Del plato a Dos Bocas se cae la sopa: El affaire de la Rechinería en Tabasco

Odiamos afirmar: ¡Se los dijimos! Y no se los dijimos las Energeeks, sino la comunidad entera de analistas del sector. Es más, parecíamos coro de tragedia griega vaticinando la deserción del proceso licitatorio para la construcción de la mentada refinería de Dos Bocas. Dijimos incansablemente que 8 mil millones de dólares NO serían insuficientes para una obra así de faraónica. Mal gastamos la saliva al repetir, hasta la náusea, que tres años no alcanzarían para la terminación de este monumento a la necedad. Todo esto sin considerar que el proyecto no tiene o carece de cualquier justificación económica fuera de la presunción infundada de que este presidente sí podrá bajar el precio de la gasolina.

No bastaron el sinnúmero de advertencias que hicieron analistas nacionales y del resto de la orbe. Tuvieron que ser las mismas empresas convocadas a la licitación, las que le hicieran el feo a la invitación del gobierno a construir una refinería por ese monto y dentro de ese plazo. Con un plumazo rechazaron las pretensiones del presidente de que dicho armatoste podía construirse en tan poco tiempo y por tan poco. Las empresas que tanto cacarearon Andrés Manuel y Rocío, les voltearon la espalda con sus propuestas económicas. La empresa KBR fue la más modesta al pedir aproximadamente 10 mil millones de dólares. Mientras que la más cara fue la de Worley Parsons con aproximadamente 12 mil millones. La empresa Technip de plano nos dio las gracias y declinó participar. En suma hubo unanimidad en que no había disposición para hacerlo por el monto y dentro de los tiempos establecidos por el gobierno en la bases de licitación. En lenguaje vernáculo, que por cierto le place usar al presidente, ¡todas nuestras invitadas nos pintaron mocos!

La pintada de mocos en sí no fue sorprendente. Acaso lo fue la nunca suficientemente criticada y por muchos denostada necedad del presidente. Si sobre el sexenio pasado The Economist se hizo célebre por su inolvidable frase “No entienden que no entienden”, de este gobierno podría decirse que no entienden, que no entienden, ni quieren entender que no entienden nada. No se trata de necedad pura con capacidad intelictiva. Estos changos no entienden porque no pueden y porque no les sube el agua al tinaco, anunciaron que la obra la harían Pemex y SENER y ahí sí a todos nos dejaron con la boca abierta que, con este calor, se nos llenó de moscas al grado de que no nos salían las palabras para comentar semejante insensatez. Durante los últimos 50 años Pemex ha subcontratado toda su ingeniería, procura y construcción. Esto en sí no es malo. Todas las grandes empresas petroleras no se dedican ni a la ingeniería, ni a la procura, ni a la construcción de sus propias refinerías porque simplemente no es su línea de negocio. Otra cosa es que Pemex lo ha hecho sin hacerlo bien. En el último medio siglo Pemex se ha convertido no solo en un administrador de sus propios contratos, sino un mal administrador de los mismos, de ahí que muchas de nuestras relaciones contractuales se compliquen y terminemos agarrados de las meras greñas con las empresas contratistas. Pemex ni siquiera es un buen administrador de contratos, mucho menos ha demostrado ser una empresa que gestione y además realice obras altamente complejas.

A esta observación respondió todo un coro de ingenieros indignados. ¡Que cómo nos atrevíamos a negar el talento mexicano! Que si no sabemos que Pemex ha construído ya seis refinerías. ¡Que cómo nos atrevemos a despreciar el llamado a la sangre del presidente y de la secretaria de energía!

Pues no fuimos los archimentados neoliberales y conservadores los únicos en despreciar el talento nacional. Hace un par de días la Secretaria Nahle dijo de viva voz que ni el presidente, ni ella habían delegado esta tarea a Pemex y a la Secretaría de Energía; que estos dos solo “se encargarían de la coordinación del proyecto”, en otras palabras el gobierno tendrá que contratar la ingeniería, procura y construcción de la refinería. ¿Por cuánto? ¿Para cuándo? Continuará.

