Sin gas y sin luz. ¡Nos vamos por un tubo!

Extraños son los caminos del señor López Obrador, con quien además no estamos mejor. En las últimas semanas, queridos lectores, hemos dado gigantes malos pasos en cuestiones energéticas. Cuando a Pemex le es degradada su capacidad crediticia al grado  de que sus bonos valen literalmente un cacahuate, el presidente anuncia exactamente lo contrario a lo que podría mejorar su capacidad crediticia. Verbigracia, se dieron por extintos los farmouts hasta nuevo aviso. Para los que no han estado en el ajo de la Reforma cabe aclarar que los farmouts son las coinversiones de Pemex con particulares, cuyo propósito ha sido aliviar a Pemex de la carga financiera y de riesgo geológico para los proyectos más caros y más complejos. Con esto volvemos a la propuesta sentimentaloide y no menos boba de que Pemex puede solo; y que si no puede solo no hará nada. La noticia de la suspensión indefinida de los farmouts fue recibida con desconsuelo por lo que sostenemos que Pemex necesita ayuda, mucha y de los mejores. Ningún mexicano en su sano juicio podría sentenciar a Pemex a pudrirse solo pero con semejantes medidas dudamos que alguien pueda ayudarlo. 

 

Y una vez recibidas las malas noticias sobre Pemex, en los últimos días resonó una muy mala noticia desde la hermana república de Yucatán. Según el Centro Nacional de Control de Energía (CENACE) la bella tierra bosha iba a sufrir desabasto de energía eléctrica, en particular por el desabasto del gas natural requerido para alimentar la central eléctrica Mérida III. ¡Bomba! A las cuantas horas, el mismo CENACE desmintió su dicho, llamándolo infundado. A la opinión pública el CENACE, dijo del CENACE, que había dicho puras mentiras. Que no habría apagón alguno en la península de Yucatán por estar el problema de abasto de combustibles para la generación eléctrica debidamente resuelto. Luego cabe preguntarse ¿a quién le creemos? Al CENACE que miente o al CENACE que dice que el CENACE miente. Sin embargo, como no sabemos cuál miente pues mejor no le creemos a nadie. En la mañanera siguiente, envuelto México en la perplejidad de las mentiras y los desmentidos, salió el presidente a alimentar nuestra confusión. En esta ocasión, AMLO anunció la construcción de una central eléctrica para impedir los apagones. Cuando tuvimos a bien opinar sobre esta solución, con gran desconcierto afirmamos que no es la planta de generación lo que falta, sino el tubo para llevar el gas a la planta Mérida III y la infraestructura de transmisión para llevar la electricidad de la misma planta a los centros de consumo. Así el primer mandatario anunció que resolvería el problema con lo único que no es requerido: una planta de generación. Curioso es que Andrés Manuel haya anunciado la construcción de una planta, cuando lo que se necesita es combustible, un tubo para hacerlo llegar y redes para que el flujo eléctrico viaje. ¿Quién asesora al presidente? Se nota que quien lo informa es la señora Secretaria de Energía.

Marino

Y hablando de tubos, el presidente y su equipo pusieron la cereza en el pastel. Justo acaban de terminar la construcción del ducto marino del Sur de Texas a Tuxpan pero ahora la CFE se resiste a emitir la aceptación de la obra, en tanto la empresa no acepte la modificación de algunas cláusulas del contrato de transporte, que le dan derecho a estas empresas a ciertos pagos, que conforme al contrato, CFE les debe. De hecho, los medios han reportado que CFE ha demandado a las empresas por la vía del arbitraje internacional comercial, la nulidad de estas cláusulas. Así resuelve nuestro gobierno la escasez de gas y de infraestructura de transporte, demandando a las empresas que están listas para dárnoslos. Las rabietas de Bartlett causarán que el país se vaya por un tubo. Todavía estamos muy lejos de ver la luz al final del túnel. 

Marino (1)

The End.

Pemex en la banca. Créditos para incrédulos.

