Pipas y flautas. ¿Cómo mover la gasolina en México?

Tras largos días de ley seca, en los que sedientos nos arrastrábamos a las gasolineras como un esperanzador oasis, ya estamos al día en nuestros combustibles. Todo indica que, en menos de lo que llegaban las pipas, ganamos la guerra contra el robo de combustible. En toda la historia del país no se ha visto una victoria más expedita contra la delincuencia organizada y sus secuaces. Ya ni el mismo presidente ha vuelto a tocar el tema y menos tras la lastimosa chamuscada en Hidalgo.

La secuela de esta crisis, que ni crisis fue, es una compra grande y algo impulsiva de carrotanques para el traslado de estos hidrocarburos. En una compra compulsiva de pipas, la Secretaria de Economía, la de la Función Pública y la Oficial Mayor de la Secretaría de Hacienda cargaron a la cuenta del país 707 cabalísticas pipas. Tres mujeres y un camino.

Lo que no es claro es si ésta es la ruta más corta y eficiente para el consumo de la gasolina de los mexicanos. Menos evidente es aun si rodar la gasolina es más seguro tanto en lo industrial, lo ambiental, como de suministro. Analicemos por qué.

Primera pregunta: ¿qué sale más barato? ¿Por ruedas o por tubo? Información hecha pública por la Comisión Reguladora de Energía muestra que el transporte de gasolina por carrotanque es 14 veces más caro que hacerlo por ducto. Esto se debe a que la aparente facilidad de verter la gasolina en una pipa y lanzarla a rodar es bastante más cara que toda la construcción, instalación y mantenimiento de un ducto. La inversión inicial de la pipa claramente es menor pero también su durabilidad. Una pipa pierde valor apenas sale del garaje de agencia, mientras que un tubo tarda más en depreciarse. Cuando la minusvalía de un ducto apenas inicia, una pipa ya cursó su vida útil. Cuando de seguridad ambiental se trata, no se necesita un doctorado en física cuántica para inferir que una pipa tiene más emisiones que un ducto que por lo general corren bajo tierra. Tampoco un ducto es una bomba rodante que carga de 20,000 a 40,000 litros de la inflamable sustancia. Y cuando de robar se trata, no se requiere de mayor pericia para asaltar una pipa cuando la perforación de un ducto precisa de mayores competencias. La tragedia de Hidalgo demuestra que no cualquiera puede picar un tubo sin salir gravemente y/o fatalmente chamuscado. Por último en orden mas no en importancia está el tema del impacto en la movilidad. El tránsito de transporte pesado causa desgaste de los caminos y congestiones. Para aquilatar el tamaño de este impacto tendríamos que conocer las rutas de las pipas las cuales no se han informado.

Cuento aparte son los titulares del negocio de transporte terrestre de combustibles. En México se conocen familias ligadas o parte de los grupos políticos que por una millonada le han prestado este “servicio” a Pemex. En la galería de la infamia tienen la sala central Carlos Hank Rohn, Javier Cantú Barragán, Gudelio y Gustavo Cavazos Marroquín, el mismo ex Director de Refinación Juan Bueno Torio y la inolvidable familia Mouriño. Estos grupos controlan un total de 1,483 empresas según datos de la Comisión Reguladora de Energía cuyo padrón de pipas no es público. Habría que ver qué tan completo es para tener una mejor idea de su monitoreo. Como sea, hay muchas historias corroboradas y no, pero todas impunes, de las rutas inexistentes de las pipas que pagó Pemex. En otras palabras, hay transporte que se pagó pero que nunca partió. No es del todo entendible que un presidente que ha tomado la pancarta del combate a la corrupción emprenda la cruzada de las pipas.

En los últimos días el presidente convocó a concurso las plazas para los conductores de las pipas cuyos resultados son difíciles de evaluar porque las cifras de solicitudes, exámenes, aprobados y pendientes de evaluar no cuadran. El número que se antoja gracioso corresponde a los solicitantes que no han tramitado su licencia. Una energeek lleva más de un año con la licencia vencida pero se ampara en el hecho de que no transporta materiales peligrosos. Esto nos lleva a que no cualquiera es apto para transportar gasolina y nos preguntamos si se trata de un ejercicio riguroso de selección y no una caza de clientelas. Si lo último es verdad, las consecuencias de la ineptitud de los choferes podrían ser fatales. Si la contratación de personal poco capacitado es el caso, bien podría caber el dicho “el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”.

Apagamos el fuego con gasolina. Sobre lo poco que sabemos de Seguridad Industrial.

