Ladrón que roba a ladrón tiene más margen que perdón. ¿Quién gana con la gasolina?

Así como el dedito sirve para nombrar, también el dedito sirve para culpar. En las últimas semanas la magia presidencial hizo de bobos, comisionados y de gasolineros, ladrones. Tanto los nombramientos como las acusaciones son igualmente irresponsables. En la entrada pasada hablamos de los primeros. Toca ahora hablar de los últimos.

Antes de decidir quien realmente se lleva nuestro queso, es honesto confesar que en realidad es imposible saberlo. La información accesible no permite determinar a ciencia cierta si son los gasolineros las ratas que se llevan el queso o si son los piperos. Para eso, tendríamos que saber no únicamente el precio al que Pemex le vende el combustible al distribuidor, sino también el costo de transporte de la última milla, en la mayoría de los casos prestado por el primero. Es decir, después de que el distribuidor le paga a Pemex el elixir petrolífero, aún tiene que pagar el costo de llevarlo a la gasolinera donde, además de gasolina, te surtirán sendos corajes como consumidor.

Aquí el punto es que el presidente, al señalar el diferencial entre el precio de venta de Pemex al gasolinero y el precio final de la gasolina al usuario, omitió que hay de por medio un precio a pagar por el transporte, que es el negocio del pipero. Si hay un diferencial, entre 4 y 5 pesos, de lo que paga por la gasolina y el precio al que la vende, no sabemos cuántos pesos de esos 4 o 5 se lleva el pipero o el gasolinero. ¿Parece trabalenguas? Lo es. Para saber cuánto realmente se lleva cada quien, habría que también calcular cuánto de eso se lleva papá gobierno. A partir del estímulo fiscal aplicado por nuestro dadivoso presidente se restó 1.50 pesos por cada litro de gasolina magna y para la premium de 70 centavos. Esto quiere decir que prácticamente se mocharon con todo el IEPS dentro del precio de la gasolina para que éste bajara. Sin embargo este se mantuvo arriba. Es por esta razón que el presidente se enchiló. ¿Cómo es posible que al quitar en su totalidad un impuesto el precio no baje? Si no es el gobierno, ¿quién se está llevando nuestro queso? Y resulta que es cómodo decir que los gasolineros, en particular los privados y los extranjeros, huelen feo.

No saldremos a defender a los gasolineros porque les sobran garras para hacerlo solitos. Empero, es lícito señalar a otros apestosos. Los piperos de la última milla han tenido un negocio espléndido en el mercado del expendio al menudeo de gasolinas. Los piperos son de chile, mole y pozole. Son particulares, pero también hay de Pemex. Además el manejo del negocio de las pipas de Pemex lo tiene el archimentado y nunca suficientemente aborrecido liderazgo sindical de Petróleos Mexicanos, cuyo lucro es tan viscoso como el más pesado de los crudos mexicanos. Como vemos, el negocio de la gasolina en México huele a ratatouille.

Moraleja: todos podemos robar.

¡Trágame tierra! Pemex truena.

Como en las películas chafas de desastres de los años 80, Pemex parece un infierno en la torre ejecutiva. Ahí en un resquicio del piso 45 anda Octavio Romero, pequeño y asustado como un ratón por los tronidos que han dado las calificadoras al desempeño de Pemex. En México el presidente goza de una aceptación inusitada. Los mercados internacionales no comparten el entusiasmo de la banda AMLOVER – ni siquiera por su letanía de buenas y sanas intenciones- . Es más, cada vez que Andrés dice algo que anima al pueblo las calificadoras -como Fitch, Moody’s y Standard & Poor’s- rugen embravecidas y nos sacan del salón. Cada vez nos va peor en sus evaluaciones.

Andrés tiene razón  al decir que no todo lo que brilla es oro. El desempeño probo del gobierno y sus empresas deben tener algún valor. El desatino de este juicio radica en no ver quién hace la valuación y por qué. Estas calificadoras se dedican a ponderar la capacidad de cumplimiento crediticio de los agentes económicos, para ello se fijan en la solvencia de estos agentes para cumplir sus compromisos financieros. Ser pobre pero honrado no amerita una buena calificación crediticia por parte de ellas. Y para peor de males Pemex hoy es cada vez más pobre pero no más honrado.