De CRE-yentes a CRE-tinos

Más le hubiera valido a la Comisión Reguladora de Energía permanecer en el anonimato que pasar a la ignominia. Por la comparsa en la designación de la última camada de comisionados el público volvió a fijarse en la por siempre ignorada, nunca suficientemente desconocida Comisión Reguladora de Energía. Para recapitular esta muy desdichada crónica recordemos la entrada número 13 de Energeeks en donde narramos los acontecimientos entorno a las comparecencias para comisionados de la CRE cuyos resultados dejaron un sabor tragicómico en los labios de los mexicanos. Pues bien, conforme a derecho el presidente puede enviar un nuevo juego de ternas para una segunda comparecencia luego de la cual, si los candidatos son rechazados, el titular del poder ejecutivo podrá hacer una designación directa para estos cargos. Para sorpresa de algunos y no la de otros, el presidente recicló a los mismos candidatos pero en diferentes ternas. En el sentido más clásico de la expresión, fue la misma gata pero revolcada. Y si de revolcadas hablamos esto fue lo que sucedió en esta segunda comparecencia. Los revolcaron a todos o se revolcaron solitos. En una profecía autocumplida los candidatos del presidente volvieron a tronar sus párvulos exámenes, cuyas preguntas debemos subrayar tampoco eran idóneas para expertos en dirigir conductas económicas en mercados regulados. No hubo aprobación de la cámara alta para el nombramiento de estos personajes por lo cual  el presidente sacó su dedo y estampó su huella. Porque él dijo “Quedan porque quedan”, quedaron los que quedaron. Y por eso estamos como estamos.

El procedimiento en el senado dejó muy satisfecho al presidente, quien se refociló con el rechazo a sus candidatos como si se tratara del máximo suspiro del aliento democrático en México. Cuando una senadora propone nombres, como Rosa Melcacho a la usanza de los pubertos, sabemos que la oposición en lugar de estar madura aún sufre de barros y espinillas. A preguntas bobas de los senadores siguieron respuestas proporcionalmente lastimosas de los candidatos. ¿Esto es digno de celebrarse?

Bobos como fueren los senadores, el procedimiento tiene su lógica. Cuando al presidente se le rechaza una terna o las que presentare, como fue el caso, a éste se le debe de dar la oportunidad de presentar otra más. El sentido de esta segunda oportunidad no es únicamente para el presidente, sino también para el senado para que éste revise otro elenco de candidatos. Sin embargo, este elenco no cambió y el senado no tuvo segundas opciones. El presidente se encaprichó con sus candidatos como adolescente. Tan se encaprichó que no esperó un día más. Enseguida palomeó la designación directa.

Hágase mi voluntad.

Quien suponga que el presidente desde un inicio, y con lujo de todo cálculo, designó a los candidatos para que fueran rechazados dos veces para que luego pudiera designarlos directamente, le dan demasiado mérito. En cambio, nosotras pensamos que por su profunda ignorancia de lo que hace un regulador, y de éste regulador en particular, Andrés Manuel sincera y, desde el fondo de su alma, realmente piensa que estos son los candidatos idóneos para el puesto. Eso es más alarmante que elucubrar que eligió a una manga de cretinos para manipularlos.

De CRE a EX-CRE-MENTO: ¿Cómo hacer caca a un regulador en menos de 100 días?

Alguna vez el liderazgo de la CRE lo tenían puros Pacos (Paco Salazar y Paco Barnés). Luego lo tuvieron los Memos (Memo García y Memo Zuñiga). Hoy la es la Comisión Reguladora de los Memes. Ya no hay Pacos, los Memos están menospreciados pero ¿qué tal los memes? Los sucesos recientes vaya que han dado inspiración.

Nunca antes la Comisión Reguladora de Energía había sido semejante foco de atención popular. Creemos inusitados los comentarios de los cibernautas sobre las comparecencias de los candidatos a comisionados así transmitidas por los medios de comunicación. Todo mundo disfruta ver en vivo como un funcionario público encarna el estereotipo del asno proverbial. Pero estos burros se volaron la barda y se salieron del corral hacia otros parajes que ni a la imaginación se le antojaron. Cualquiera que hubiera visto una película o serie que retratara al género humano en la cima de su imbecilidad se hubieran quedado cortos. Ante tal escena las Energeeks hubiéramos dicho: ¡Ay no ma…!

