El hoyo negro de Oro Negro.

El Mossad está de moda. O acaso, tal vez,  está de moda lo que los mexicas pensamos qué es el Mossad. En la imaginería nacional, figura la noción de que el Mossad hace de todo: buscar a la mamá de Luis Miguel, entrenar narcos, intervenir conversaciones de corruptos, desenterrar víctimas de los sismos, ser objeto de deseo por la misma razón y vender falafel. Cuando en realidad, el Mossad es el grupo de inteligencia más especializado en Israel y sus tareas distan mucho de las recién mencionadas. 

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Esta vez, los israelíes (no confundir con judíos) vuelven al reflector por su participación en la archi misteriosa empresa denominada Black Cube. La cual, según información pública, está conformada por ex integrantes del servicio secreto israelí, verbigracia, el Mossad. En este caso, Black Cube, contratada por la empresa Oro Negro, tuvo la audacia de grabar conversaciones asaz comprometedoras donde se menciona a figuras del gobierno de Enrique Peña Nieto, como el ya muy mentado Emilio Lozoya, el legendario Carlos Morales Gil, alias el güero, y el archi maléfico, nunca suficientemente detestado, Froylán García. En torno a Froy, todo el sexenio pasado nos reunimos en el más concurrido lavadero. No había tertulia, reunión, brindis, maridaje o simple charla de pasillo en donde de repente no se comentara que Froylán, en lugar de coordinar una dirección, era en realidad el manager de una casa de citas, en las que un encuentro vis a vis con Lozoya podía costar hasta decenas de miles de dólares. Tan comentado era el punto que circula una historia por ahí de una abogada del sector, que al tomar un taxi hacia Marina Nacional, desde un punto cercano a ésta, fue interrogada por un aún más curioso taxista sobre la identidad de Froylán. “Oiga seño y usted que va seguido a Pemex, ¿Quién es el famoso Froylán?” No sin asombro, esta abogada le respondió al folklórico chofer: “Y usted, ¿de dónde sabe de Froylán?” “Ah” dijo el taxista: “Es que el otro día llevé a unos extranjeros también a la torre de Pemex, y como ya le medio masco al inglés, llegué a entender que estaban enchiladísimos porque un tal Froylán les había cobrado una millonada por la cita con su jefe.”

Black Cube ¡ni madres! Menos hubiera gastado Oro Negro por sacarle la sopa a un taxista capitalino.

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No hay que confundir la costra con la osa, ni con la cosa nostra. Que supure la pus de las heridas de Pemex en esta coyunturanes más una venganza política del gobierno que se aprovecha de la controversia entre Oro Negro y nuestra petrolera. No es necesario recurrir al Mossad, pues ha sido un secreto a voces en el lavadero petrolero, que más mugre ha corrido por Pemex Exploración y Producción que por el drenaje profundo de la Ciudad de México. A Oro Negro, que ahora se encuentra ante una situación incómoda con Pemex, no lo exime de haber sido su contratista por décadas y también a cambio de cantidades astronómicas. Eso es dar chapopote con el dedo. Si las grabaciones de Black Cube incluyeran a todos los contratistas de Pemex, es muy probable que la empresa de Gil White quedara bien salpicada. Gil White would be the new black!

El paquete económico o la Cajita Infeliz 2020

De entre los gustos culposos destaca aquella cajita del payaso, alta en colesterol repleta de porquerías “grasosas pero sabrosas”. De niños dependíamos del juicio de nuestros padres que usaban a veces la cajita feliz para cuando, por encontrarnos insoportables no nos podían meter en una más grande para enviarnos por vía express a Tombuctú. Ya con la boca muy ocupada con grasas, azúcares, harinas y algún juguetillo armable nos podían archivar aunque fuera un rato. Digamos que la cajita feliz tal vez no lo era tanto para nosotros, sino también para ellos.

El paquete económico que ahora presenta nuestro, poco feliz, Secretario de Hacienda en algo se parece a las cajitas malonas. De tanta chatarra que hay dentro, no resulta tan fácil aquello que podrá ser nutritivo y propicio para el desarrollo económico del país. Es clara la inscripción al programa de los cuida kilos de los Órganos Reguladores, a los cuales no solo se les cortó la grasa, que ya ni tenían, sino que ya están alistados para los juegos del hambre. Qué bueno que los comisionados sílfide como Guillermo García Alcocer y Montserrat Ramiro abandonaron la mesa, o de lo contrario se los hubiera llevado la calaca. Otros más robustos tal vez hubieran aguantado con sus reservas de grasa corporal. No decimos nombres para no ofender a los presentes, o mejor dicho; ausentes.

Cajita Infeliz

Para darnos una idea de la hambruna regulatoria debemos destacar que la suma de los presupuestos de ambos reguladores se redujo casi un 50% de 2019 a 2020. En poco tiempo los comisionados, alguna vez rozagantes, tendrán el aspecto del niño con el pijama de rayas sin ser eximidos de trabajar a marchas forzadas.