El título de esta entrada, queridos lectores, obedece a una anécdota por las Energeeks alguna vez vivida. Hace algunos años conversábamos con una buena amiga nuestra que conocía personalmente a Juan José Suárez Coppel, otrora Director General de Petróleos Mexicanos. Concluido su encargo, tuvimos a bien preguntarle a nuestra amiga en común a qué se dedicaba JuanJo ahora que había dejado el trono en Marina Nacional. Al efecto, nuestra amiga respondió que él estaba ahora en la banca. Curiosas le preguntamos si acaso estaba en la banca de desarrollo o en la banca comercial. En ninguna de las dos, nos dijo. JuanJo está en la banca de Chapultepec esperando a que alguien le dé chamba.

De igual manera, Pemex está en la banca de Chapultepec esperando que alguien lo salve y los pronósticos de que sea la banca misma quien lo salve, no son nada halagüeños. Desde que este,sexenio dio inicio anuncios varios se han dado sobre la salvación de Pemex. Al mero principio nos mandaron a la banca por un plan de negocios que a los inversionistas en Nueva York dejó fríos. Luego fue la carnavalesca guerra contra el huachicol, que según el presidente, le ha ahorrado a Pemex chorro miles de pesos; para ser exactos 12 mil millones de ellos y 44,800 barriles de gasolina en los tres primeros meses del año. Tampoco esas noticias le hicieron mayores cosquillas a las calificadoras, las cuales siguieron refunfuñando al firmarle a Pemex una boleta con seises, varios sietes y uno que otro ocho. Nada que el hijo pródigo quisiera enseñarle, con orgullo y emoción, a sus papás.

Otra señal que ha mandado a la banca a Pemex ha sido la archi-mentada rechinería que comentamos en Energeeks en la entrada pasada.

Desde la banca, hemos perdido la cuenta de cuántos strikes llevan el gobierno y Pemex en su afán de ser considerado un jugador serio. Tal vez el primer strike fue el plan de negocios, el segundo podría haber sido la guerra contra el huachicol y acto muy seguido el descuento fiscal para Pemex. Luego nos tocó el sainete de la refinería y muy recientemente la venta política del apoteósico refinanciamiento de un crédito de Pemex que con grandes fanfarrias se anunció en una mañanera (¡Tis Bum Bam!). Sobre éste podemos decir que no es bueno ni malo, sino todo lo contrario. El refinanciamiento de créditos es algo que todas las empresas hacen para cumplir con obligaciones financieras.

Los antecedentes de este crédito, ahora refinanciado, datan del sexenio de Enrique Peña Nieto cuando, siendo Director General de Petróleos Mexicanos Pepe Toño González Anaya, éste se dio a la tarea de reducir los pasivos del abotagado Pemex. Con esta estrategia, el Tigre Toño redujo la deuda de 290 puntos base, sobre Libor, a 195 puntos base. Por lo tanto lo que sucedió hace apenas unos días fue la continuidad de una estrategia ideada y llevada a cabo por un mafioso del poder, egresado de un Instituto Tecnológico que no es el ITAM, sino su versión región 1. Se trata del mismísimo Massachusetts Institute of Technology, mejor conocido como MIT.


Este crédito que acaban de recontratar es ahora más caro, 235 puntos base sobre Libor, debido a la baja en la calificación crediticia de Petróleos Mexicanos, que casualmente nos aqueja desde que Andrés Manuel López Obrador tomó el poder. Más aún, tal vez el toque más distintivo de este crédito es quien lo avala. Más aún, es el Estado Mexicano, y no Petróleos Mexicanos, quien respalda esta deuda.Si Pemex, falla no será éste quien de la cara, sino todos y cada uno de nosotros. En suma, este crédito ni suma, ni resta- Es algo que Pemex hace porque puede, con la diferencia de que éste cuenta con el espaldarazo de México. Ahora bien, queridos lectores ¿ustedes le dan crédito a Pemex o mejor lo mandan a la banca? Continuará.

Esas malditas lutitas. ¿Qué hacer con el fracking en México?

