Oportunidades son las que pasan mientras haces planes.

Feliz Año. ¿Será próspero? ¿Quién sabe? Si la riqueza de este país depende en gran parte de su industria energética tenemos de qué preocuparnos. El plan energético del gobierno de Andrés Manuel López Obrador es francamente regresivo, por no decir retrógrada. Es meter aceite nuevo en barriles viejos; es excavar en busca de fósiles; como los ancianos, no tiene dientes. Pareciera que el plan de este gobierno es no tener plan. Pero esto no es nada nuevo. En los sexenios pasados se decía que se emitían programas, planes y estrategias y tampoco pasaba nada. En México podríamos labrar en piedra la voluntad energética de cada gobierno y esperar nada de ello. Más han logrado las tablas de la ley, con los Diez Mandamientos, que recibió el profeta Moisés en el Sinaí. Nuestro primer mandamiento, entonces, debería ser “No escribirás nada que no puedas ejecutar”.

Los planes de AMLO para esta República Amorosa nos devuelven a lo que ha sido un largo vínculo monogámico con el Estado. Salvo el breve affaire con la libertad de mercado, que ha permitido la Reforma Energética, regresamos a casa para encontrarnos con nuestros cónyuges carilargos, aburridos, decrépitos y paupérrimos. Otra vez en la cama solo con CFE y Pemex. El solo pensarlo mata la pasión.

Si de taladros hablamos, de nuevo (o mas bien de viejo) nos espera la dupla entre Pemex y sus amigas empresas de servicios. El problema de este binomio no es únicamente el monopolio que se casa con un oligopolio ya muy conocido de prestadoras de servicios. El problema que sí es problema (haciendo paráfrasis de la sabiduría de nuestro filósofo guatemalteco) es que este binomio no sirve y que dejó de funcionar hace mucho tiempo. Con la combinación de un solo operador asistido por empresas de servicios encaramos una declinación brutal. Este punto es importante: no es la diversificación de operadores lo que ha causado que no encontremos, recuperemos y produzcamos más hidrocarburos. Al contrario, tenemos rendimientos decrecientes porque la diversificación aún es muy pequeña y no se nota. Podríamos hacer el experimento de dejar que la diversificación crezca por tan solo los 20 años siguientes durante el cual podríamos apostar a que en este tiempo habrá una curva ascendente en las reservas y en la producción. En cambio, si volvemos a lo que ya hicimos por casi 81 años es muy posible que sigamos en caída libre. Con una pluralidad de operadores en 20 años podríamos resarcir 81 años de agotamiento monogámico.

Sin embargo, el voto de confianza que AMLO le extiende a Pemex, a pesar de sus ínfimos resultados, no se lo da a empresas que han probado ser muy exitosas en otras latitudes. El presidente ya ha sentenciado que les dará tres años a los nuevos operadores para producir o perecer. Este término fatal es en lo sumo arbitrario porque no considera que algunos proyectos deben de fructificar en primavera cuando otros son otoñales. Un pozo en aguas someras como Zama I podrá estar listo para producir en meses. Mientras tanto, Exxon, según su contrato, iniciará las primeras perforaciones en aguas profundas este año, por lo cual si todo sale bien debemos esperar el beaujolais nouveau petrolero tal vez para fines de la segunda década de este segundo milenio. No es la misma la gestación de un gazapo que de un potrito. Cada una requiere de sus tiempos.

Por otra parte, cuando de la producción de Pemex se trata, el presidente le pide al pueblo bueno que le tenga paciencia pues aun, cuando se trate de campos que nuestra protegida empresa ya conoce bien, éstos podrían aumentar nuestra producción en los próximos tres a seis años. A ver: las empresas recién llegadas que perforarán lo ignoto de las aguas profundas tienen tres años para dar resultados; mientras que Pemex que debe conocer el subsuelo mexicano como ninguno merece la paciencia del pueblo. Esto es insolting and onaxeptabol cuando ya le tuvimos mucha paciencia a Pemex, el cual sin duda nos bañó de gloria pero ahora se encharca en el fango. El presidente se sigue refocilando en la Expropiación y en la Faja de Oro. ¿Y a Cantarell? Le deberíamos una mezquita, perdón una catedral, no menos, una basílica. Más que una guirnalda de oliva, las victorias de Pemex ya ameritan los Santos Oleos. Es fetichista aferrarse a un suceso geológico cuya vida útil perece.