Nada que ver con el presupuesto de la Secretaría de Energía, la cual se llevó la más cachetona, con un presupuesto de 47,399.7 millones de pesos. Este monto no es nada despreciable si se asume que las labores de la Secretaría son principalmente administrativas, que no requieren mucho más del uso de la cabeza, lápiz y papel. En cuanto al potencial intelectivo de los funcionarios de la SENER, es clarísimo que lo que la natura non da, el presupuesto non presta. Ora sí, con dinero y sin dinero, seguirá siendo un mugrero.

En cuanto a Pemex y CFE, el aumento de presupuesto del primero es de aproximadamente el 9%, mientras que CFE, como el coronel, no tiene quien le escriba y apenitas le aumentaron poco más del 1% El destino de los recursos de Pemex son muy parecidos a los de siempre: perforación de pozos, yarayarayara; abastecimiento de petrolíferos para todos los mexicanos yarayarayara; inversión en logística, yarayarayara; y no faltaba más, la nunca suficientemente mentada y ya por muchos aborrecida: la Rechinería de Dos Bocas. En CFE sí hay novedades, aquí el contenido del huevito Kinder Sorpresa se llama Internet para Todos. No seremos los mexicanos quienes saboreemos lo dulce de esta golosina sino que cabe la sospecha que será Fat Boy Slim quien se relama los bigotes. Yarayarayara.

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El comal le dijo a Lozoya: Andrés quema pero no tatema.

En náhuatl cabeza se dice tsontekomatl, cuyo sentido textual es olla con pelos. Así pues, cabe preguntarse ¿qué pasaba en la olla de Lozoya al urdir tantos estropicios? El mirrey, que por gajes del destino devino petrolero, ha invadido las ocho columnas de los medios nacionales por las historias sobre su tardía y repentina persecución por el largo brazo de la justicia. Sigue siendo dudoso que éste lo alcance. Sin saber con certeza si Emilio tiene un pacto con el diablo, es muy llamativo lo intocable que se ha mantenido. Muchos de los que habitamos el ecosistema energético, y otros más que viven fuera de él, nos hemos preguntado: ¿con qué aceite está ungido Emilio que de todas se escapa y todas se le resbalan? Memorable fue el momento en que Emilio, palabras más, palabras menos, en el contexto de una conferencia con su abogado, increpó a los periodistas a que lo esculcaran si tan convencidos estaban de sus felonías.

Fueren felonías o delitos, Milo ahora recibe lo pedido. Y no son los periodistas quienes lo persiguen, sino el aparato de justicia ahora encarnado por la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda, la Fiscalía General de la República y con una senda orden de aprehensión recién salida de un juzgado. Y aún así, algunos estamos dudosos de que el comal le ha dicho a Lozoya “Oye, ya vamos por tu olla con pelos”. En otras palabras, que ahora sí rodarán las cabezas de Emilio y de todos sus cómplices. ¿Por qué lo dudamos? En primer lugar, porque pasan los años y nadie le ha podido tocar un pelo a la olla de Lozoya. En segundo, porque se nos antoja una coincidencia, que justo se da este estertor, cumplidos los primeros seis meses del mandato del presidente de la honestidad. En tercer lugar, por la cantidad de pitazos y errores procesales, que casualmente se dieron para que acto seguido Lozoya, a través de su maléfico abogado, pudiera oportunamente interponer un amparo para suspender su aprehensión. En cuarto, el acto al que se vincula una conducta delictiva no tiene nada que ver con la saga de Odebrecht; se trata “únicamente” del “pecadillo” cometido en la compra de una planta inútil de Altos Hornos de México. Al ser así, Peña podría cruzar el fango sin ensuciarse las suaves plantas de sus pies. En cambio, los que sí podrían sentir el fango hasta el cuello son algunos de los personajes estelares en el Consejo de Administración de Pemex. Nos referimos a los otroras secretarios de Energía y de Hacienda. Otros consejeros “de menor rango” podrían ser citados a declarar. Ya veremos si dentro del presunto “pacto de impunidad” se permite citar a comparecer a tan distinguidos políticos priístas.Comal

Por otra parte, han sido notables las metidas de pata que recuerdan tanto a los Gordillazos y a los entuertos en torno a Duarte. Es jurídicamente dudoso que la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda procedió conforme a derecho al ordenar el bloqueo de las cuentas de Lozoya cuando la Fiscalía aún no había ejercido la acción penal. Por esta razón, la Corte ha entrado al estudio de esta medida. Sobre estos yerros podríamos cuestionar si fueron hechos intencionalmente, de tal suerte que, a pesar de perseguido, Lozoya salga bien librado. De ser así, todas las imputaciones hechas al pecoso picarón habrán sido una zarzuelita en la que los mexicanos le aplaudimos a este gobierno la persecución de los malosos. Entonces, ¿qué le dijo el comal a Lozoya? Andrés quema pero no tatema.