Fue cierto. Fue real. A preguntas muy básicas siguieron respuestas supinamente estúpidas. De las respuestas se ha dicho todo: el CEL, la definición de Wikipedia, la ignorancia sobre las funciones del CENACE. Duele que un anciano se haya expuesto a decir que, como ya era nonagenario, y que por esta razón carecía de ambiciones políticas, era ideal para el puesto. Es inconcebible que hayan mandado a este old timer al matadero. De las preguntas, por otra parte, no se ha comentado casi nada. Tan lastimosas fueron las respuestas de los sustentantes que se robaron los reflectores de las preguntas tan bobas de los senadores quienes evidentemente confunden la comparecencia de posibles funcionarios públicos del más alto nivel con un examen de regulación de segundo semestre de licenciatura.

No hablemos más de lo que debieron decir o callar los candidatos porque de ellos los mexicanos hicimos leña. Charlemos un rato del papelón de los senadores, sí, incluso de la luminosa nunca suficientemente enaltecida Xóchitl Gálvez, quien asumió el papel de la maestra Ximena en el “Carrusel de Niños”, en este caso carrusel de honestidad e ilusión. Las preguntas que en todo caso se debían haber hecho son las relativas a tomas de decisión de un regulador como: ¿qué haría usted para agilizar los procedimientos de temporada abierta para dar acceso a los ductos y a las TAR de combustible? ¿cómo justifica usted las tarifas tan bajas que resultaron de las subastas eléctricas? ¿considera que estas tarifas tan bajas fueron efecto de prácticas anticompetitivas? ¿cómo estimular el transporte de gas a menor costo para CFE?  por último ¿consideraría usted que la liberalización del precio de la gasolina fue prematura en vista de la inmadurez del mercado?

Estimados lectores: si ustedes no tienen la más peregrina idea de las respuestas a estas preguntas, descuiden. Tampoco la han tenido muchos de los comisionados de la CRE, ni los pasados, ni mucho menos los futuros. Esta es una institución que ha ido de picada y que ahora está en vías de extinción. De Francisco Barnés (otrora rector de la UNAM) al chavo guarura hay un salto abismal.

Guillermo García Alcocer no hizo comentario alguno sobre las comparecencias. Tan solo se limitó a hacer una observación sobre el sesgo hacia la industria de los hidrocarburos entre los candidatos. Esto lo debe haber tomado muy a pecho el presidente quien no tardó en hacer el señalamiento ya prototípicamente clásico de su mandato. Cuando el presidente quiere hacer caca de algo o alguien saca el dedito y exclama: “Eh un corrupto y tiene conflicto de intereh”. Luego, luego iniciaron las acusaciones que, además de infundadas, violan el más elemental principio de inocencia que hasta hace unos días privaba en nuestra Constitución. Ahora la más simple sospecha de corrupción implica expedito traslado a prisión preventiva. Esta es una artimaña digna, ya no de Hugo Chávez, sino de José Stalin. Es tomar el terrorismo estatal como arma para saldar deudas personales.

La crisis en torno a los órganos reguladores, que de por sí era trascendente, nos llevó a presenciar la pesadilla máxima de un régimen autoritario. Un presidente que castiga lo que él interpreta como un desafío con los fierros de la persecución y la injuria no tiene idea de cómo gobernar una sociedad libre. Rascar en la vida personal y los lazos familiares para hacer imputaciones de la mayor gravedad es un acto temible, no solo para quien lo sufre, sino para todos los que podríamos ser perseguidos por disentir. No es solo la CRE la que se hace caca entre las manos de un gobierno ávido de control. Es también nuestra libertad.

De lo que debemos hablar cuando hablamos de Reguladores -ter

Esta vez Energeeks informa desde Costa Rica, tierra verde y volcánica, propia para hablar del órgano regulador de Seguridad Industrial y Protección al Ambiente. Y sí, esta vez le toca comentario al único órgano regulador no coordinado del Sector Energético: la Agencia Nacional de Seguridad Industrial y Protección al Ambiente, mejor conocido como ASEA, cuyas siglas revelan más un servicio de intendencia que una agencia de esta naturaleza.

