Corrupción o Mercados. El falso dilema.

¡Todo es culpa de los neoliberales! Cada vez que Pemex vuelve a pasar de panzaso las evaluaciones de las calificadoras es culpa de las deformaciones causadas por los tecnócratas de lente de pasta, pelo engominado para atrás y del ITAM. Esas ratas de Río Hondo merecen la pena de muerte por haber hecho de nuestros titanes energéticos unas piltrafas. Fueron ellas las que entregaron el patrimonio nacional a cambio de un plato de lentejas muy vil. En el mercado energético abierto en México los que resultaron ganones fueron las empresas que se sirvieron petróleo, gas y electricidad con la cuchara grande.

Corrupción o mercado ¿cuál elegir? Es como si los mercados tuvieran implícitos la corrupción, el abuso y el desfalco y que para librarnos de la primera fuera por fuerza necesario recurrir al Estado como el mejor propietario y empresario de nuestros bienes energéticos. Nada es menos plausible y pocas cosas son más falsas. Muy poco ha hecho el Estado Mexicano por combatir la corrupción y menos cuando se trata de la industria energética. Las dolencias de Pemex y CFE pueden atribuirse a gobiernos estatistas como el de López Obrador. Se parecen más ciertas políticas públicas de AMLO a las de Tatcher y Reagan que las que tuvieran Peña, Calderón, Fox, Zedillo y Salinas. La ironía es que nuestro presidente en turno se parece más a quien critica y menos a quien elogia. Fueron Reagan y Tatcher los que en su momento propusieron un Estado mínimo, despidos de burócratas y recortes sustanciales a los programas de asistencia social. Andrés incluso le ha dado la espalda a las organizaciones no gubernamentales cuyos miembros lo apoyaron en su campaña y votaron él y su partido. Imaginamos que muchos de ellos se estarán repitiendo ¿WTF?

Que no nos digan, que no nos cuenten. Los gobiernos que Andrés llama neoliberales han estado muy lejos de serlo. Ningún neoliberal que se precie de serlo hubiera permitido que fuera el Estado y no el mercado el propietario y empresario de los medios de producción de los energéticos. En palabras menos mamonas, Milton Friedman se estará revolcando en su tumba por haber sido comparado con Peña o Fox por haber una brecha inconmensurable entre los coeficientes intelectuales entre el del primero y los de los últimos. Para constatarlo basta observar la conferencia intitulada política energética del gran flaco Friedman donde dice que el dilema no está entre elegir el mercado y la corrupción, sino entre el mercado político y el mercado económico. Friedman, como buen judío liberal, primero se hubiera rasgado las vestiduras antes de enterrar a Pemex y CFE en la sepultura del Estado. Sin saber lo que podría opinar imaginamos que Milton nunca hubiera accedido a tener una gobernanza dictada por burócratas y el sindicato como la de Pemex y la de CFE. Esa gobernanza es para un mercado político y no para uno de bienes y servicios.

Ahora bien, si de corrupción hablamos no existe la reducción hasta el absurdo que hace el presidente entre el neoliberalismo y la misma. Los neoliberales amamos la competencia y las eficiencias que pueden dimanar de la libertad de mercado y la corrupción restringe esta libertad. En ese sentido la actuación de todos los gobiernos de los presidentes que hemos mencionado han distado de ser liberales, neoliberales o cualquier cosa que se les parezca. Ofende que a Peña le llamen un neoliberal, cuando pocos presidentes han promovido como él, el detestado y nunca suficientemente denostado “Capitalismo de los Cuates”. Ha sido este círculo de amigochos el que se ha llevado contratos suculentos con Pemex y CFE. Muy lejos de una auténtica dinámica de libre mercado. El conservadurismo de los círculos de poder en México ha sido antagónico a la multiplicación y diversificación de los actores en el sector energético. No podría haber una tendencia menos neoliberal que ésta.

Tal vez para el presidente ser neoliberal es ser corrupto. Se equivoca. El neoliberalismo es una ideología política y económica que requiere de mucho estudio para ser asumida. Ser corrupto no es otra cosa que una conducta inescrupulosamente egoísta. Nada que ver una costra con osa.

El oso es del presidente que, cuando pretende ganarse un espacio en el mercado político culpa a una élite política a la que él mismo ha pertenecido. Todos los gobiernos de México se han preocupado más por vender en el mercado político que en impulsar un mercado eficiente de bienes y servicios energéticos. La razón es muy sencilla: el mercado político sujeta a los individuos a la voluntad estatal, mientras que el mercado económico puede ser un contrapeso al poder estatal.

¿Cuál prefieres?

La luz al final del tubo. Bartlett, el redentor.