Corrupción o Mercados. El falso dilema.

¡Todo es culpa de los neoliberales! Cada vez que Pemex vuelve a pasar de panzaso las evaluaciones de las calificadoras es culpa de las deformaciones causadas por los tecnócratas de lente de pasta, pelo engominado para atrás y del ITAM. Esas ratas de Río Hondo merecen la pena de muerte por haber hecho de nuestros titanes energéticos unas piltrafas. Fueron ellas las que entregaron el patrimonio nacional a cambio de un plato de lentejas muy vil. En el mercado energético abierto en México los que resultaron ganones fueron las empresas que se sirvieron petróleo, gas y electricidad con la cuchara grande.

Corrupción o mercado ¿cuál elegir? Es como si los mercados tuvieran implícitos la corrupción, el abuso y el desfalco y que para librarnos de la primera fuera por fuerza necesario recurrir al Estado como el mejor propietario y empresario de nuestros bienes energéticos. Nada es menos plausible y pocas cosas son más falsas. Muy poco ha hecho el Estado Mexicano por combatir la corrupción y menos cuando se trata de la industria energética. Las dolencias de Pemex y CFE pueden atribuirse a gobiernos estatistas como el de López Obrador. Se parecen más ciertas políticas públicas de AMLO a las de Tatcher y Reagan que las que tuvieran Peña, Calderón, Fox, Zedillo y Salinas. La ironía es que nuestro presidente en turno se parece más a quien critica y menos a quien elogia. Fueron Reagan y Tatcher los que en su momento propusieron un Estado mínimo, despidos de burócratas y recortes sustanciales a los programas de asistencia social. Andrés incluso le ha dado la espalda a las organizaciones no gubernamentales cuyos miembros lo apoyaron en su campaña y votaron él y su partido. Imaginamos que muchos de ellos se estarán repitiendo ¿WTF?

Que no nos digan, que no nos cuenten. Los gobiernos que Andrés llama neoliberales han estado muy lejos de serlo. Ningún neoliberal que se precie de serlo hubiera permitido que fuera el Estado y no el mercado el propietario y empresario de los medios de producción de los energéticos. En palabras menos mamonas, Milton Friedman se estará revolcando en su tumba por haber sido comparado con Peña o Fox por haber una brecha inconmensurable entre los coeficientes intelectuales entre el del primero y los de los últimos. Para constatarlo basta observar la conferencia intitulada política energética del gran flaco Friedman donde dice que el dilema no está entre elegir el mercado y la corrupción, sino entre el mercado político y el mercado económico. Friedman, como buen judío liberal, primero se hubiera rasgado las vestiduras antes de enterrar a Pemex y CFE en la sepultura del Estado. Sin saber lo que podría opinar imaginamos que Milton nunca hubiera accedido a tener una gobernanza dictada por burócratas y el sindicato como la de Pemex y la de CFE. Esa gobernanza es para un mercado político y no para uno de bienes y servicios.

Ahora bien, si de corrupción hablamos no existe la reducción hasta el absurdo que hace el presidente entre el neoliberalismo y la misma. Los neoliberales amamos la competencia y las eficiencias que pueden dimanar de la libertad de mercado y la corrupción restringe esta libertad. En ese sentido la actuación de todos los gobiernos de los presidentes que hemos mencionado han distado de ser liberales, neoliberales o cualquier cosa que se les parezca. Ofende que a Peña le llamen un neoliberal, cuando pocos presidentes han promovido como él, el detestado y nunca suficientemente denostado “Capitalismo de los Cuates”. Ha sido este círculo de amigochos el que se ha llevado contratos suculentos con Pemex y CFE. Muy lejos de una auténtica dinámica de libre mercado. El conservadurismo de los círculos de poder en México ha sido antagónico a la multiplicación y diversificación de los actores en el sector energético. No podría haber una tendencia menos neoliberal que ésta.

Tal vez para el presidente ser neoliberal es ser corrupto. Se equivoca. El neoliberalismo es una ideología política y económica que requiere de mucho estudio para ser asumida. Ser corrupto no es otra cosa que una conducta inescrupulosamente egoísta. Nada que ver una costra con osa.

El oso es del presidente que, cuando pretende ganarse un espacio en el mercado político culpa a una élite política a la que él mismo ha pertenecido. Todos los gobiernos de México se han preocupado más por vender en el mercado político que en impulsar un mercado eficiente de bienes y servicios energéticos. La razón es muy sencilla: el mercado político sujeta a los individuos a la voluntad estatal, mientras que el mercado económico puede ser un contrapeso al poder estatal.

¿Cuál prefieres?