Acabamos de presenciar un holocausto, si entendemos por éste el sacrificio de una víctima al ser quemada en vida. Lo sucedido en Hidalgo no es menos que eso, así se trate de personas que, por robar combustible, fueron calcinadas. A Energeeks no nos interesa asumir el papel de jueces y dictar sentencias sumarias sobre su presunta culpabilidad o de sus yerros morales. Que de eso se encargue el poder judicial o, en su caso, el sacerdocio. Las Energeeks somos técnicas y a eso nos dedicamos. Tuberas a nuestros tubos.

El tema aquí es cómo es posible que, en primer lugar, sea tan fácil perforar una tubería de forma tal que los combustibles salgan como aguas brotantes. Por otra parte, parece inverosímil – aunque no lo sea- que la gente vaya hacia la fuga en lugar de huir de ella. Ante tal incidente, el instinto más elemental de supervivencia dictaría salir por piernas de ese lugar. Ante el riesgo de una muerte semejante, tan solo el instinto de fuga debería ser suficiente para poner pies en polvorosa.

Pero ni los militares, ni la fuerza pública, ni el riesgo de muerte ahuyentaron a cientos de personas que buscaban llenar tambos de gasolina. En este momento, para no caer en hipótesis malignamente simplistas, no adelantaremos conclusiones algunas. Como dijimos ya, de la conducta delictiva se encargará el aparato de procuración de justicia. De su calidad moral se debe encargar Dios. Nosotras no somos ni el uno ni el otro.

De los que sí nos compete hablar es de la seguridad de los ductos. Ahí no se requiere ni entrar en investigaciones ministeriales ni tampoco en el confesionario. Basta con consultar algunas normas técnicas de seguridad industrial que le compete aplicar a Pemex y cuya vigilancia le corresponde a la Agencia Nacional de Seguridad Industrial y Protección al Ambiente del Sector Hidrocarburos. En nuestra cuarta entrada hicimos una introducción sumaria a esta agencia, cuyo sentido es importante pero cuya eficacia es dudosa y ahora más que nunca.

Mucho se ha dicho sobre cuestiones conductuales de los perpetradores del siniestro. Nada se ha mencionado siquiera sobre la crasa negligencia de seguridad industrial tanto de Pemex, el operador, como de la ASEA, el regulador. En primer lugar, los ductos no se mandan solos. Para construir, operar, mantener, cerrar y desmantelar estos tubos hay reglas que seguir. Estas normas antes las prescribía Pemex, hasta que en la Reforma Energética de 2013 pasaron a manos de la ASEA precisamente para que el primero no se mandara solo. El quid del asunto es si esta normatividad es lo suficiente adecuada para los ductos expuestos a riesgos extraordinarios como los que existen en México. Una cosa es un tubo en el sur de Texas y otra muy distinta es uno en el Triángulo Rojo. Un ingeniero gringo, canadiense, noruego dirán que un tubo es un tubo aquí y en China. Así que las normas técnicas deben ser las mismas. Pero cuando se trata de México, Colombia o Nigeria los tubos están expuestos a conductas humanas insospechadas e insospechables. Es difícil para los mexicanos ser comparados con los nigerianos. Dejemos los baños de pureza y pensemos en los casi 100 muertos de Tlahuelilpan.

La norma establece que, una vez hechos los análisis de riesgo -que no prevén el robo de combustibles- y la manifestación de impacto ambiental, la franja de seguridad del ducto debe minimizar la erosión del tubo y los daños al terreno. Esta disposición es para el mejor de los mundos posibles y no para Huachicolandia. El problema no es que nos falten reglas, es que nos sobran delincuentes y que no existe un aparato de procuración de justicia capaz de detenerlos. Lo que Energeeks se rehúsa a llamar Huachicoleo por sus connotaciones artesanales es en realidad una veta de negocio sumamente lucrativa del crimen organizado. De eso no ha hablado el señor presidente. En cambio, se ha limitado a señalar a funcionarios de Pemex en colusión con gobiernos “neoliberales” pero se le hace la boca chicharrón antes de mentar a los Zetas y al Cártel de Jalisco Nueva Generación.

No estamos proponiendo que la ASEA adopte en sus competencias la materia de seguridad pública y de combate a la delincuencia. Pero sí, que comience pero ya una reflexión sobre cómo la tecnología puede servir para combatir, no solo el robo de combustibles, sino también la inseguridad que causó la indescriptiblemente horrenda muerte de tantos mexicanos. Si la ASEA y Pemex no usan la inteligencia para desalentar estas conductas, la presencia de miríadas de personas armadas no podrán hacer nada.

Entre crudos y refinados. ¿Qué pasa con la gasolina?

