De tal Talos, tal astilla. ¿Quién debe operar Zama 1?

Los que de una manera u otra pertenecemos o somos afines a creencias míticas mediterráneas, conocemos el llamado “mal de ojo”. Cuando por azares del destino poseemos algo muy envidiable tememos que algún codicioso lo taime con solo mirarlo. De ahí que en las zonas donde pululan personajes mediterráneos es posible encontrar, entre otras chácharas, colgajos, dijes o llaveros con un ojo azul, por lo general hecho de vidrio. Estos ojos los vemos en coches, cunas, caballos e incluso, en los cuellos de mujeres hermosas para ahuyentar a los envidiosos. Talos Energy debió haber colgado uno en la boca del pozo Zama.

Mal de ojo

Zama-1 ha sido, junto con Amoca de Eni, el pozo más cacareado por las autoridades energéticas del gobierno de Enrique Peña Nieto. En el afán de presumir las bondades del modelo abierto, la Secretaría de Energía puso un reflector muy grande sobre este descubrimiento. Ahí comenzó una polémica importante sobre a quién le correspondía el mérito del hallazgo. La comentocracia estaba dividida por tratarse, según el mismo dicho de la Comisión Nacional de Hidrocarburos, de una zona harto explorada por Petróleos Mexicanos. De tal suerte, algunos argumentaron que Talos no requirió grandes esfuerzos para lograr el hallazgo, toda vez que ya contaba con información geológica sustantiva proveniente de Pemex. Otros alegaron que, al no requerir Petróleos Mexicanos dicha área en la Ronda Cero, podemos decir que Pemex voluntariamente renunció a su derecho de explorarla y explotarla. Por estas razones esta área quedó en manos del Estado y fue licitada y luego ganada por el consorcio de Talos, Sierra y Premier que han sido proclamados descubridores de un pozo milagroso.

La alharaca en torno a Zama puso en guardia incluso a funcionarios del gobierno de Peña. CNH reiteró la afirmación de Talos de que se trataba de un descubrimiento en el sentido estricto. Luego de la declaración del órgano regulador, el mismo Pepe Toño González Anaya declaró que no era un descubrimiento como tal, porque Pemex ya sabía de la existencia de esos recursos pero no de su magnitud. luego, Burundanga (Pemex) le respondió a Muchilanga (CNH) que no solo sabía de la existencia de esos recursos, sino que el pozo había tocado un área de asignación perteneciente a Pemex. Insistimos: Talos debió haber colgado su ojito azul de vidrio en la boca del pozo de Zama. El mal de ojo estaba echado.

Mal de ojo (1)

De los reclamos de Pemex de que se trata de un yacimiento compartido surgió la idea de celebrar uno de los nunca suficientemente abominados e invariablemente dolorosos, contratos de unificación de yacimientos. Un contrato de tal naturaleza suele obligar a empresas muy disímbolas y con prácticas corporativas potencialmente incompatibles a volverse socias de un proyecto. Es algo así como un matrimonio de conveniencia pero con petróleo de por medio. Las partes se juntan porque les conviene pero no necesariamente porque se aman. El petróleo que hay de por medio es lo que los une pero nada más. En un contrato de unificación de yacimientos se elige a un solo operador para llevar las operaciones conjuntas. El sentido común dictaría que, ya que Talos ha sido el operador que descubrió el potencial real de los recursos, éste mismo debería ser el operador designado. Cuando se unifica un yacimiento, la práctica internacional dicta que no es necesariamente la parte con mayor interés económico la que debe ser el operador, sino la parte más diligente. Claramente a nuestro juicio si Pemex renunció al área en la Ronda Cero, por ignorar su potencial y Talos lo descubrió, es este último el que debe ser considerado como el más diligente. Sin embargo, ahora Pemex, bajo la batuta del presidente López Obrador y con Romero Oropeza de primer violín, reclama su derecho a ser el operador del yacimiento unificado. El presidente ha pedido respeto al yacimiento, cuando los yacimientos no existen para ser respetados, pero los pactos sí. Y fuera del tema de la santidad de los pactos, está la falta de criterio en tanto a la elección del operador que mejor conviene a los intereses de México. Díganos ustedes: ¿qué empresa debe operar Zama-1? ¿La que ignoró su potencial y la cedió en la Ronda Cero o la que tras haber ganado un contrato lo descubrió?

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