Como exploradores parece que estamos perdidos, sin brújula. Como productores nos arrastramos en el desierto en busca del oasis perdido. Necesitamos compañeros de expedición para nuestras próximas aventuras petroleras. El matrimonio indisoluble entre Pemex y los mexicanos, por más que tuvo momentos de éxtasis está agotado.

¿Y tú que piensas? ¿Exageramos al decir que Pemex está agotado? Si no es así, ¿cómo revitalizarlo sin recurrir al viejo truco del estatismo?

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¿Por qué nos c…ga la Reforma Energética (y por qué no es tan mala idea)?

Para Reyna Grunstein

Promesas, promesas, promesas. De lo que más sabemos de la Reforma Energética es que no cumplió sus promesas. Nos sentimos palmariamente defraudados. Ni bajó la luz, ni bajó el gas, la gasolina está como lumbre y cada vez importamos más hidrocarburos. Para colmo de males tanto Pemex como CFE se encuentran en terapia intensiva con un pronóstico reservado. De cierto, Andrés Manuel le inyectará mucho más presupuesto a Pemex que el gobierno de Peña. Sin embargo, los aumentos presupuestarios a Pemex nunca han sido garantía alguna de un mejor desempeño. Por más dinero que le metan a Pemex de nada servirá si no hay un cambio de 180° en su gestión además de una purga de los parásitos que lo han dejado en los huesos. Esto ha sucedido por muchísimas décadas y no es justo decir que se debe a la Reforma Energética. Así, si vamos a detestar a la Reforma que no sea por la ruina de Pemex, sino a todos los gobiernos que hicieron con él un papalote.

¿Qué otras razones habría para detestar la Reforma Energética? Pues cada vez que pasamos a llenar el tanque a una gasolinera, ya de cualquier marca, cualquier persona medianamente sensible tiene un brote de urticaria. Póngase el color que sea, el tanque estalla en el bolsillo. ¿También se lo debemos a la Reforma Energética? Mala tarde, chavos. A los que debemos señalar es a los hacendarios pero también a los usuarios que hemos asumido que la gasolina barata, que por tanto tiempo consumimos, era un lujo y no un derecho. Los hacendarios controlaron el precio de la gasolina hasta su muy reciente liberalización de inicios de 2018. La liberalización fue una medida realmente desesperada frente al boquete fiscal que han dejado los bajos ingresos petroleros. De tal suerte, o Hacienda tendría que aumentar impuestos o bien incrementar el precio de la gasolina. Hemos de suponer que tener un módulo de cobro del SAT en cada estación de servicio es mucho más cómodo que fiscalizar a una población muy renuente a cumplir con sus obligaciones fiscales. Por lo tanto, si la gasolina quema hagámonos responsables de la parte que nos toca y dejemos de chillar los estragos de la Reforma Energética. Esta última no ha pretendido aumentar las importaciones que para nuestra desdicha pagamos en dólares. La pretensión de la Reforma ha sido multiplicar los proveedores para estimular la competencia y que eso nos permita surtirnos de quien se nos pegue la gana. Si la competencia es aún imperfecta es por falta de tiempo para la maduración del mercado. ¿Queremos tronar a Pemex? Sigámoslo recargando con la obligación de suministro de todos los combustibles para todo el país a precios controlados.

En exploración y extracción es falso decir que Pemex se quedó a un lado de los procesos de licitación de contratos. De hecho Pemex ha sido el mayor ganador de estos contratos con poco más del 10% del total de los licitados. Eso es sin contar las migraciones de asignaciones a contratos y las asociaciones, bobamente llamadas farmouts. Eso sucedió aun después de que en la Ronda 0 Pemex se llevó el 67% de las reservas probadas y probables y otro tanto de los recursos prospectivos. En suma, Pemex tiene un chingo de petróleo por explotar. Si no lo ha hecho, que la Nación se los demande, pero dejen de culpar a la Reforma Energética.