Ni el mismo presidente sabe de qué habla cuando habla del fracking, que en cristiano se llama fractura hidráulica. Citamos a continuación su sentido pesar hacia aquella práctica maléfica: “A lo mejor por la inercia se estableció el uso de esa tecnología para la extracción del petróleo o gas. Pero no se va a usar, es un compromiso. Somos ambientalistas, de verdad, auténticos”. Eso es cuando el presidente nos habla de frente, sin embargo en las catacumbas del presupuesto de egresos de la Federación, presentado por su gobierno y aprobado por su partido, nos encontramos que el presidente sacó el sombrero para fondear la fractura de la Madre Tierra con un monto de  3,351 millones de pesos para este año y de 18,310 millones de pesos como inversión total. ¿Qué tendrá entonces más peso? Lo que el presidente en un arrebato ecolofresa pontifica o la lanota pública para estos efectos asignada.

Independientemente de las filias y las fobias que podamos sentir hacia esta controvertida técnica extractiva hay datos que llevan a la conclusión de que ésta no es viable en territorio Mexica. La falta de condiciones de infraestructura, agua y seguridad pueden impedir el desarrollo de los recursos no convencionales en México, más que todas los videos de Julieta Venegas puestos juntos. El video aquí se los dejamos, pero las razones también.

https://www.youtube.com/watch?v=v1Yu_h_nc_Q

Los derechos de propiedad en Estados Unidos, que casualmente es la única tierra de donde se han cosechado numerosísimos barriles de no convencionales, tienen un marco jurídico notablemente amable. Para contratar los derechos de acceso a la tierra donde existen sendos recursos basta abordar al propietario y proponerle firmar un contratito muy sencillo por el cual tendrá acceso al terreno y a los recursos en el subsuelo. Punto. Aquí, en tierra Mexica, la Secretaría de Energía primero tiene que incluir las áreas en las licitaciones exploración y producción; luego la CNH tiene que convocar a las licitaciones que correspondan, puesto que se trata de un recurso que es propiedad de la Nación; tras todo un proceso en que las empresas tienen que precalificar, calificar, presentar una propuesta  y ganar entonces; apeeenas empezamos a divisar el proceso exploratorio en el horizonte así, para cuando las empresas en México producen su primer barril no convencional, el mundo ya dio 365 vueltas y la industria con él. Más aún, ¡aguas con el agua! Para perforar un pozo se usan entre 9,000 y 29,000 metros cúbicos de agua, que en las zonas de Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas y Veracruz, escasamente tenemos. En Estados Unidos los recursos también suelen concentrarse en zonas áridas, sin embargo las empresas de ese país han invertido sustantivamente en sistemas hídricos y de tratamiento de aguas, no solo para bombear el agua a los pozos, sino también para evitar el uso del agua para destinos no humanos. Lo que sí hay mucho en tierras mexicas y en particular en las zonas arriba mencionadas es inseguridad. Por alguna extraña razón en nuestro país donde hay luttitas hay narcos. Y si algo atrae a los narcos es la actividad económica y más aún la que es muy rentable. Por estas razones podría ser que al final el negocio del shale sea más rentable para los malandros que para las empresas.

Amén de estos excesos y carencias es un hecho comercialmente comprobado que no vale la pena invertir en la extracción de no convencionales cuando el barril de petróleo está por debajo de los 100 dólares. Las cuentas no nos salen. Y por si eso fuera poco, también está el hecho técnicamente comprobado de que no hay recuperación secundaria en la extracción de las lutitas y que su tasa de recuperación es baja. ¿Qué queremos decir las Energeeks con este rollo? Que lo que saques por primera vez será todo lo que saques. Y lo que sacas no será gran cosa respecto de todo lo que hay en el hoyo. Ni los entusiastas, ni las plañideras del fracking tienen mucha razón de ser. Los primeros pueden aquietar su fervor porque en México no existen las condiciones para que el fracking sea viable. Los últimos deberían enfocar su energía hacia la salvación de los ositos en el Ártico porque aquí no habrá fractura hidraúlica. Y si no hablamos con verdad, que la Nación nos lo demande.

Ladrón que roba a ladrón tiene más margen que perdón. ¿Quién gana con la gasolina?

Así como el dedito sirve para nombrar, también el dedito sirve para culpar. En las últimas semanas la magia presidencial hizo de bobos, comisionados y de gasolineros, ladrones. Tanto los nombramientos como las acusaciones son igualmente irresponsables. En la entrada pasada hablamos de los primeros. Toca ahora hablar de los últimos.