Basta gozar de toda una vida auspiciada por el erario público para darse tamaño baño de pureza. Quien nunca ha generado un centavo de riqueza siempre podrá señalar a quienes han pasado del sector público al sector privado y viceversa. La puerta giratoria que hoy azota el Director General de CFE puede darle en las narices. Por los señalamientos y acusaciones hechos irresponsablemente, Don Manuel no solo se expone a que lo acusen de calumnioso sino también pone a CFE y al país en situación precaria. Es curioso que con el catálogo tan nutrido de problemas que acalambran a CFE este veterano de la polaca mexica haya elegido siete cabalísticos ductos como blanco de su encono.

La víscera está en el tubo y el tubo en la víscera.  Más que un diagnóstico sobre lo que le duele a CFE estamos en presencia de lo achaques de Bartlett. Su clamor se asemeja más a una cuestión personal que a una alerta institucional. Estamos en el sexenio de “a ti te denostamos porque nos caes gordo” como quien juega el pato, pato, ganso hasta el cansancio.

Al analizar la lista de nombres de los responsables del “quebranto” de CFE se ve una animadversión hacia quienes promovieron liberalizaciones parciales -azas limitadas- del sector energético. Verbigracia, Salinas, Zedillo y Calderón ocupan primera fila como los patrones del mal y de los malos. Salinas parió, aunque suene increíble, a José Córdoba Montoya y a Carlos Ruíz Sacristán cuyas manitas viscosas han estado entre tubos. A Zedillo le imputamos la paternidad de Luis Téllez, quien impulsó una desafiante reforma eléctrica. Calderón tuvo trillizos. De su prolífico y etílico vientre provienen Georgina Kessel, Jesús Reyes Heroles y el enfant terrible Jordi Herrera, de quien se dice es su compañero de copas. Un personaje que ha trascendido sexenios y por eso goza de singular infamia es Alfredo Elías Ayub, Director General de CFE desde los tiempos de Zedillo hasta los tiempos de Calderón. Otro imputado de todos los presidentes y de ninguno es Carlos Slim a quien todo mundo agarra de puerquito. Cuando todo sale mal la culpa es de Fat Boy Slim. Un punto realmente llamativo de la lista negra del justiciero Bartlett es que no hay funcionario alguno que haya fungido su cargo en el gobierno de Peña. Seguramente es así porque se trata de hechos recientes que sí serían justiciables. Siempre es más cómodo perseguir a quien no tiene que defenderse. Señalar, acusar, etiquetar a sujetos que tienen una década o más de haber dejado sus cargos públicos es un deporte de políticos vociferantes.

Nótese que los daños se atribuyen más a personas que a empresas. Es como si las últimas fueran un vehículo para los malosos. Entre los corporativos más aludidos por Don Manuel están IENOVA, CARSO y Transcanada. Pero estos nombres serían de poco o nulo valor emotivo de no estar aparejados con genios del mal como Ruiz Sacristán, Téllez, Reyes Heroles y Herrera. ¡Ah! Y por equidad de género que no falte la mención de Georgina Kessel. Es muy difícil ensañarse contra empresas que poco conocemos. Sin embargo, los nombres y caras relacionados con los presidentes de la mafia del poder son más accesibles al encarnizamiento popular. Más aún cuando se les quiere vincular con actos de saqueo.

Por esta razón, Don Manuel ha llamado “leoninos” los contratos de transporte de gas natural de CFE. En el imaginario de Don Manuel las empresas son los leones que destazan a la CFE que es el corderito del pueblo. Ya ni la piel le dejaron a México estas fieras. Sin prejuzgar sobre si las condiciones de estos contratos son justas o no habría en todo caso que analizar si los precios del gas y del transporte están fuera de mercado. Como sea estos contratos fueron otorgados mediante licitación y conforme a derecho. El tema sobre si son justos o no quedó en el pasado. Si no son del agrado del actual Director de CFE, él podrá en todo caso replantearlos. Otra cosa será si las empresas transportistas de gas aceptan condiciones mucho menos atractivas que las actuales y con más riesgo político. En suma, más riesgo y menos lana. La CFE podría quedarse sin gas y nosotros sin servicio público de energía eléctrica. No suena chido.

No todo es oscuro al final del tubo. Nuestro presidente, que no es abogado, ya ha dicho que los contratos son lo que son. Para Andrés Manuel el asunto de los contratos es más una cuestión de orden ético que de leyes. Como si fuera necesario que un hombre que no estudió derecho le dijera a quien sí es abogado “no es un asunto legal, que nadie se espante, que nadie se inquiete ni se ponga nervioso, se van a respetar los contratos”.

¿Por qué nos c…ga la Reforma Energética (y por qué no es tan mala idea)?