Para los verdes es preciso subrayar que gracias a las subastas de largo plazo para CFE, convocadas por el CENACE, entró el número más avasallador de empresas generadoras con recursos renovables y a tarifas de regalo. En este sentido la abominada, nunca suficientemente denostada, Reforma Energética ha hecho lo que ningún cambio legal por la sustentabilidad y la diversificación de la matriz energética nacional. Así que quien chille y jorobe que la Reforma es la entronización del CHALE GAS ha estado inhalado gasolina.

Foto de https://www.animalpolitico.com/2017/01/gasolinazo-pena-nieto/

Energeeks sospecha que rechazamos esta reforma por el gobierno de quien vino. Hay que estar en drogas para insensibilizarse a las desapariciones forzadas de Ayotzinapa, a las casas blancas, a las no tan blancas en Mali, a la mega estafa, a la estafa maestra y a la liberación de la maestra. Si Murillo Karam estaba cansado, los demás mexicanos estábamos hasta la madre. Con cada voto que recibió Andrés Manuel López Obrador se manifestaba un clarísimo y contundente “¡YA ME CANSÉ!”

¿Eso quiere decir que la Reforma Energética es chafa? Nel pastel, me canso ganso que los mercados son una manera democrática de proveer bienes y servicios. Le permite al consumidor elegir, tal vez entre lo menos malo, pero al menos elegir. La Reforma Energética no va a corregir las enormes desigualdades que aquejan a nuestro México donde con toda franqueza los beneficios de los mercados han sido limitados, más que nada por una lamentable política de redistribución del ingreso, corrupción y ceguera de los que más tenemos. Pero no todos los defensores de los mercados somos de palo o mala onda. Si somos liberales es porque creemos en la libertad y parte de ella se manifiesta en dejarnos elegir. Por eso pensamos que la Reforma Energética es buena idea.

¿Y a ti te c…ga la Reforma Energética? ¿En serio piensas que el estatismo es mejor?

Cuéntanos

De lo que debemos hablar cuando hablamos de Reguladores -ter

Esta vez Energeeks informa desde Costa Rica, tierra verde y volcánica, propia para hablar del órgano regulador de Seguridad Industrial y Protección al Ambiente. Y sí, esta vez le toca comentario al único órgano regulador no coordinado del Sector Energético: la Agencia Nacional de Seguridad Industrial y Protección al Ambiente, mejor conocido como ASEA, cuyas siglas revelan más un servicio de intendencia que una agencia de esta naturaleza.

Recordemos de donde viene la ASEA, antes ANSIPA, siglas más dignas y descriptivas de sus funciones. La creación de una agencia de seguridad industrial y protección al medio ambiente en México proviene de la reforma de 2013 en la que copiamos y pegamos la idea gringa de separar los reguladores de hidrocarburos (CNH y CRE) del regulador ambiental.  Tras el estallido de Macondo, el pozo que perforaba BP, que no el pueblo de García Márquez, los estadounidenses se percataron de que la fusión de la regulación económica con la ambiental, y de seguridad industrial, implicaba en sí un conflicto de interés. ¿La razón? Porque el regulador económico tiene como objeto la captación de los máximos ingresos al Estado mientras que el regulador de seguridad y protección al ambiente busca beneficios que no son en metálico. Digamos, pues, que al regulador económico le interesa jalar lana para el Estado, mientras que el otro regulador dice “no a expensas de la seguridad industrial y del medio ambiente.”