Antes de decidir quien realmente se lleva nuestro queso, es honesto confesar que en realidad es imposible saberlo. La información accesible no permite determinar a ciencia cierta si son los gasolineros las ratas que se llevan el queso o si son los piperos. Para eso, tendríamos que saber no únicamente el precio al que Pemex le vende el combustible al distribuidor, sino también el costo de transporte de la última milla, en la mayoría de los casos prestado por el primero. Es decir, después de que el distribuidor le paga a Pemex el elixir petrolífero, aún tiene que pagar el costo de llevarlo a la gasolinera donde, además de gasolina, te surtirán sendos corajes como consumidor.

Aquí el punto es que el presidente, al señalar el diferencial entre el precio de venta de Pemex al gasolinero y el precio final de la gasolina al usuario, omitió que hay de por medio un precio a pagar por el transporte, que es el negocio del pipero. Si hay un diferencial, entre 4 y 5 pesos, de lo que paga por la gasolina y el precio al que la vende, no sabemos cuántos pesos de esos 4 o 5 se lleva el pipero o el gasolinero. ¿Parece trabalenguas? Lo es. Para saber cuánto realmente se lleva cada quien, habría que también calcular cuánto de eso se lleva papá gobierno. A partir del estímulo fiscal aplicado por nuestro dadivoso presidente se restó 1.50 pesos por cada litro de gasolina magna y para la premium de 70 centavos. Esto quiere decir que prácticamente se mocharon con todo el IEPS dentro del precio de la gasolina para que éste bajara. Sin embargo este se mantuvo arriba. Es por esta razón que el presidente se enchiló. ¿Cómo es posible que al quitar en su totalidad un impuesto el precio no baje? Si no es el gobierno, ¿quién se está llevando nuestro queso? Y resulta que es cómodo decir que los gasolineros, en particular los privados y los extranjeros, huelen feo.

No saldremos a defender a los gasolineros porque les sobran garras para hacerlo solitos. Empero, es lícito señalar a otros apestosos. Los piperos de la última milla han tenido un negocio espléndido en el mercado del expendio al menudeo de gasolinas. Los piperos son de chile, mole y pozole. Son particulares, pero también hay de Pemex. Además el manejo del negocio de las pipas de Pemex lo tiene el archimentado y nunca suficientemente aborrecido liderazgo sindical de Petróleos Mexicanos, cuyo lucro es tan viscoso como el más pesado de los crudos mexicanos. Como vemos, el negocio de la gasolina en México huele a ratatouille.

Moraleja: todos podemos robar.

¡Trágame tierra! Pemex truena.

Como en las películas chafas de desastres de los años 80, Pemex parece un infierno en la torre ejecutiva. Ahí en un resquicio del piso 45 anda Octavio Romero, pequeño y asustado como un ratón por los tronidos que han dado las calificadoras al desempeño de Pemex. En México el presidente goza de una aceptación inusitada. Los mercados internacionales no comparten el entusiasmo de la banda AMLOVER – ni siquiera por su letanía de buenas y sanas intenciones- . Es más, cada vez que Andrés dice algo que anima al pueblo las calificadoras -como Fitch, Moody’s y Standard & Poor’s- rugen embravecidas y nos sacan del salón. Cada vez nos va peor en sus evaluaciones.

Andrés tiene razón  al decir que no todo lo que brilla es oro. El desempeño probo del gobierno y sus empresas deben tener algún valor. El desatino de este juicio radica en no ver quién hace la valuación y por qué. Estas calificadoras se dedican a ponderar la capacidad de cumplimiento crediticio de los agentes económicos, para ello se fijan en la solvencia de estos agentes para cumplir sus compromisos financieros. Ser pobre pero honrado no amerita una buena calificación crediticia por parte de ellas. Y para peor de males Pemex hoy es cada vez más pobre pero no más honrado.

No es la primera vez que Pemex truena y se va a segunda vuelta e incluso extraordinario. Aunque Pemex empezó 2013 con un aumento  en su calificación (BBB+ y A-) el burro de Lozoya no hizo bien su tarea y con él bajó a BBB-. Lo cual no es palmariamente reprobatorio pero comienza a ser mediocre. Todo buen matado hubiera apelado la calificación ante su profesor. Tal vez alegaría “que estudió mucho” y que no entiende su calificación. A eso correspondería una respuesta como “¿Qué parte del 5 no entendiste? Los palitos o la bolita”. Así como en un examen no son de primera importancia los desvelos ni los esfuerzos del evaluado, una calificadora no se tienta el corazón porque un agente económico tenga calidad moral. Lo que está en juego es si puede pagar lo que debe o no. Las calificadoras no son hipócritas. Simplemente no viven en el confesionario ni se encargan de la rectitud espiritual de los que piden dinero del público.