Para Reyna Grunstein

Promesas, promesas, promesas. De lo que más sabemos de la Reforma Energética es que no cumplió sus promesas. Nos sentimos palmariamente defraudados. Ni bajó la luz, ni bajó el gas, la gasolina está como lumbre y cada vez importamos más hidrocarburos. Para colmo de males tanto Pemex como CFE se encuentran en terapia intensiva con un pronóstico reservado. De cierto, Andrés Manuel le inyectará mucho más presupuesto a Pemex que el gobierno de Peña. Sin embargo, los aumentos presupuestarios a Pemex nunca han sido garantía alguna de un mejor desempeño. Por más dinero que le metan a Pemex de nada servirá si no hay un cambio de 180° en su gestión además de una purga de los parásitos que lo han dejado en los huesos. Esto ha sucedido por muchísimas décadas y no es justo decir que se debe a la Reforma Energética. Así, si vamos a detestar a la Reforma que no sea por la ruina de Pemex, sino a todos los gobiernos que hicieron con él un papalote.

¿Qué otras razones habría para detestar la Reforma Energética? Pues cada vez que pasamos a llenar el tanque a una gasolinera, ya de cualquier marca, cualquier persona medianamente sensible tiene un brote de urticaria. Póngase el color que sea, el tanque estalla en el bolsillo. ¿También se lo debemos a la Reforma Energética? Mala tarde, chavos. A los que debemos señalar es a los hacendarios pero también a los usuarios que hemos asumido que la gasolina barata, que por tanto tiempo consumimos, era un lujo y no un derecho. Los hacendarios controlaron el precio de la gasolina hasta su muy reciente liberalización de inicios de 2018. La liberalización fue una medida realmente desesperada frente al boquete fiscal que han dejado los bajos ingresos petroleros. De tal suerte, o Hacienda tendría que aumentar impuestos o bien incrementar el precio de la gasolina. Hemos de suponer que tener un módulo de cobro del SAT en cada estación de servicio es mucho más cómodo que fiscalizar a una población muy renuente a cumplir con sus obligaciones fiscales. Por lo tanto, si la gasolina quema hagámonos responsables de la parte que nos toca y dejemos de chillar los estragos de la Reforma Energética. Esta última no ha pretendido aumentar las importaciones que para nuestra desdicha pagamos en dólares. La pretensión de la Reforma ha sido multiplicar los proveedores para estimular la competencia y que eso nos permita surtirnos de quien se nos pegue la gana. Si la competencia es aún imperfecta es por falta de tiempo para la maduración del mercado. ¿Queremos tronar a Pemex? Sigámoslo recargando con la obligación de suministro de todos los combustibles para todo el país a precios controlados.

En exploración y extracción es falso decir que Pemex se quedó a un lado de los procesos de licitación de contratos. De hecho Pemex ha sido el mayor ganador de estos contratos con poco más del 10% del total de los licitados. Eso es sin contar las migraciones de asignaciones a contratos y las asociaciones, bobamente llamadas farmouts. Eso sucedió aun después de que en la Ronda 0 Pemex se llevó el 67% de las reservas probadas y probables y otro tanto de los recursos prospectivos. En suma, Pemex tiene un chingo de petróleo por explotar. Si no lo ha hecho, que la Nación se los demande, pero dejen de culpar a la Reforma Energética.

Para los verdes es preciso subrayar que gracias a las subastas de largo plazo para CFE, convocadas por el CENACE, entró el número más avasallador de empresas generadoras con recursos renovables y a tarifas de regalo. En este sentido la abominada, nunca suficientemente denostada, Reforma Energética ha hecho lo que ningún cambio legal por la sustentabilidad y la diversificación de la matriz energética nacional. Así que quien chille y jorobe que la Reforma es la entronización del CHALE GAS ha estado inhalado gasolina.

Foto de https://www.animalpolitico.com/2017/01/gasolinazo-pena-nieto/

Energeeks sospecha que rechazamos esta reforma por el gobierno de quien vino. Hay que estar en drogas para insensibilizarse a las desapariciones forzadas de Ayotzinapa, a las casas blancas, a las no tan blancas en Mali, a la mega estafa, a la estafa maestra y a la liberación de la maestra. Si Murillo Karam estaba cansado, los demás mexicanos estábamos hasta la madre. Con cada voto que recibió Andrés Manuel López Obrador se manifestaba un clarísimo y contundente “¡YA ME CANSÉ!”

¿Eso quiere decir que la Reforma Energética es chafa? Nel pastel, me canso ganso que los mercados son una manera democrática de proveer bienes y servicios. Le permite al consumidor elegir, tal vez entre lo menos malo, pero al menos elegir. La Reforma Energética no va a corregir las enormes desigualdades que aquejan a nuestro México donde con toda franqueza los beneficios de los mercados han sido limitados, más que nada por una lamentable política de redistribución del ingreso, corrupción y ceguera de los que más tenemos. Pero no todos los defensores de los mercados somos de palo o mala onda. Si somos liberales es porque creemos en la libertad y parte de ella se manifiesta en dejarnos elegir. Por eso pensamos que la Reforma Energética es buena idea.

¿Y a ti te c…ga la Reforma Energética? ¿En serio piensas que el estatismo es mejor?

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