El reventón y derrame de Macondo, ocurrido en 2010, en el otro lado del Golfo de México, hizo evidente este conflicto de interés. En ese entonces, el Mineral Management Service era el único regulador de exploración y extracción costa afuera en los Estados Unidos.  Al hacerse el dictamen de esta tragedia, en la que se vertieron 4.9 millones de barriles de crudo, quedó claro que el regulador que busca la perforación ágil y agresiva de pozos no debe ser el mismo que vigila las mejores prácticas de seguridad industrial y protección al medio ambiente. Así, MMS fue desaparecido y en su lugar fueron creados BOEM (Bureau of Ocean Energy Management) y, por otra parte, el Bureau of Safety and Environmental Enforcement (BSEE), el segundo de los cuales está específicamente dedicado a la procuración de la seguridad industrial y protección del medio ambiente de las actividades extractivas de hidrocarburos costa afuera de jurisdicción federal.

Nuestra ASEA hace lo que BSEE y mucho más. En primer lugar, BSEE regula únicamente actividades extractivas, costa afuera y de jurisdicción federal. Recordemos que Estados Unidos es una federación en serio y que los estados tienen extensísimas facultades en estas materias por lo que BSEE ahí no mete ni la nariz. En cambio, en México, cuya energía es centralista a más no poder, concentró en ASEA todas las actividades de hidrocarburos y todas las competencias.  Es decir, la pobre ASEA vela por la seguridad industrial y protección ambiental de toda la cadena de valor de hidrocarburos, desde que el barril sale de la madre tierra hasta que es vertido en el tanque de nuestro automóvil. ASEA debe vigilar todo el proceso, desde que la molécula sale del pozo hasta que mueve el volante.

Los hacedores de políticas de organizaciones y políticas públicas les encanta diseñar agencias plenipotenciarias, como la ASEA, sin asignarles recursos –ni materiales, ni financieros, ni humanos. Uno hubiera pensado que, a partir de la reforma de 2013, la ASEA, entonces dignamente encabezada por Carlos de Régules, iba a recibir un ejército de especialistas y un presupuesto a la medida de su encargo. Pero no. La ASEA se echó a andar con un centenar de funcionarios algunos de los cuales, fuera de toda broma, iniciaron labores sin siquiera un escritorio. Parece que el gobierno de Peña no se tomó en serio lo que propuso al crear un órgano sumamente recargado de asuntos sin posibilidades de despacharlos a cabalidad. Tenemos una BSEE, con muchas más competencias, en versión Región 4.

Las posibilidades de que ASEA crezca y se fortalezca ahora en la república amorosa son dudosas en el mejor de los casos. En primer lugar, a AMLO no le gustan los órganos reguladores, aunque ASEA no goza de la autonomía de CNH y la CRE, y sigue siendo un órgano desconcentrado del la SEMARNAT.  Así que a la ASEA le asiste que está bajo la línea directa de mando del Presidente. Por otra parte, si éste último se toma la ASEA en serio, tendrá que invertir mucha lana en recursos materiales y humanos. Para vigilar la seguridad industrial y el medio ambiente de toda la cadena de valor de los hidrocarburos en todo el país, ASEA tendría que crecer como las habichuelas de Jack, en todos sentidos, y eso no es consistente con la austeridad republicana. Menos aún con los recortes en el presupuesto para medio ambiente de 2019.

O quizá la Secretaria del Medio Ambiente,   Josefa González Blanco Ortíz Mena, le prescriba a Luis Vera Morales, actual Director General de ASEA, que se asista de los Aluxes para cumplir con su encargo.

¿Te pareció interesante la ASEA? Opina sobre qué debemos hacer para mejorar la seguridad industrial y la protección al medio ambiente.

De lo que debemos hablar cuando hablamos de Reguladores -bis

¿Creer o no en la CRE? Esa es la cuestión. El nuevo gobierno ha apuntado con dedo flamígero al más viejo regulador de la energía en México: la Comisión Reguladora de Energía. Este valiente y ya no tan nuevo regulador fue creado hace 25 años. La CRE vino al mundo como un órgano consultivo de la Secretaría de Energía en 1993. Sin embargo, renació por medio de su ley propia en 1995 ya como un órgano regulador de ciertas actividades de gas natural y de menor grado del sector eléctrico. En la reforma de Calderón fue dotado además con facultades de regular actividades relacionadas con el transporte, almacenamiento y distribución de petrolíferos, petroquímicos y biocombustibles. Estas facultades no fueron ejercidas porque no había un mercado que regular. ¿Qué hace un regulador si no hay competencia? Como en el caso de la CNH que comentamos en nuestra segunda entrada la CRE tenía un solo regulado: el viejo, nunca suficientemente ensalzado, por algunos aborrecido, Petróleos Mexicanos.