Recordemos de donde viene la ASEA, antes ANSIPA, siglas más dignas y descriptivas de sus funciones. La creación de una agencia de seguridad industrial y protección al medio ambiente en México proviene de la reforma de 2013 en la que copiamos y pegamos la idea gringa de separar los reguladores de hidrocarburos (CNH y CRE) del regulador ambiental.  Tras el estallido de Macondo, el pozo que perforaba BP, que no el pueblo de García Márquez, los estadounidenses se percataron de que la fusión de la regulación económica con la ambiental, y de seguridad industrial, implicaba en sí un conflicto de interés. ¿La razón? Porque el regulador económico tiene como objeto la captación de los máximos ingresos al Estado mientras que el regulador de seguridad y protección al ambiente busca beneficios que no son en metálico. Digamos, pues, que al regulador económico le interesa jalar lana para el Estado, mientras que el otro regulador dice “no a expensas de la seguridad industrial y del medio ambiente.”

El reventón y derrame de Macondo, ocurrido en 2010, en el otro lado del Golfo de México, hizo evidente este conflicto de interés. En ese entonces, el Mineral Management Service era el único regulador de exploración y extracción costa afuera en los Estados Unidos.  Al hacerse el dictamen de esta tragedia, en la que se vertieron 4.9 millones de barriles de crudo, quedó claro que el regulador que busca la perforación ágil y agresiva de pozos no debe ser el mismo que vigila las mejores prácticas de seguridad industrial y protección al medio ambiente. Así, MMS fue desaparecido y en su lugar fueron creados BOEM (Bureau of Ocean Energy Management) y, por otra parte, el Bureau of Safety and Environmental Enforcement (BSEE), el segundo de los cuales está específicamente dedicado a la procuración de la seguridad industrial y protección del medio ambiente de las actividades extractivas de hidrocarburos costa afuera de jurisdicción federal.

Nuestra ASEA hace lo que BSEE y mucho más. En primer lugar, BSEE regula únicamente actividades extractivas, costa afuera y de jurisdicción federal. Recordemos que Estados Unidos es una federación en serio y que los estados tienen extensísimas facultades en estas materias por lo que BSEE ahí no mete ni la nariz. En cambio, en México, cuya energía es centralista a más no poder, concentró en ASEA todas las actividades de hidrocarburos y todas las competencias.  Es decir, la pobre ASEA vela por la seguridad industrial y protección ambiental de toda la cadena de valor de hidrocarburos, desde que el barril sale de la madre tierra hasta que es vertido en el tanque de nuestro automóvil. ASEA debe vigilar todo el proceso, desde que la molécula sale del pozo hasta que mueve el volante.

Los hacedores de políticas de organizaciones y políticas públicas les encanta diseñar agencias plenipotenciarias, como la ASEA, sin asignarles recursos –ni materiales, ni financieros, ni humanos. Uno hubiera pensado que, a partir de la reforma de 2013, la ASEA, entonces dignamente encabezada por Carlos de Régules, iba a recibir un ejército de especialistas y un presupuesto a la medida de su encargo. Pero no. La ASEA se echó a andar con un centenar de funcionarios algunos de los cuales, fuera de toda broma, iniciaron labores sin siquiera un escritorio. Parece que el gobierno de Peña no se tomó en serio lo que propuso al crear un órgano sumamente recargado de asuntos sin posibilidades de despacharlos a cabalidad. Tenemos una BSEE, con muchas más competencias, en versión Región 4.

Las posibilidades de que ASEA crezca y se fortalezca ahora en la república amorosa son dudosas en el mejor de los casos. En primer lugar, a AMLO no le gustan los órganos reguladores, aunque ASEA no goza de la autonomía de CNH y la CRE, y sigue siendo un órgano desconcentrado del la SEMARNAT.  Así que a la ASEA le asiste que está bajo la línea directa de mando del Presidente. Por otra parte, si éste último se toma la ASEA en serio, tendrá que invertir mucha lana en recursos materiales y humanos. Para vigilar la seguridad industrial y el medio ambiente de toda la cadena de valor de los hidrocarburos en todo el país, ASEA tendría que crecer como las habichuelas de Jack, en todos sentidos, y eso no es consistente con la austeridad republicana. Menos aún con los recortes en el presupuesto para medio ambiente de 2019.

O quizá la Secretaria del Medio Ambiente,   Josefa González Blanco Ortíz Mena, le prescriba a Luis Vera Morales, actual Director General de ASEA, que se asista de los Aluxes para cumplir con su encargo.