No es la primera vez que Pemex truena y se va a segunda vuelta e incluso extraordinario. Aunque Pemex empezó 2013 con un aumento  en su calificación (BBB+ y A-) el burro de Lozoya no hizo bien su tarea y con él bajó a BBB-. Lo cual no es palmariamente reprobatorio pero comienza a ser mediocre. Todo buen matado hubiera apelado la calificación ante su profesor. Tal vez alegaría “que estudió mucho” y que no entiende su calificación. A eso correspondería una respuesta como “¿Qué parte del 5 no entendiste? Los palitos o la bolita”. Así como en un examen no son de primera importancia los desvelos ni los esfuerzos del evaluado, una calificadora no se tienta el corazón porque un agente económico tenga calidad moral. Lo que está en juego es si puede pagar lo que debe o no. Las calificadoras no son hipócritas. Simplemente no viven en el confesionario ni se encargan de la rectitud espiritual de los que piden dinero del público.

Para salir bien en los exámenes de las calificadoras rapaces no importa si Pemex es bueno o malo; importa si es buen o mal pagador. ¿Qué haría que Pemex fuera solvente? Buenos negocios. ¿Qué podría ser un buen negocio? Lo que más utilidades deja. ¿Qué deja más dinero en la industria petrolera? Bajo ciertas condiciones la exploración, la producción y la consecuente comercialización del petróleo crudo. ¿Qué es lo que menos deja en esta industria? Bajo toda circunstancia la refinación, la cual es considerada como un mal necesario para la transformación del petróleo crudo para productos petrolíferos de uso final. Todas las cochinadas que consumimos deben pasar por la ardua etapa de la transformación industrial antes de llegar a nuestras manos pero eso no quiere decir que la refinación en sí sea rentable. Para ser claras es como si horneamos un pastel. La actividad de cocción no es rentable, lo que es rentable es la venta del pastel con todas las confecciones que se le ocurran al repostero.

Andrés quiere un horno nuevo. Y quiere un gran horno. Y no solo quiere un gran horno, sino uno para hacer pasteles baratos que gusten al pueblo. O sea, quiere gastar mucho para vender barato. ¿Dónde está la ganancia? Esta pregunta tan simple es la que se hacen las calificadoras. No ven por qué alguien usaría el dinero de los demás para perderlo. Esa es la obligación de estas agencias. Si Andrés les chilla y les explica que tiene que producir gasolina barata porque el pueblo de México no tiene pan, Fitch, Moody’s o S&P le dirán como Maria Antonieta, en defensa de los derechos de los acreedores de Pemex, “que coman pastel”.

Corrupción o Mercados. El falso dilema.

¡Todo es culpa de los neoliberales! Cada vez que Pemex vuelve a pasar de panzaso las evaluaciones de las calificadoras es culpa de las deformaciones causadas por los tecnócratas de lente de pasta, pelo engominado para atrás y del ITAM. Esas ratas de Río Hondo merecen la pena de muerte por haber hecho de nuestros titanes energéticos unas piltrafas. Fueron ellas las que entregaron el patrimonio nacional a cambio de un plato de lentejas muy vil. En el mercado energético abierto en México los que resultaron ganones fueron las empresas que se sirvieron petróleo, gas y electricidad con la cuchara grande.

Corrupción o mercado ¿cuál elegir? Es como si los mercados tuvieran implícitos la corrupción, el abuso y el desfalco y que para librarnos de la primera fuera por fuerza necesario recurrir al Estado como el mejor propietario y empresario de nuestros bienes energéticos. Nada es menos plausible y pocas cosas son más falsas. Muy poco ha hecho el Estado Mexicano por combatir la corrupción y menos cuando se trata de la industria energética. Las dolencias de Pemex y CFE pueden atribuirse a gobiernos estatistas como el de López Obrador. Se parecen más ciertas políticas públicas de AMLO a las de Tatcher y Reagan que las que tuvieran Peña, Calderón, Fox, Zedillo y Salinas. La ironía es que nuestro presidente en turno se parece más a quien critica y menos a quien elogia. Fueron Reagan y Tatcher los que en su momento propusieron un Estado mínimo, despidos de burócratas y recortes sustanciales a los programas de asistencia social. Andrés incluso le ha dado la espalda a las organizaciones no gubernamentales cuyos miembros lo apoyaron en su campaña y votaron él y su partido. Imaginamos que muchos de ellos se estarán repitiendo ¿WTF?

