Te aviso, te anuncio, que hoy renuncio. Abur a Guillermo García Alcocer.

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Ya habíamos tomado prestado el título “Crónica de una muerte anunciada” al referirnos a los primeros avisos de la desaparición inminente de la Comisión Reguladora de Energía, que ahora presumimos consumada con la salida del Comisionado Presidente Guillermo García Alcocer.  En unos cuantos días Memo hará entrega honrosa de su encargo y al decir honrosa nos referimos al sentido más estricto de la palabra. Según su carta de renuncia dirigida a la opinión pública, Memo ha tomado la decisión de dejar su encargo por una incompatibilidad de visión sectorial con los cuatro nuevos miembros de la Comisión.

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Este hecho se encuentra fehacientemente plasmado en la transmisión de la sesión del órgano de gobierno de la CRE del 21 de mayo en donde, entre otros asuntos de menor trascendencia, el comisionado Celestinos hizo un par de afirmaciones muy curiosas relacionadas con su renuencia a sancionar a Pemex por prácticas anticompetitivas. Se votaba una resolución para sancionar a Pemex por darle un precio favorable a determinados adquirentes de gas lp, lo cual resulta una práctica discriminatoria respecto de otros compradores. En la sesión es más que notorio el temblor de la mano de un comisionado leal al monopolio, cosa que no podría ser más incongruente con su nuevo cargo. Por otra parte, el mismo comisionado Celestinos solicitó poder asistir a una serie de eventos y de mesas de trabajo destinadas a la construcción de la refinería en Dos Bocas, a petición de la señora Secretaria. Sobre esta encomienda vale mencionar, que no solo Celestino es incompetente como funcionario público para participar en estas mesas de trabajo, sino que también sufre de un tamañísimo conflicto de interés. Un regulador nada tiene que hacer en mesas de trabajo para apoyar un proyecto de un regulado, sea este propiedad del Estado o de alguien más.

Para efectos del modelo energético actual, en tanto éste no sea abrogado, es tan grande el conflicto de interés de un comisionado al asistir un proyecto de Pemex, como si apoyara alguno de cualquier particular. Para ser más claros, digamos que los comisionados de la CRE no tienen entre sus funciones la facultad, ni la obligación de apoyar la construcción de refinerías de nadie. Sean éstas de Pemex o incluso del alma resurrecta del mismo tata Lázaro Cárdenas.Toda vez que un comisionado debe ser imparcial, no puede apoyar la construcción de los proyectos de regulado alguno. En suma, ningún comisionado puede, ni debe apoyar, asesorar, mentorar, inaugurar, bautizar instalación alguna que pertenezca a un regulado.

A la postre de esta solicitud, el comisionado Celestino siguió profiriendo aberraciones. Lo más notable fue su postura hacia lo que lo que él considera, mal llamada, regulación asimétrica de Pemex. Independientemente de las apreciaciones subjetivas del comisionado la terminología de regulación asimétrica existe en la Ley y se aplica a Pemex, por aún ser un actor dominante en la industria. Si al comisionado Celestino no le gusta el término y menos le gusta la política de aplicar regulación asimétrica en un actor dominante, en tanto no se reformen las leyes, tendría que dejar el puesto pues debe actuar en consonancia con el marco jurídico vigente.

te aviso, te anuncio

Otro momento, singularmente grato, fue cuando la ahora comisionada Leticia Campos se pronunció a favor de darle a la CRE una “dimensión social”. Sin saber a ciencia cierta qué quiere decir Campos cuando expresa esta aspiración, los reguladores tienen la misión social de crear mercados competitivos y eficientes, no de dar limosnas y mucho menos subsidios. Si esto no lo entiende Campos, en lugar de trabajar en la Comisión Reguladora de Energía tendría que ser la comisionada fundadora de la Comisión Regaladora de Energía.

Esta sesión fue clausurada con parsimonia y elegancia por Guillermo García Alcocer. Sin embargo, no es preciso ser especialmente perceptivo para notar que a éste se le había trabado la mandíbula y encebollado el hígado. Es en ese momento, seguramente que Memo se dijo a si “de aquí yo no soy”. ¿Y quién lo culpa? Nosotras tampoco.