Para salir bien en los exámenes de las calificadoras rapaces no importa si Pemex es bueno o malo; importa si es buen o mal pagador. ¿Qué haría que Pemex fuera solvente? Buenos negocios. ¿Qué podría ser un buen negocio? Lo que más utilidades deja. ¿Qué deja más dinero en la industria petrolera? Bajo ciertas condiciones la exploración, la producción y la consecuente comercialización del petróleo crudo. ¿Qué es lo que menos deja en esta industria? Bajo toda circunstancia la refinación, la cual es considerada como un mal necesario para la transformación del petróleo crudo para productos petrolíferos de uso final. Todas las cochinadas que consumimos deben pasar por la ardua etapa de la transformación industrial antes de llegar a nuestras manos pero eso no quiere decir que la refinación en sí sea rentable. Para ser claras es como si horneamos un pastel. La actividad de cocción no es rentable, lo que es rentable es la venta del pastel con todas las confecciones que se le ocurran al repostero.

Andrés quiere un horno nuevo. Y quiere un gran horno. Y no solo quiere un gran horno, sino uno para hacer pasteles baratos que gusten al pueblo. O sea, quiere gastar mucho para vender barato. ¿Dónde está la ganancia? Esta pregunta tan simple es la que se hacen las calificadoras. No ven por qué alguien usaría el dinero de los demás para perderlo. Esa es la obligación de estas agencias. Si Andrés les chilla y les explica que tiene que producir gasolina barata porque el pueblo de México no tiene pan, Fitch, Moody’s o S&P le dirán como Maria Antonieta, en defensa de los derechos de los acreedores de Pemex, “que coman pastel”.

Corrupción o Mercados. El falso dilema.

¡Todo es culpa de los neoliberales! Cada vez que Pemex vuelve a pasar de panzaso las evaluaciones de las calificadoras es culpa de las deformaciones causadas por los tecnócratas de lente de pasta, pelo engominado para atrás y del ITAM. Esas ratas de Río Hondo merecen la pena de muerte por haber hecho de nuestros titanes energéticos unas piltrafas. Fueron ellas las que entregaron el patrimonio nacional a cambio de un plato de lentejas muy vil. En el mercado energético abierto en México los que resultaron ganones fueron las empresas que se sirvieron petróleo, gas y electricidad con la cuchara grande.

Corrupción o mercado ¿cuál elegir? Es como si los mercados tuvieran implícitos la corrupción, el abuso y el desfalco y que para librarnos de la primera fuera por fuerza necesario recurrir al Estado como el mejor propietario y empresario de nuestros bienes energéticos. Nada es menos plausible y pocas cosas son más falsas. Muy poco ha hecho el Estado Mexicano por combatir la corrupción y menos cuando se trata de la industria energética. Las dolencias de Pemex y CFE pueden atribuirse a gobiernos estatistas como el de López Obrador. Se parecen más ciertas políticas públicas de AMLO a las de Tatcher y Reagan que las que tuvieran Peña, Calderón, Fox, Zedillo y Salinas. La ironía es que nuestro presidente en turno se parece más a quien critica y menos a quien elogia. Fueron Reagan y Tatcher los que en su momento propusieron un Estado mínimo, despidos de burócratas y recortes sustanciales a los programas de asistencia social. Andrés incluso le ha dado la espalda a las organizaciones no gubernamentales cuyos miembros lo apoyaron en su campaña y votaron él y su partido. Imaginamos que muchos de ellos se estarán repitiendo ¿WTF?