Que no nos digan, que no nos cuenten. Los gobiernos que Andrés llama neoliberales han estado muy lejos de serlo. Ningún neoliberal que se precie de serlo hubiera permitido que fuera el Estado y no el mercado el propietario y empresario de los medios de producción de los energéticos. En palabras menos mamonas, Milton Friedman se estará revolcando en su tumba por haber sido comparado con Peña o Fox por haber una brecha inconmensurable entre los coeficientes intelectuales entre el del primero y los de los últimos. Para constatarlo basta observar la conferencia intitulada política energética del gran flaco Friedman donde dice que el dilema no está entre elegir el mercado y la corrupción, sino entre el mercado político y el mercado económico. Friedman, como buen judío liberal, primero se hubiera rasgado las vestiduras antes de enterrar a Pemex y CFE en la sepultura del Estado. Sin saber lo que podría opinar imaginamos que Milton nunca hubiera accedido a tener una gobernanza dictada por burócratas y el sindicato como la de Pemex y la de CFE. Esa gobernanza es para un mercado político y no para uno de bienes y servicios.

Ahora bien, si de corrupción hablamos no existe la reducción hasta el absurdo que hace el presidente entre el neoliberalismo y la misma. Los neoliberales amamos la competencia y las eficiencias que pueden dimanar de la libertad de mercado y la corrupción restringe esta libertad. En ese sentido la actuación de todos los gobiernos de los presidentes que hemos mencionado han distado de ser liberales, neoliberales o cualquier cosa que se les parezca. Ofende que a Peña le llamen un neoliberal, cuando pocos presidentes han promovido como él, el detestado y nunca suficientemente denostado “Capitalismo de los Cuates”. Ha sido este círculo de amigochos el que se ha llevado contratos suculentos con Pemex y CFE. Muy lejos de una auténtica dinámica de libre mercado. El conservadurismo de los círculos de poder en México ha sido antagónico a la multiplicación y diversificación de los actores en el sector energético. No podría haber una tendencia menos neoliberal que ésta.

Tal vez para el presidente ser neoliberal es ser corrupto. Se equivoca. El neoliberalismo es una ideología política y económica que requiere de mucho estudio para ser asumida. Ser corrupto no es otra cosa que una conducta inescrupulosamente egoísta. Nada que ver una costra con osa.

El oso es del presidente que, cuando pretende ganarse un espacio en el mercado político culpa a una élite política a la que él mismo ha pertenecido. Todos los gobiernos de México se han preocupado más por vender en el mercado político que en impulsar un mercado eficiente de bienes y servicios energéticos. La razón es muy sencilla: el mercado político sujeta a los individuos a la voluntad estatal, mientras que el mercado económico puede ser un contrapeso al poder estatal.

¿Cuál prefieres?

A 10 días de los 100 días. El “NO” del sector energético.

Tal vez sea este el sexenio más largo y cruel para el sector energético. Después de un gobierno que le dijo “SÍ” a todo, incluyendo la corrupción y la ingobernabilidad, tenemos ahora uno que sostiene una tendencia negativa: No hay gasolina, No hay licitaciones, No hay subastas, No hay plan para Pemex y aún no hay comisionados. El tren se descarriló tan rápidamente como arrancó y ahora solo queda el tren Maya y el tren del mame. En lugar de proyectos y de oportunidades tenemos señalamientos, acusaciones y promesas de que desaparecerá la ilegalidad y la inmoralidad en lo que fue un bastión de infamia neoliberal.

Hagamos un recuento de lo más relevante hasta ahora. Iniciamos la Cuarta Transformación con la cancelación de las licitaciones 3.2 y 3.3 de la CNH en el entendido de que no habría más contratos que otorgar en tanto los vigentes no lleguen a producir. NO más contratos por el momento. Luego tuvimos un año nuevo poco próspero por el desabasto de gasolina. También se nos dijo “NO habrá gasolina hasta que se detenga el robo de combustible”. De nuevo hubo una negativa hasta que sobreviniera un resultado positivo. Acto seguido se anunció la suspensión de las subastas eléctricas pues CFE ya NO puede continuar contratando generación de terceros cuando tiene sus propias centrales. Por lo tanto ya NO habrá fuentes de generación con energías renovables porque están en desuso las plantas que usan carbón y combustóleo. Otra vez se cambió de rumbo hacia un destino al menos incierto.