¿Te pareció interesante la ASEA? Opina sobre qué debemos hacer para mejorar la seguridad industrial y la protección al medio ambiente.

De lo que debemos hablar cuando hablamos de Reguladores -bis

¿Creer o no en la CRE? Esa es la cuestión. El nuevo gobierno ha apuntado con dedo flamígero al más viejo regulador de la energía en México: la Comisión Reguladora de Energía. Este valiente y ya no tan nuevo regulador fue creado hace 25 años. La CRE vino al mundo como un órgano consultivo de la Secretaría de Energía en 1993. Sin embargo, renació por medio de su ley propia en 1995 ya como un órgano regulador de ciertas actividades de gas natural y de menor grado del sector eléctrico. En la reforma de Calderón fue dotado además con facultades de regular actividades relacionadas con el transporte, almacenamiento y distribución de petrolíferos, petroquímicos y biocombustibles. Estas facultades no fueron ejercidas porque no había un mercado que regular. ¿Qué hace un regulador si no hay competencia? Como en el caso de la CNH que comentamos en nuestra segunda entrada la CRE tenía un solo regulado: el viejo, nunca suficientemente ensalzado, por algunos aborrecido, Petróleos Mexicanos.

A falta de competencia, la CRE realizó tareas importantes aun antes de la Reforma Energética. Gracias a ella tenemos el corredor eólico más grande de América Latina. Es decir, la CRE ha sido y aún es pionera en el otorgamiento de permisos para la generación eléctrica con energías renovables. También ha facilitado el tendido de ductos de gas natural para suministrar a la industria mexicana y también a CFE.

En la reforma de 2013, la CRE fue dotada con facultades que ahora sí correspondían a un ambiente de competencia. Esta reforma sí pretende construir además del mercado del gas natural uno de petrolíferos, petroquímicos y biocombustibles. Para rematar, la CRE recibió nuevas responsabilidades en materia eléctrica. No solo otorgaría los permisos eléctricos como antes, sino también participaría en el diseño de metodologías para el cálculo de las tarifas eléctricas. Esta vez la CRE tendría un festín de nuevas competencias y un tsunami de asuntos por atender. Si hay en México un regulador muy ocupado, la CRE merece mención honorífica.

Hoy la CRE encara una realidad difícil. Por el aumento en el precio de las gasolinas y las erráticas tarifas eléctricas la CRE se encuentra en el incómodo resquicio entre la espada y la pared. Algunos funcionarios del nuevo gobierno incluso la usan como punching bag. El recién nombrado director de la Comisión Federal de Electricidad, Manuel Bartlett, incluso la ha sentado en el banquillo de los acusados para hacer enjuiciada por el pueblo por el aumento en la gasolina y en la luz. Más aun, este es un juicio con presunción de culpabilidad. Sin debido proceso Bartlett ha guiado al público a condenar a la CRE por el hueco en el bolsillo de los mexicanos.

Esta no es la primera vez que la CRE sufre acusaciones y ataques de políticos y de otros grupos de interés. La CRE no tiene como propósito que los precios y tarifas sean invariablemente bajos, sino que sean congruentes con los costos y utilidades esperados de quienes prestan los servicios y suministran los bienes. De lo que se trata es que los mexicanos ganemos y las empresas obtengan lo razonable dentro de su actividad económica. De la CRE depende que las empresas no esquilmen, pero tampoco le regalen sus bienes y servicios a los mexicanos.

Suena justo ¿no?

Esto que suena fácil no lo es. La tarea de la CRE es muy compleja e ingrata. Cuando las empresas reguladas quieren subir precios y tarifas y la CRE no las deja éstas se tiran al piso y amenazan con quebrar o desinvertir. Esta es una práctica no solo de las empresas privadas sino también de Pemex, que se ha quejado hasta la náusea de como el regulador le impide ganar dinero. Pero, si la CRE autoriza un aumento de precios y tarifas, entonces los consumidores arman tremendas pataletas. Es entonces cuando la CRE es vista como la enemiga del pueblo y se ordena su dilapidación en plaza pública. Acto seguido los políticos salen a señalar a los culpables de la infelicidad de todos: el maldito regulador que nada sabe y que a todos amuela.