A falta de competencia, la CRE realizó tareas importantes aun antes de la Reforma Energética. Gracias a ella tenemos el corredor eólico más grande de América Latina. Es decir, la CRE ha sido y aún es pionera en el otorgamiento de permisos para la generación eléctrica con energías renovables. También ha facilitado el tendido de ductos de gas natural para suministrar a la industria mexicana y también a CFE.

En la reforma de 2013, la CRE fue dotada con facultades que ahora sí correspondían a un ambiente de competencia. Esta reforma sí pretende construir además del mercado del gas natural uno de petrolíferos, petroquímicos y biocombustibles. Para rematar, la CRE recibió nuevas responsabilidades en materia eléctrica. No solo otorgaría los permisos eléctricos como antes, sino también participaría en el diseño de metodologías para el cálculo de las tarifas eléctricas. Esta vez la CRE tendría un festín de nuevas competencias y un tsunami de asuntos por atender. Si hay en México un regulador muy ocupado, la CRE merece mención honorífica.

Hoy la CRE encara una realidad difícil. Por el aumento en el precio de las gasolinas y las erráticas tarifas eléctricas la CRE se encuentra en el incómodo resquicio entre la espada y la pared. Algunos funcionarios del nuevo gobierno incluso la usan como punching bag. El recién nombrado director de la Comisión Federal de Electricidad, Manuel Bartlett, incluso la ha sentado en el banquillo de los acusados para hacer enjuiciada por el pueblo por el aumento en la gasolina y en la luz. Más aun, este es un juicio con presunción de culpabilidad. Sin debido proceso Bartlett ha guiado al público a condenar a la CRE por el hueco en el bolsillo de los mexicanos.

Esta no es la primera vez que la CRE sufre acusaciones y ataques de políticos y de otros grupos de interés. La CRE no tiene como propósito que los precios y tarifas sean invariablemente bajos, sino que sean congruentes con los costos y utilidades esperados de quienes prestan los servicios y suministran los bienes. De lo que se trata es que los mexicanos ganemos y las empresas obtengan lo razonable dentro de su actividad económica. De la CRE depende que las empresas no esquilmen, pero tampoco le regalen sus bienes y servicios a los mexicanos.

Suena justo ¿no?

Esto que suena fácil no lo es. La tarea de la CRE es muy compleja e ingrata. Cuando las empresas reguladas quieren subir precios y tarifas y la CRE no las deja éstas se tiran al piso y amenazan con quebrar o desinvertir. Esta es una práctica no solo de las empresas privadas sino también de Pemex, que se ha quejado hasta la náusea de como el regulador le impide ganar dinero. Pero, si la CRE autoriza un aumento de precios y tarifas, entonces los consumidores arman tremendas pataletas. Es entonces cuando la CRE es vista como la enemiga del pueblo y se ordena su dilapidación en plaza pública. Acto seguido los políticos salen a señalar a los culpables de la infelicidad de todos: el maldito regulador que nada sabe y que a todos amuela.

Cuando hablamos de reguladores no debemos buscar culpables. Hay que entender para qué sirven y para qué fueron creados. En el caso de la CRE, ésta fue creada para que las empresas que proveen electricidad, gas, petrolíferos, petroquímicos y biocombustibles no abusen de la indefensa banda que los necesita sin ser estos hermanitos de la caridad. México no puede ser un país próspero sin la inversión de empresas energéticas, pero tampoco podemos permitir que nos vean la cara. La CRE debe fomentar las condiciones para que esto suceda. Si lo ha logrado o no hasta el momento es otra historia. Los fracasos no son razón para desecharla ni sus méritos para garantizar su permanencia. Se le debe exigir una curva ascendente en su desempeño. Esto no será posible en un ambiente en el que las condiciones de gobernabilidad sean menos que propicias.