Unos que se han negado categóricamente a montarse en este tren han sido los comisionados de los reguladores que ni lentos ni perezosos abandonaron su cargo. Incluso antes de que tomara la silla Andrés Manuel López Obrador, Juan Carlos Zepeda anunció que dejaba la suya en CNH y pocos días después Héctor Acosta también cedió la suya. De la CRE salió por patas Neus Peniche seguida por Marcelino Madrigal y Montserrat Ramiro. Peniche fue capturada por la SENER como “enlace” entre la dependencia y los reguladores. Que una comisionada acceda a un encargo como subordinada de la Secretaria solo habla de la depreciación del título. En los últimos días supimos que renuncia Gaspar Franco de CNH. ¿Cómo se llamó la película? Comisionados en fuga.

Ya NO tendremos comisionados por algún tiempo y quién sabe por cuánto más tendremos comisiones. Es previsible que no sea por mucho porque ya NO habrá mercado.

Mientras había desbandada de comisionados, Bartlett anunció que ya NO habría abusos en contra de CFE por lo que ésta ya NO pagaría las contraprestaciones de los contratos leoninos celebrados con los transportistas. Al decirlo le dio por mencionar a una sarta de presuntos saqueadores de la patria, que alguna vez se desempeñaron como funcionarios públicos, pero que ya NO lo son. Algunos desde hace 25 años. Don Manuel lanzó acusaciones que podría haber hecho en el pasado; en un tiempo que ya NO es.

Otro que fue zarandeado en el oleaje de nuestra corriente moral fue Guillermo García Alcocer quien, sorprendentemente, SÍ aún es presidente de la CRE. Este invicto ha sorteado imputaciones gravísimas, incluso de lavado de dinero por ser él un pariente lejano de un sujeto cuya identidad desconocemos pero sabemos que NO es Guillermo García Alcocer. Los asesores legales del presidente deben prevenirlo de que uno NO paga por las conductas ajenas. Hay que perseguir a quienes cometen los delitos y a los que NO pos NO.

¿NO?

Lo que NO queda claro es el SÍ del presidente en lo que se refiere al Sector Energía. Tenemos la vaga idea de que Pemex y CFE volverán  con enjundia pero NO sabemos cómo ni cuándo. Pemex, la empresa petrolera más endeudada del mundo NO contratará deuda pero tampoco se asociará con particulares. Esto pone una presión insoportable a un gobierno que se compromete a gastar mucho cuando NO tiene dinero.

¿O SÍ?

El pozo milagroso. Los megadescubrimientos en México.

Este país es prolífico en sus ficciones. La narrativa mexicana ha sobresalido por su imaginaria fantástica y su colorido. Estas ficciones también existen en la industria petrolera. Sus autores han sido funcionarios públicos y de Pemex. Estos personajes disfrutan de encantarnos con historias muy apasionantes de megadescubrimientos de donde fluirá el maná que nos dará prosperidad eterna. En todos los sexenios desde el magnífico descubrimiento de Cantarell se han anunciado hallazgos petroleros inconmensurables. De un día a otro México amanece con reservas renovadas y con producción prometida multiplicada, como los panes y los peces que nos proveyó el Señor.

 Casualmente, estos descubrimientos se han hecho en momentos muy peculiares. Por ejemplo, el día antes o justo cuando se hace el informe presidencial súbitamente hay una multiplicación prodigiosa de barriles. Basta con esperar al 31 de agosto de cada año para volver a contar con la seguridad energética. También cuando terminan los diferentes sexenios aparecen de la nada mantos inconmensurables de hidrocarburos cuyo aprovechamiento dependerá de la administración siguiente. Entonces, si el gobierno entrante no desquita el milagro será cosa de éste.