Cuando hablamos de reguladores no debemos buscar culpables. Hay que entender para qué sirven y para qué fueron creados. En el caso de la CRE, ésta fue creada para que las empresas que proveen electricidad, gas, petrolíferos, petroquímicos y biocombustibles no abusen de la indefensa banda que los necesita sin ser estos hermanitos de la caridad. México no puede ser un país próspero sin la inversión de empresas energéticas, pero tampoco podemos permitir que nos vean la cara. La CRE debe fomentar las condiciones para que esto suceda. Si lo ha logrado o no hasta el momento es otra historia. Los fracasos no son razón para desecharla ni sus méritos para garantizar su permanencia. Se le debe exigir una curva ascendente en su desempeño. Esto no será posible en un ambiente en el que las condiciones de gobernabilidad sean menos que propicias.

¿Sabías lo que hace la CRE? ¿Te parece relevante?

¿Por qué la mantendrías o cerrarías sus puertas?

Queremos conocer tu opinión.

De lo que debemos hablar cuando hablamos de Reguladores

Casi nadie sabe para qué sirve un regulador. Por qué deben existir.  A veces ni siquiera los mismos reguladores saben cuál es su verdadera función. Estamos en una coyuntura realmente apretada en lo que toca la situación de los reguladores energéticos en México. Por esta razón es importante la reflexión sobre su sentido y de ahí decidir si nos convienen o no. Ciertamente, nadie quiere tener ni mantener más burocracia de la estrictamente necesaria.

Recordemos un poco de cómo surgen estos órganos y para qué han servido. Comenzamos con el más joven, la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH). Ésta nació en el contexto de la Reforma Energética de 2008, cuando sin una razón clara, tanto el gobierno de Calderón como el Congreso decidieron que había que contar con un regulador técnico para la exploración y extracción de los hidrocarburos en México. En ese momento la creación de la CNH parecía un simple antojo político. Al no haber competidores para Pemex el contar con un regulador para un solo regulado parecía caprichoso. Y aun cuando la CNH podía expedir normas técnicas y emitir dictámenes y/u opiniones sobre distintas actividades extractivas de Pemex, no se entendía bien por qué eso no lo podía hacer la ya existente Dirección General de Extracción de Hidrocarburos de la SENER. No se veía el sentido de crear una institución paralela a esa dirección ni se entendían justificados los costos. Parecía que a Juan Carlos Zepeda, presidente de la CNH hasta hace unos días, le habían comprado un escritorio más caro pero no más útil.

Todos esperábamos que Zepeda estuviera a las órdenes de Georgina Kessel quien había asentido a la creación de la CNH pero de ninguna manera le hacía gracia que la CNH existiera como una instancia aparte de la SENER y que podría ser un contrapeso. El chasco fue cuando Zepeda se tomó en serio su trabajo y se salió del huacal de SENER. Por primera vez en la historia de Pemex la CNH osó contradecir sus reservas y su potencial productivo en Chicontepec. Nadie en esta historia le había metido una zancadilla al gigante egoísta llamado Pemex, que se irguió lastimado ante la inferencia del regulador de que mentía. Los medios cubrieron la noticia con asombro. Goliat había encontrado su David. Desde ese momento los mexicanos tuvimos un regulador de exploración y extracción de hidrocarburos cuyo costo económico y social valiera la pena.

La suerte de la CNH cambió radicalmente con la Reforma Energética de 2013, cuando a las facultades anteriores se le sumaron la licitación y administración de contratos petroleros para Pemex pero también para sus competidores. Así durante cinco años la CNH se ha encargado de organizar los concursos y de elegir a los operadores más aptos para la extracción de nuestros recursos. Ahora debe de administrar los contratos que ha otorgado. Una acción muy importante de la CNH ha sido internalizar y administrar la información geológica de nuestro subsuelo, de forma tal que Pemex ya no pueda usarla ni manipularla de forma anticompetitiva. La CNH ha abierto esa información en igualdad de condiciones a todos los competidores y con el desarrollo del mercado se espera que Pemex disminuya su poder monopólico sobre esa información. En poco tiempo la CNH ha hecho mucho con poco. En un ambiente de precios bajos del crudo adjudicó más de 100 contratos sin que estos últimos hayan sido perfectos. La imperfección contractual y los precios bajos pudieron haber resultado en licitaciones muy deslucidas. Sin embargo, la CNH se posicionó como un regulador respetado en el mundo que le mereció la confianza de los inversores.