En Energeeks tenemos un debate, tan explosivo como la gasolina, sobre los motivos y fines de la estrategia del presidente López Obrador en su guerra contra el huachicol. Una Energeek, la refifinada, insiste en que se trata de una estrategia deliberada y fríamente calculada en contra del mercado. Con el pico de demanda decembrino la presencia multiplicada de actores ajenos a Pemex se justificaría más que nunca. Para atender el transporte necesario para nuestras vacaciones y vagancias, nuestras comidas y cenas pantagruélicas y para la cantidad de chácharas y chuchulucos que nos solemos intercambiar, esta vez sin duda Pemex no lo podría hacer solo. En cambio, si en todo caso íbamos a tener satisfecha nuestra sed de hidrocarburos, sería con los particulares como suministradores alternos de Pemex. Para esta Energeek cerrar los ductos es un golpe deliberado y certero a la apertura. Ninguna empresa va a tolerar que de forma imprevista y unilateral le cierren las compuertas que le permiten suministrar su combustible.

Nel dice la Energeek cruda. El presidente tendría que ser todo un personaje maquiavélico para urdir semejante estratagema antiliberal. A los ojos de esta Energeek es incluso dudoso que el presidente haya cerrado los ductos. Como ella no los opera, ni tiene vista de Rayos X, ni telescópica, para realmente ver si hay cierres, líquidos en los tubos, o militares y marinos en su resguardo, no puede firmar ni cumplir la promesa de que efectivamente hay ductos cerrados. A su juicio -por demencial que parezca- al presidente López Obrador lo agarraron con los dedos en la puerta cuando se alcanzó el pico de demanda, no pudo por desorden o imprevisión satisfacerla y decidió armar la epopeya del combate al robo de combustible.



¿Quién tiene razón? Para la razón se necesitan pruebas -dice la cruda- y datos -dice la refifinada-. Pero alas, ninguna de las dos Energeeks los tiene. Tampoco los tiene nadie fuera del presidente y su círculo más cercano de colaboradores. Así que para fines prácticos todos los mexicanos estamos en el hoyo y ciegos como topos.

Así, sin saber a ciencia cierta qué está pasando y cuánto durará nuestro dolor, hay cosas en las que las Energeeks están de acuerdo. La primera y más importante es que el desabasto o escasez o como quieran llamarlo no obedece a una lucha corajuda contra el robo de combustibles. Esta ha sido la heroica justificación del presidente de que no hay gasolina. Si la gasolina está en los ductos cerrados o no ha entrado a los ductos vacíos, eso solo lo sabe él y su gente. Tampoco creemos que haya cometido la estupidez supina de dar por terminados contratos de importación. ¿Con qué iba a sustituir las importaciones? ¿Con la producción de la Refinería de Dos Bocas, cuando ni una boca tiene? No pensamos al presidente capaz de semejante calamidad.

Sea un golpe calculado a la Reforma, o una novatada, o incluso de un improbable golpe a la delincuencia, las consecuencias son las mismas: un altísimo costo social de magnitudes incalculables como lo es también la duración de la crisis. Si el presidente mismo no sabe cuándo se va a cansar -el ganso- menos lo sabemos los mortales. Todo transporte requiere combustible. Eso quiere decir que al no haber combustible, habrá menos transporte de todo y este se encarecerá. Tenemos noticias de que parte importante de este combustible lo contienen 25 barcos que aguardan -muy costosamente- en los puertos de Tuxpan y Pajaritos deseosos de inyectar su carga a nuestros ductos. Pero no pueden. Eso implica multimillonarias penalizaciones que tendremos que pagar por su “amable” paciencia mientras el presidente decide cuándo pueden descargar.

Barcos esperando descargar

Otro tema interesante es en qué responsabilidades cae Pemex por no suministrar a las estaciones de servicio o a las distribuidoras de las nuevas marcas, quienes hasta ahora no han dicho ni “esta boca es mía”. ¿Pemex podrá argumentar fuerza mayor? Después de todo una orden del presidente de detener el suministro del mismo es un acto al que ninguna empresa puede resistir. Hasta ahora sabemos que solo Mobil y Arco se mandan solas porque decidieron no depender de Pemex. Puede haber otras pero, como sea son un puñado nada más.

Hay poca información. La que hay es equívoca y confusa. Las afirmaciones contundentes, o un reclamo a la verdad absoluta, son a nuestro juicio, irresponsables. Lo que hay muchos y muy buenos son los memes. En eso pecamos de exceso. Así somos los mexicanos.

¿Qué creen ustedes?

  1. ¿Es la guerra contra el robo de combustibles?
  2. ¿Es un golpe al mercado?
  3. ¿Es una novatada?
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