Así sucedió con el magnífico Maximino, del cual tuvimos noticias en el último informe del presidente Felipe Calderón. Es de imaginarse que las cubas se le pasaron junto con los barriles. En su momento, se predijeron reservas de entre 674 a 1,569 millones de barriles, lo cual es “harto” petróleo. Se estimaba entonces que con este pozo se habían ampliado nuestras reservas en 10 años. Una de las partes más bonitas de este cuento es que Maximino es un pozo que se perforó a una profundidad de 2,922 metros de tirante de agua. Esto es, cuando Pemex no tenía ni un ápice de experiencia en operaciones petroleras en aguas ultra profundas. Las empresas más avezadas en este tipo de proyectos tardan entre ocho y diez años para hallar crudo. ¡Y Pemex demoró tan solo 2! Sin embargo, hoy la producción de Maximino es nula. No debió haberse llamado Maximino, ni siquiera MaxiMÍNIMO es, más bien, MaxiNULO.

Otra historia fantástica también debida a Calderón fue el potencial del mega campo llamado Chicontepec, cuya producción diaria fue inicialmente estimada en 700 mil barriles diarios y hoy mucho lamentamos reconocer que cuando Chicontepec era la tierra prometida durante el sexenio de Calderón éste producía 67 mil barriles diarios. Mientras que en 2018 cerró con 26 mil. Queda poca duda de que con Chicontepec a Calderón se le hizo la boca chicharrón.

El sexenio de Calderón fue especialmente prolífico en pozos milagrosos, no tanto en número, pero sí en tamaño. ¿Será porque ese gobierno logró una reforma energética insignificante? La reforma que no logró atraer empresas a operaciones en aguas profundas fue la misma del presidente que más descubrimientos hizo en las mismas: Trión, Supremus, Lakach, por mencionar los más importantes.

Peña también tuvo momentos de gloria, aunque de menores dimensiones. En este sexenio también se anunciaron con bombos y platillos sendos descubrimientos de Pemex y las empresas ganadoras de las Rondas.  Cuando de Pemex se trata hablamos de los cuatro descubrimientos en el litoral de Tabasco, anunciados justo en el Congreso Mexicano del Petróleo por el siempre abominado, nunca suficientemente aborrecido Ex Director General de Pemex Emilio Lozoya Austin. En ese momento se robó las cámaras, poco después unas cositas más. Luego siguieron los megadescubrimientos de Amoca-3, en aguas someras del Golfo de México frente a las costas de Campeche. La empresa aseguró que del pozo saldrían de 30 a 50 mil barriles diarios de petróleo crudo. Se trata del primer pozo potencialmente productivo perforado por un operador distinto a Pemex. Inicialmente se estimó que produciría en 2017 pero se ha pospuesto para 2019. Como dijo el ciego, ya veremos.

Otro pozo es el muy comentado Zama cuyo taladro pertenece a Talos, entonces con Premier y Sierra. Ahora, este último socio ha sido sustituido por DEA Deutche. La producción esperada es de 150 mil barriles diarios a partir de 2021 o 2022 (o échenle a 2023). De este pozo se colgó el milagrito también Pemex, el cual argumentó que se trataba de un yacimiento compartido. Por esta razón Pemex celebró el primer contrato en el que Talos y Pemex explotarán conjuntamente este yacimiento. Estos son los llamados contratos de unificación que evitan el denominado efecto popote.

Para cerrar con broche de oro el sexenio de Peña hubo el apoteósico anuncio de Ixachi, el cuarto yacimiento de gas más importante del mundo. Dado que en ese momento el precio del gas  estaba a 3.54 USD/Millón de Unidades Térmicas Británicas (MM BTU) podría decirse que Pemex encontró el cuarto yacimiento más grande de cacahuates a nivel mundial pero qué hay de malo en eso cuando nos gusta el pinole, que precisa de mucha saliva para ser tragado.

Muchas empresas en el mundo inflan sus hallazgos, tanto que la práctica tiene un nombre: Pump and Dump. El Dr. House diría que cuando de descubrimiento se trata todos mentimos. El factor distintivo es la razón por la que mentimos. Las empresas que practican el pump and dump lo hacen para mejorar el valor de su acción, lo cual, de ser descubiertas podrían ser gravemente sancionadas por los reguladores del mercado de valores. El caso de Pemex es distinto, tal vez más inocente pero igualmente perverso. La empresa improductiva del Estado cuenta cuentos para ganarse los afectos del pueblo. La cruda realidad es que nuestra producción, tras tantos magnos descubrimientos sigue de picada. Esperamos que nuestra incredulidad detenga las fantasías y que en lugar de ir de oso en oso Pemex pase de pozo en pozo.

Fin del cuento.