Sísmica Golfo de México

Si nos quedamos sin un mercado de áreas de exploración y extracción de hidrocarburos tal vez ya no tenga mucho sentido tener un regulador. La pregunta es ¿Nos conviene quedarnos sin ese mercado? ¿Podemos volver a entronizar a Pemex como el único terrateniente petrolero en México? La vastedad de nuestra riqueza y las limitaciones de los recursos financieros y humanos de Pemex nos hacen pensar que no. México es un país demasiado grande y demasiado rico para ser operado por una sola empresa, sea del Estado o de cualquier otra persona. Nuestro potencial es importante. Agradezcamos que es así y hagámosle justicia, no a Pemex, sino a nuestro patrimonio natural. Al elegir quienes lo extraen. Esa es la función de CNH.

Este post continuará. En nuestra próxima entrada hablaremos sobre la Comisión Reguladora de Energía (CRE).

Queremos conocer sus opiniones. ¿Conocían la historia de CNH?

¿Qué otros temas sugieren?

Día de entregas

No todo sucede por algo, pero la primera entrada a este blog coincide con el día de entrega del equipo que logró la aprobación de la Reforma Energética y los inicios de su implementación.  Es nuestra primera entrada no por coyuntura sino por desidia; hace muchos meses que nos proponemos arrancar este blog. En cambio, nuestros colegas del Sector Energético lograron lo que fue inconcebible por décadas en tan solo cinco años. Más tiempo nos tomó a nosotros iniciar un blog que a ellos armar y llevar a cabo licitaciones petroleras en las que se comprometieron decenas de miles de millones de dólares.

Estamos a muy buen tiempo de iniciar este blog y a muy mal tiempo de ponerle freno a la Reforma Energética. Esta es, al menos, nuestra postura. Pero aquí se vale opinar lo contrario. Quien quiera puede sostener que esta Reforma no ha servido para nada o también que le ha servido a los peores. Lo único que pedimos es que las opiniones se viertan sin animus ferendi y con la cabeza. Estamos en tiempos de mucha víscera y el Sector Energético requiere más cabeza que tripas y corazones. Esta es una invitación abierta a abandonar los discursos polarizantes y a entrar a un debate franco y constructivo. Si no logramos ponernos de acuerdo eso no importa, lo que buscamos es poner los temas sobre la mesa.

El tema general del Sector Energía en México es hasta qué grado conviene y puede el Estado ser el garante de satisfacer nuestras necesidades de electricidad e hidrocarburos. Los invitamos a que dejemos de satanizar ya sea al Estado o al Mercado, sino a tratar de ponerlos en su debido sitio y proporción. Aquí nos cuesta juzgar al Estado o al Mercado como inmanentemente buenos o malos, ni tenemos apegos afectivos a uno o a otro. Al menos para algunas de las plumas de Energeeks tan bobo suena decir que amamos a Pemex o a CFE como afirmar que los mercados eléctricos y de hidrocarburos entibian nuestros corazones. Estamos más allá de esas valoraciones.

Lo interesante de los años venideros no será el grado de reproche o de descrédito que la próxima administración pueda sembrar en lo que es y ha sido la Reforma Energética. Lo notable será si ésta puede proponer algo mejor y diferente. Si su solución a los problemas que aquejan a los hidrocarburos y a la electricidad en México consiste en volver al modelo estatista que estuvo vigente durante 76 años, antes de la Reforma Energética, valdrá la definición de locura que dice “Locos son los que repiten una manera de hacer las cosas y esperan un resultado diferente”. No tenemos indicios que los gobiernos conformados por partido alguno sean buenos empresarios, ya sean honestos o villanos. Si el gobierno entrante quiere que CFE y PEMEX despeguen de su deterioro mas le vale que sus directivos, además de ser gente buena, también sean buenos empresarios. La bondad en sí no hace de una actividad económica una rentable.

Estamos en la frontera de un cambio de régimen. Y de nada nos sirve desgastarnos en denostar la lógica “neoliberal” sin proponer algo nuevo. Es verdad que lo que algunos llaman la tecnocracia neoliberal no proveyó las soluciones requeridas para un país con semejantes desigualdades, en lo energético y en lo general. El desafío es proponer algo diferente. Aquí todas las propuestas son bienvenidas.