¿Sabías lo que hace la CRE? ¿Te parece relevante?

¿Por qué la mantendrías o cerrarías sus puertas?

Queremos conocer tu opinión.

De lo que debemos hablar cuando hablamos de Reguladores

Casi nadie sabe para qué sirve un regulador. Por qué deben existir.  A veces ni siquiera los mismos reguladores saben cuál es su verdadera función. Estamos en una coyuntura realmente apretada en lo que toca la situación de los reguladores energéticos en México. Por esta razón es importante la reflexión sobre su sentido y de ahí decidir si nos convienen o no. Ciertamente, nadie quiere tener ni mantener más burocracia de la estrictamente necesaria.

Recordemos un poco de cómo surgen estos órganos y para qué han servido. Comenzamos con el más joven, la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH). Ésta nació en el contexto de la Reforma Energética de 2008, cuando sin una razón clara, tanto el gobierno de Calderón como el Congreso decidieron que había que contar con un regulador técnico para la exploración y extracción de los hidrocarburos en México. En ese momento la creación de la CNH parecía un simple antojo político. Al no haber competidores para Pemex el contar con un regulador para un solo regulado parecía caprichoso. Y aun cuando la CNH podía expedir normas técnicas y emitir dictámenes y/u opiniones sobre distintas actividades extractivas de Pemex, no se entendía bien por qué eso no lo podía hacer la ya existente Dirección General de Extracción de Hidrocarburos de la SENER. No se veía el sentido de crear una institución paralela a esa dirección ni se entendían justificados los costos. Parecía que a Juan Carlos Zepeda, presidente de la CNH hasta hace unos días, le habían comprado un escritorio más caro pero no más útil.

Todos esperábamos que Zepeda estuviera a las órdenes de Georgina Kessel quien había asentido a la creación de la CNH pero de ninguna manera le hacía gracia que la CNH existiera como una instancia aparte de la SENER y que podría ser un contrapeso. El chasco fue cuando Zepeda se tomó en serio su trabajo y se salió del huacal de SENER. Por primera vez en la historia de Pemex la CNH osó contradecir sus reservas y su potencial productivo en Chicontepec. Nadie en esta historia le había metido una zancadilla al gigante egoísta llamado Pemex, que se irguió lastimado ante la inferencia del regulador de que mentía. Los medios cubrieron la noticia con asombro. Goliat había encontrado su David. Desde ese momento los mexicanos tuvimos un regulador de exploración y extracción de hidrocarburos cuyo costo económico y social valiera la pena.

La suerte de la CNH cambió radicalmente con la Reforma Energética de 2013, cuando a las facultades anteriores se le sumaron la licitación y administración de contratos petroleros para Pemex pero también para sus competidores. Así durante cinco años la CNH se ha encargado de organizar los concursos y de elegir a los operadores más aptos para la extracción de nuestros recursos. Ahora debe de administrar los contratos que ha otorgado. Una acción muy importante de la CNH ha sido internalizar y administrar la información geológica de nuestro subsuelo, de forma tal que Pemex ya no pueda usarla ni manipularla de forma anticompetitiva. La CNH ha abierto esa información en igualdad de condiciones a todos los competidores y con el desarrollo del mercado se espera que Pemex disminuya su poder monopólico sobre esa información. En poco tiempo la CNH ha hecho mucho con poco. En un ambiente de precios bajos del crudo adjudicó más de 100 contratos sin que estos últimos hayan sido perfectos. La imperfección contractual y los precios bajos pudieron haber resultado en licitaciones muy deslucidas. Sin embargo, la CNH se posicionó como un regulador respetado en el mundo que le mereció la confianza de los inversores.