Pipas y flautas. ¿Cómo mover la gasolina en México?

Tras largos días de ley seca, en los que sedientos nos arrastrábamos a las gasolineras como un esperanzador oasis, ya estamos al día en nuestros combustibles. Todo indica que, en menos de lo que llegaban las pipas, ganamos la guerra contra el robo de combustible. En toda la historia del país no se ha visto una victoria más expedita contra la delincuencia organizada y sus secuaces. Ya ni el mismo presidente ha vuelto a tocar el tema y menos tras la lastimosa chamuscada en Hidalgo.

La secuela de esta crisis, que ni crisis fue, es una compra grande y algo impulsiva de carrotanques para el traslado de estos hidrocarburos. En una compra compulsiva de pipas, la Secretaria de Economía, la de la Función Pública y la Oficial Mayor de la Secretaría de Hacienda cargaron a la cuenta del país 707 cabalísticas pipas. Tres mujeres y un camino.

Lo que no es claro es si ésta es la ruta más corta y eficiente para el consumo de la gasolina de los mexicanos. Menos evidente es aun si rodar la gasolina es más seguro tanto en lo industrial, lo ambiental, como de suministro. Analicemos por qué.

Primera pregunta: ¿qué sale más barato? ¿Por ruedas o por tubo? Información hecha pública por la Comisión Reguladora de Energía muestra que el transporte de gasolina por carrotanque es 14 veces más caro que hacerlo por ducto. Esto se debe a que la aparente facilidad de verter la gasolina en una pipa y lanzarla a rodar es bastante más cara que toda la construcción, instalación y mantenimiento de un ducto. La inversión inicial de la pipa claramente es menor pero también su durabilidad. Una pipa pierde valor apenas sale del garaje de agencia, mientras que un tubo tarda más en depreciarse. Cuando la minusvalía de un ducto apenas inicia, una pipa ya cursó su vida útil. Cuando de seguridad ambiental se trata, no se necesita un doctorado en física cuántica para inferir que una pipa tiene más emisiones que un ducto que por lo general corren bajo tierra. Tampoco un ducto es una bomba rodante que carga de 20,000 a 40,000 litros de la inflamable sustancia. Y cuando de robar se trata, no se requiere de mayor pericia para asaltar una pipa cuando la perforación de un ducto precisa de mayores competencias. La tragedia de Hidalgo demuestra que no cualquiera puede picar un tubo sin salir gravemente y/o fatalmente chamuscado. Por último en orden mas no en importancia está el tema del impacto en la movilidad. El tránsito de transporte pesado causa desgaste de los caminos y congestiones. Para aquilatar el tamaño de este impacto tendríamos que conocer las rutas de las pipas las cuales no se han informado.

Cuento aparte son los titulares del negocio de transporte terrestre de combustibles. En México se conocen familias ligadas o parte de los grupos políticos que por una millonada le han prestado este “servicio” a Pemex. En la galería de la infamia tienen la sala central Carlos Hank Rohn, Javier Cantú Barragán, Gudelio y Gustavo Cavazos Marroquín, el mismo ex Director de Refinación Juan Bueno Torio y la inolvidable familia Mouriño. Estos grupos controlan un total de 1,483 empresas según datos de la Comisión Reguladora de Energía cuyo padrón de pipas no es público. Habría que ver qué tan completo es para tener una mejor idea de su monitoreo. Como sea, hay muchas historias corroboradas y no, pero todas impunes, de las rutas inexistentes de las pipas que pagó Pemex. En otras palabras, hay transporte que se pagó pero que nunca partió. No es del todo entendible que un presidente que ha tomado la pancarta del combate a la corrupción emprenda la cruzada de las pipas.

En los últimos días el presidente convocó a concurso las plazas para los conductores de las pipas cuyos resultados son difíciles de evaluar porque las cifras de solicitudes, exámenes, aprobados y pendientes de evaluar no cuadran. El número que se antoja gracioso corresponde a los solicitantes que no han tramitado su licencia. Una energeek lleva más de un año con la licencia vencida pero se ampara en el hecho de que no transporta materiales peligrosos. Esto nos lleva a que no cualquiera es apto para transportar gasolina y nos preguntamos si se trata de un ejercicio riguroso de selección y no una caza de clientelas. Si lo último es verdad, las consecuencias de la ineptitud de los choferes podrían ser fatales. Si la contratación de personal poco capacitado es el caso, bien podría caber el dicho “el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”.