 

Del plato a Dos Bocas se cae la sopa: El affaire de la Rechinería en Tabasco

Odiamos afirmar: ¡Se los dijimos! Y no se los dijimos las Energeeks, sino la comunidad entera de analistas del sector. Es más, parecíamos coro de tragedia griega vaticinando la deserción del proceso licitatorio para la construcción de la mentada refinería de Dos Bocas. Dijimos incansablemente que 8 mil millones de dólares NO serían insuficientes para una obra así de faraónica. Mal gastamos la saliva al repetir, hasta la náusea, que tres años no alcanzarían para la terminación de este monumento a la necedad. Todo esto sin considerar que el proyecto no tiene o carece de cualquier justificación económica fuera de la presunción infundada de que este presidente sí podrá bajar el precio de la gasolina.

No bastaron el sinnúmero de advertencias que hicieron analistas nacionales y del resto de la orbe. Tuvieron que ser las mismas empresas convocadas a la licitación, las que le hicieran el feo a la invitación del gobierno a construir una refinería por ese monto y dentro de ese plazo. Con un plumazo rechazaron las pretensiones del presidente de que dicho armatoste podía construirse en tan poco tiempo y por tan poco. Las empresas que tanto cacarearon Andrés Manuel y Rocío, les voltearon la espalda con sus propuestas económicas. La empresa KBR fue la más modesta al pedir aproximadamente 10 mil millones de dólares. Mientras que la más cara fue la de Worley Parsons con aproximadamente 12 mil millones. La empresa Technip de plano nos dio las gracias y declinó participar. En suma hubo unanimidad en que no había disposición para hacerlo por el monto y dentro de los tiempos establecidos por el gobierno en la bases de licitación. En lenguaje vernáculo, que por cierto le place usar al presidente, ¡todas nuestras invitadas nos pintaron mocos!

La pintada de mocos en sí no fue sorprendente. Acaso lo fue la nunca suficientemente criticada y por muchos denostada necedad del presidente. Si sobre el sexenio pasado The Economist se hizo célebre por su inolvidable frase “No entienden que no entienden”, de este gobierno podría decirse que no entienden, que no entienden, ni quieren entender que no entienden nada. No se trata de necedad pura con capacidad intelictiva. Estos changos no entienden porque no pueden y porque no les sube el agua al tinaco, anunciaron que la obra la harían Pemex y SENER y ahí sí a todos nos dejaron con la boca abierta que, con este calor, se nos llenó de moscas al grado de que no nos salían las palabras para comentar semejante insensatez. Durante los últimos 50 años Pemex ha subcontratado toda su ingeniería, procura y construcción. Esto en sí no es malo. Todas las grandes empresas petroleras no se dedican ni a la ingeniería, ni a la procura, ni a la construcción de sus propias refinerías porque simplemente no es su línea de negocio. Otra cosa es que Pemex lo ha hecho sin hacerlo bien. En el último medio siglo Pemex se ha convertido no solo en un administrador de sus propios contratos, sino un mal administrador de los mismos, de ahí que muchas de nuestras relaciones contractuales se compliquen y terminemos agarrados de las meras greñas con las empresas contratistas. Pemex ni siquiera es un buen administrador de contratos, mucho menos ha demostrado ser una empresa que gestione y además realice obras altamente complejas.

A esta observación respondió todo un coro de ingenieros indignados. ¡Que cómo nos atrevíamos a negar el talento mexicano! Que si no sabemos que Pemex ha construído ya seis refinerías. ¡Que cómo nos atrevemos a despreciar el llamado a la sangre del presidente y de la secretaria de energía!

Pues no fuimos los archimentados neoliberales y conservadores los únicos en despreciar el talento nacional. Hace un par de días la Secretaria Nahle dijo de viva voz que ni el presidente, ni ella habían delegado esta tarea a Pemex y a la Secretaría de Energía; que estos dos solo “se encargarían de la coordinación del proyecto”, en otras palabras el gobierno tendrá que contratar la ingeniería, procura y construcción de la refinería. ¿Por cuánto? ¿Para cuándo? Continuará.