Que no nos digan, que no nos cuenten. Los gobiernos que Andrés llama neoliberales han estado muy lejos de serlo. Ningún neoliberal que se precie de serlo hubiera permitido que fuera el Estado y no el mercado el propietario y empresario de los medios de producción de los energéticos. En palabras menos mamonas, Milton Friedman se estará revolcando en su tumba por haber sido comparado con Peña o Fox por haber una brecha inconmensurable entre los coeficientes intelectuales entre el del primero y los de los últimos. Para constatarlo basta observar la conferencia intitulada política energética del gran flaco Friedman donde dice que el dilema no está entre elegir el mercado y la corrupción, sino entre el mercado político y el mercado económico. Friedman, como buen judío liberal, primero se hubiera rasgado las vestiduras antes de enterrar a Pemex y CFE en la sepultura del Estado. Sin saber lo que podría opinar imaginamos que Milton nunca hubiera accedido a tener una gobernanza dictada por burócratas y el sindicato como la de Pemex y la de CFE. Esa gobernanza es para un mercado político y no para uno de bienes y servicios.

Ahora bien, si de corrupción hablamos no existe la reducción hasta el absurdo que hace el presidente entre el neoliberalismo y la misma. Los neoliberales amamos la competencia y las eficiencias que pueden dimanar de la libertad de mercado y la corrupción restringe esta libertad. En ese sentido la actuación de todos los gobiernos de los presidentes que hemos mencionado han distado de ser liberales, neoliberales o cualquier cosa que se les parezca. Ofende que a Peña le llamen un neoliberal, cuando pocos presidentes han promovido como él, el detestado y nunca suficientemente denostado “Capitalismo de los Cuates”. Ha sido este círculo de amigochos el que se ha llevado contratos suculentos con Pemex y CFE. Muy lejos de una auténtica dinámica de libre mercado. El conservadurismo de los círculos de poder en México ha sido antagónico a la multiplicación y diversificación de los actores en el sector energético. No podría haber una tendencia menos neoliberal que ésta.

Tal vez para el presidente ser neoliberal es ser corrupto. Se equivoca. El neoliberalismo es una ideología política y económica que requiere de mucho estudio para ser asumida. Ser corrupto no es otra cosa que una conducta inescrupulosamente egoísta. Nada que ver una costra con osa.

El oso es del presidente que, cuando pretende ganarse un espacio en el mercado político culpa a una élite política a la que él mismo ha pertenecido. Todos los gobiernos de México se han preocupado más por vender en el mercado político que en impulsar un mercado eficiente de bienes y servicios energéticos. La razón es muy sencilla: el mercado político sujeta a los individuos a la voluntad estatal, mientras que el mercado económico puede ser un contrapeso al poder estatal.

¿Cuál prefieres?

El pozo milagroso. Los megadescubrimientos en México.

Este país es prolífico en sus ficciones. La narrativa mexicana ha sobresalido por su imaginaria fantástica y su colorido. Estas ficciones también existen en la industria petrolera. Sus autores han sido funcionarios públicos y de Pemex. Estos personajes disfrutan de encantarnos con historias muy apasionantes de megadescubrimientos de donde fluirá el maná que nos dará prosperidad eterna. En todos los sexenios desde el magnífico descubrimiento de Cantarell se han anunciado hallazgos petroleros inconmensurables. De un día a otro México amanece con reservas renovadas y con producción prometida multiplicada, como los panes y los peces que nos proveyó el Señor.

 Casualmente, estos descubrimientos se han hecho en momentos muy peculiares. Por ejemplo, el día antes o justo cuando se hace el informe presidencial súbitamente hay una multiplicación prodigiosa de barriles. Basta con esperar al 31 de agosto de cada año para volver a contar con la seguridad energética. También cuando terminan los diferentes sexenios aparecen de la nada mantos inconmensurables de hidrocarburos cuyo aprovechamiento dependerá de la administración siguiente. Entonces, si el gobierno entrante no desquita el milagro será cosa de éste.

Así sucedió con el magnífico Maximino, del cual tuvimos noticias en el último informe del presidente Felipe Calderón. Es de imaginarse que las cubas se le pasaron junto con los barriles. En su momento, se predijeron reservas de entre 674 a 1,569 millones de barriles, lo cual es “harto” petróleo. Se estimaba entonces que con este pozo se habían ampliado nuestras reservas en 10 años. Una de las partes más bonitas de este cuento es que Maximino es un pozo que se perforó a una profundidad de 2,922 metros de tirante de agua. Esto es, cuando Pemex no tenía ni un ápice de experiencia en operaciones petroleras en aguas ultra profundas. Las empresas más avezadas en este tipo de proyectos tardan entre ocho y diez años para hallar crudo. ¡Y Pemex demoró tan solo 2! Sin embargo, hoy la producción de Maximino es nula. No debió haberse llamado Maximino, ni siquiera MaxiMÍNIMO es, más bien, MaxiNULO.