Te hablo Juan, para que me oigas, Pedro. De la crisis energética y otras torpezas.

Pasaron los días y seguimos sin gasolina. Sin embargo, hemos visto mayores insumos, si bien no de combustible, de información que permiten corroborar una de las hipótesis de Energeeks: el presidente ha criminalizado el desabasto para escamotear una clara, evidente y monumental metida de pata. Las huellas ahora indelebles de esta patota se ven claramente en la falta de gasolina en varias gasolineras del país y de nuestra ciudad cada vez más desesperanzada.

¿Qué inquieta el sueño de las Energeeks? No tanto el que les falte gasolina, la Energeek millenial -otrora llamada refifinada- tiene auto híbrido. La Energeek cruda, a quien en ningún empleo formal la soportan hace home office donde solo sus perros y sus gatos la contemplan carburar. Así que no es por dolor propio que nos preocupa que haya o no gasolina. Es por un legítimo presagio de que las metidotas de pata seguirán su paso aproximándonos a una crisis energética. Entiéndase por ésta un desabasto de todos los insumos que requerimos para vivir y dejar vivir.

Una de las torpezas de la administración en curso es que no aceptan voluntad que no sea la del presidente. Estamos frente al tazón más enorme que hemos sorbido del chocolate del abuelito presidencial. Esta cucharada sabe a que el presidente quiere encabezar Pemex y de cierta manera CFE como si fueran su terruño. Pasan los días y Octavio Romero no dice ni “esta boca es mía”. ¿Será porque la tiene llena de chocolate del abuelito presidencial? Seguramente. Por lo que sí apostamos es que los mexicanos hemos tomado atole con el dedo. Por donde quiera se plantea el bobísimo dilema entre frenar la delincuencia o tener gasolina. Es inverosímil que la gente pueda creer que cerrar ductos es una estrategia viable de combate a la delincuencia. Cuando hay ratones en la casa es receta de abuelitos ponerles trampas con queso. No escondemos el queso para ahuyentar a los ratones de la casa. El cebo es elemental para detener a las plagas.

Y así como el cuento de policías y ladrones se cuenta para justificar desabasto de gasolina, lo mismo podrán decir de cualquier energético. Ya Bartlett, Director General de CFE, dijo que auditará los contratos de transporte de gas natural que permiten la generación de electricidad. Esto podría causar la suficiente incertidumbre para que las empresas se inhiban de transportar el gas en México. De ser así, las plantas de generación se quedarán con el estómago vacío y nosotros sin luz. Pero, alas, el presidente siempre nos podrá iluminar con su incansable batalla contra la corrupción. Una crisis en el suministro eléctrico se sentirá con más dureza que la falta de gasolina. Las generaciones fuertemente dependientes de todo lo que se prende y apaga no tendrán siquiera su computadora para manifestar su superioridad moral en las redes sociales.

Todo esto podría suceder con cualquier energético. No están exentos de las metidas de pata del presidente ni el gas que usas para cocinar o bañarte; ni la turbosina con la que vuelan los aviones que tomas o que toman las cosas que consumes. Recuerda que todo lo que usas y necesitas para mantener tu nivel de vida funcionan con energéticos. ¿Estarías dispuesto a aceptar el combate a la corrupción como razón para volver a vivir en la edad de las cavernas? Piénsalo. La honestidad de tu respuesta es para ti.

Más allá de nosotros mismos están los efectos económicos de una crisis semejante. Habrá escasez de todo porque todo viaja con combustibles a los centros de consumo. La tarifa, si el flujo eléctrico se vuelve escaso, se disparará por los aires y los costos de la manufactura y los servicios se irán con ella. No habrá empresa que lo aguante, tronarán y con ellos los empleos de millones de personas. Este tronido puede hacer un hoyo gigante en el país y por ahí podemos caer todos. No es intención de las Energeeks pintar escenarios catastrofistas. Solo pretendemos que quede claro que con la energía no se juega; que ni la caricia del algodón de azúcar, ni el sorbido del más dulce chocolate del abuelito presidencial podrán borrar de nuestros labios el amargo sabor de una crisis energética.

¿En qué parte de tu vida afectaría una crisis energética? Cuéntanos.