Sísmica Golfo de México

Si nos quedamos sin un mercado de áreas de exploración y extracción de hidrocarburos tal vez ya no tenga mucho sentido tener un regulador. La pregunta es ¿Nos conviene quedarnos sin ese mercado? ¿Podemos volver a entronizar a Pemex como el único terrateniente petrolero en México? La vastedad de nuestra riqueza y las limitaciones de los recursos financieros y humanos de Pemex nos hacen pensar que no. México es un país demasiado grande y demasiado rico para ser operado por una sola empresa, sea del Estado o de cualquier otra persona. Nuestro potencial es importante. Agradezcamos que es así y hagámosle justicia, no a Pemex, sino a nuestro patrimonio natural. Al elegir quienes lo extraen. Esa es la función de CNH.

Este post continuará. En nuestra próxima entrada hablaremos sobre la Comisión Reguladora de Energía (CRE).

Queremos conocer sus opiniones. ¿Conocían la historia de CNH?

¿Qué otros temas sugieren?

Día de entregas

No todo sucede por algo, pero la primera entrada a este blog coincide con el día de entrega del equipo que logró la aprobación de la Reforma Energética y los inicios de su implementación.  Es nuestra primera entrada no por coyuntura sino por desidia; hace muchos meses que nos proponemos arrancar este blog. En cambio, nuestros colegas del Sector Energético lograron lo que fue inconcebible por décadas en tan solo cinco años. Más tiempo nos tomó a nosotros iniciar un blog que a ellos armar y llevar a cabo licitaciones petroleras en las que se comprometieron decenas de miles de millones de dólares.

Estamos a muy buen tiempo de iniciar este blog y a muy mal tiempo de ponerle freno a la Reforma Energética. Esta es, al menos, nuestra postura. Pero aquí se vale opinar lo contrario. Quien quiera puede sostener que esta Reforma no ha servido para nada o también que le ha servido a los peores. Lo único que pedimos es que las opiniones se viertan sin animus ferendi y con la cabeza. Estamos en tiempos de mucha víscera y el Sector Energético requiere más cabeza que tripas y corazones. Esta es una invitación abierta a abandonar los discursos polarizantes y a entrar a un debate franco y constructivo. Si no logramos ponernos de acuerdo eso no importa, lo que buscamos es poner los temas sobre la mesa.

El tema general del Sector Energía en México es hasta qué grado conviene y puede el Estado ser el garante de satisfacer nuestras necesidades de electricidad e hidrocarburos. Los invitamos a que dejemos de satanizar ya sea al Estado o al Mercado, sino a tratar de ponerlos en su debido sitio y proporción. Aquí nos cuesta juzgar al Estado o al Mercado como inmanentemente buenos o malos, ni tenemos apegos afectivos a uno o a otro. Al menos para algunas de las plumas de Energeeks tan bobo suena decir que amamos a Pemex o a CFE como afirmar que los mercados eléctricos y de hidrocarburos entibian nuestros corazones. Estamos más allá de esas valoraciones.

Lo interesante de los años venideros no será el grado de reproche o de descrédito que la próxima administración pueda sembrar en lo que es y ha sido la Reforma Energética. Lo notable será si ésta puede proponer algo mejor y diferente. Si su solución a los problemas que aquejan a los hidrocarburos y a la electricidad en México consiste en volver al modelo estatista que estuvo vigente durante 76 años, antes de la Reforma Energética, valdrá la definición de locura que dice “Locos son los que repiten una manera de hacer las cosas y esperan un resultado diferente”. No tenemos indicios que los gobiernos conformados por partido alguno sean buenos empresarios, ya sean honestos o villanos. Si el gobierno entrante quiere que CFE y PEMEX despeguen de su deterioro mas le vale que sus directivos, además de ser gente buena, también sean buenos empresarios. La bondad en sí no hace de una actividad económica una rentable.

Estamos en la frontera de un cambio de régimen. Y de nada nos sirve desgastarnos en denostar la lógica “neoliberal” sin proponer algo nuevo. Es verdad que lo que algunos llaman la tecnocracia neoliberal no proveyó las soluciones requeridas para un país con semejantes desigualdades, en lo energético y en lo general. El desafío es proponer algo diferente. Aquí todas las propuestas son bienvenidas.