cosas se vuelven melodramas, el ciberataque en Pemex encarna la minimización de lo que podría ser un desastre. Aquí se escuchan tan solo los tacones lejanos de Rocío Nahle quien, sin más, dijo que se trataba de un problema en los sistemas administrativos y que la infraestructura operativa no había sufrido ni la menor disrupción; que a partir de esta infección no habría afectación al suministro.  En franca contradicción, Amegas e Innova Pemex declararon que hubo una suspensión en el suministro de combustibles que fue remediada con los escasísimos inventarios para situaciones de urgencia.  Al parecer, porque nada de lo dicho aquí es seguro, el peligro ha sido afrontado y vencido, tal como lo hizo el  “Matador” de Almodóvar.

Por otra parte, circulan historias acerca de que la disfunción de los sistemas informáticos ha enloquecido las labores del personal administrativo. Una amiga cercana a las Energeeks, que ha batallado por décadas en la Torre Ejecutiva, nos dice que en su oficina hay un 80% de información encriptada, a la que no pueden acceder por el colapso que además se debe, no a un hackeo, sino al impago de licencias para el uso de los programas, en cumplimiento de la austeridad republicana. Si esto fuera cierto, el Director de Pemex, por haberse vuelto loco, tendría que rogar “Átame.”

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Para colmo, como seguramente ya saben, Darío Celis salió con la primicia de que se trata de un ataque interno para ocultar actos de corrupción pero también para esfumar los adeudos astronómicos a los proveedores. Celis arma toda una red delincuencial en la que participan Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón.

Así que, banda, vayan por otro bote multifamiliar de palomitas porque este es un largometraje cuyo final es incierto y posiblemente absurdo. Y, como en los viejos tiempos, hay permanencia voluntaria.

De tecnocracia a tuercacracia: la tiranía de los Inges

Nunca hemos considerado que una disciplina de conocimiento sea superior a otra. Los saberes no son competitivos sino complementarios. El sector energético es interdisciplinario por excelencia. Quien niegue o supedite la validez de una rama profesional lo hará por ignorancia y por soberbia. Ninguna combinación podría ser tan letal para una industria.

A lo largo de nuestra ya larga vida en el sector hemos escuchado muchas estulticias. Las que se llevan la palma y el cetro en esta administración son las consistentes en denigrar a ciertos tecnócratas por el origen de su casa de estudios. Había que purgar a la SENER, a la CNH y a la CRE de los economistas del ITAM o cualquier cosa que se pareciera a ello. Un caso ejemplar fue el de la purga del último de los tecnócratas. Casi tan vomitivo como el ITAM es el Tecnológico de Monterrey de donde viniera Don Carlos Urzúa. Este técnico le causó un coma diabético al sistema, como si el mismo Carlitos le hubiera inyectado FEMSA por las venas. Ahora la llave la tienen los ingenieros. Nada malo con eso. El problema es que varios de los ingenieros que hoy llevan la batuta no respetan a nadie que no sepa llenar una hoja de cálculo. En declaraciones de la Secretaria de Energía en una entrevista con Alejandro Cacho en el Heraldo TV, la ingeniera descalificó las críticas de varios expertos respecto de la viabilidad de la refinería porque “no somos refinadores”. Es verdad, muchos de los que hemos cuestionado la viabilidad de la nunca suficientemente denostada y sobradamente abominada refinería no somos refinadores. Somos financieros, economistas, abogados, actuarios, matemáticos y otras disciplinas para nada despreciables en su relevancia. No necesitamos haber estado dentro de una torre catalítica para saber cuando un proyecto podría funcionar en todas sus dimensiones. El que tiene en mano la llave de tuercas podrá apretarlas pues eso es lo que en su leal saber y entender le corresponde. Y repetimos: no criticamos a los del overol, botas y casco pero sí pedimos que se reconozca que, así como nosotros tenemos limitaciones en nuestro ámbito de conocimiento, lo mismo puede decirse de ellos. 

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Un ejemplo claro es la designación del maestro refinero en la Comisión Reguladora de Energía. Aplaudimos casi una centuria de su experiencia en la fábrica de refinados. Sin embargo, no se le ve trayectoria alguna en materia de políticas públicas y regulación. El sector ahora parece un mural de Diego Rivera en donde marchan los obreros con su overol, su casco y sus botitas.  Es la imagen de dictadura de la tuercacracia. Ahora bien, respecto de la misma Secretaria, que tanto alardea sus conocimientos técnicos, sus mismos colegas le han reprochado extrema ignorancia. La ingeniera Nahle lleva más tiempo aposentada en la tribuna, gritándole a las paredes, que produciendo un barril de nada. La Secretaria de Energía es formalmente una ingeniera pero materialmente una grilla, como lo decimos los despreciables abogados.

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El desprecio a los saberes es en extremo peligroso. Es más grave cuando este desprecio lo encarnan personas que descalifican sin los instrumentos más elementales para construir alternativas. Desde la tribuna los insultos y las descalificaciones son de lo que se vale una oposición ignorante para detener el progreso de un país. Pero un gobierno no existe para apretar las tuercas de la gente pensante. Eso es tiranía.