Otra historia fantástica también debida a Calderón fue el potencial del mega campo llamado Chicontepec, cuya producción diaria fue inicialmente estimada en 700 mil barriles diarios y hoy mucho lamentamos reconocer que cuando Chicontepec era la tierra prometida durante el sexenio de Calderón éste producía 67 mil barriles diarios. Mientras que en 2018 cerró con 26 mil. Queda poca duda de que con Chicontepec a Calderón se le hizo la boca chicharrón.

El sexenio de Calderón fue especialmente prolífico en pozos milagrosos, no tanto en número, pero sí en tamaño. ¿Será porque ese gobierno logró una reforma energética insignificante? La reforma que no logró atraer empresas a operaciones en aguas profundas fue la misma del presidente que más descubrimientos hizo en las mismas: Trión, Supremus, Lakach, por mencionar los más importantes.

Peña también tuvo momentos de gloria, aunque de menores dimensiones. En este sexenio también se anunciaron con bombos y platillos sendos descubrimientos de Pemex y las empresas ganadoras de las Rondas.  Cuando de Pemex se trata hablamos de los cuatro descubrimientos en el litoral de Tabasco, anunciados justo en el Congreso Mexicano del Petróleo por el siempre abominado, nunca suficientemente aborrecido Ex Director General de Pemex Emilio Lozoya Austin. En ese momento se robó las cámaras, poco después unas cositas más. Luego siguieron los megadescubrimientos de Amoca-3, en aguas someras del Golfo de México frente a las costas de Campeche. La empresa aseguró que del pozo saldrían de 30 a 50 mil barriles diarios de petróleo crudo. Se trata del primer pozo potencialmente productivo perforado por un operador distinto a Pemex. Inicialmente se estimó que produciría en 2017 pero se ha pospuesto para 2019. Como dijo el ciego, ya veremos.

Otro pozo es el muy comentado Zama cuyo taladro pertenece a Talos, entonces con Premier y Sierra. Ahora, este último socio ha sido sustituido por DEA Deutche. La producción esperada es de 150 mil barriles diarios a partir de 2021 o 2022 (o échenle a 2023). De este pozo se colgó el milagrito también Pemex, el cual argumentó que se trataba de un yacimiento compartido. Por esta razón Pemex celebró el primer contrato en el que Talos y Pemex explotarán conjuntamente este yacimiento. Estos son los llamados contratos de unificación que evitan el denominado efecto popote.

Para cerrar con broche de oro el sexenio de Peña hubo el apoteósico anuncio de Ixachi, el cuarto yacimiento de gas más importante del mundo. Dado que en ese momento el precio del gas  estaba a 3.54 USD/Millón de Unidades Térmicas Británicas (MM BTU) podría decirse que Pemex encontró el cuarto yacimiento más grande de cacahuates a nivel mundial pero qué hay de malo en eso cuando nos gusta el pinole, que precisa de mucha saliva para ser tragado.

Muchas empresas en el mundo inflan sus hallazgos, tanto que la práctica tiene un nombre: Pump and Dump. El Dr. House diría que cuando de descubrimiento se trata todos mentimos. El factor distintivo es la razón por la que mentimos. Las empresas que practican el pump and dump lo hacen para mejorar el valor de su acción, lo cual, de ser descubiertas podrían ser gravemente sancionadas por los reguladores del mercado de valores. El caso de Pemex es distinto, tal vez más inocente pero igualmente perverso. La empresa improductiva del Estado cuenta cuentos para ganarse los afectos del pueblo. La cruda realidad es que nuestra producción, tras tantos magnos descubrimientos sigue de picada. Esperamos que nuestra incredulidad detenga las fantasías y que en lugar de ir de oso en oso Pemex pase de pozo en pozo.

Fin del cuento.