El comal le dijo a Lozoya: Andrés quema pero no tatema.

En náhuatl cabeza se dice tsontekomatl, cuyo sentido textual es olla con pelos. Así pues, cabe preguntarse ¿qué pasaba en la olla de Lozoya al urdir tantos estropicios? El mirrey, que por gajes del destino devino petrolero, ha invadido las ocho columnas de los medios nacionales por las historias sobre su tardía y repentina persecución por el largo brazo de la justicia. Sigue siendo dudoso que éste lo alcance. Sin saber con certeza si Emilio tiene un pacto con el diablo, es muy llamativo lo intocable que se ha mantenido. Muchos de los que habitamos el ecosistema energético, y otros más que viven fuera de él, nos hemos preguntado: ¿con qué aceite está ungido Emilio que de todas se escapa y todas se le resbalan? Memorable fue el momento en que Emilio, palabras más, palabras menos, en el contexto de una conferencia con su abogado, increpó a los periodistas a que lo esculcaran si tan convencidos estaban de sus felonías.

Fueren felonías o delitos, Milo ahora recibe lo pedido. Y no son los periodistas quienes lo persiguen, sino el aparato de justicia ahora encarnado por la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda, la Fiscalía General de la República y con una senda orden de aprehensión recién salida de un juzgado. Y aún así, algunos estamos dudosos de que el comal le ha dicho a Lozoya “Oye, ya vamos por tu olla con pelos”. En otras palabras, que ahora sí rodarán las cabezas de Emilio y de todos sus cómplices. ¿Por qué lo dudamos? En primer lugar, porque pasan los años y nadie le ha podido tocar un pelo a la olla de Lozoya. En segundo, porque se nos antoja una coincidencia, que justo se da este estertor, cumplidos los primeros seis meses del mandato del presidente de la honestidad. En tercer lugar, por la cantidad de pitazos y errores procesales, que casualmente se dieron para que acto seguido Lozoya, a través de su maléfico abogado, pudiera oportunamente interponer un amparo para suspender su aprehensión. En cuarto, el acto al que se vincula una conducta delictiva no tiene nada que ver con la saga de Odebrecht; se trata “únicamente” del “pecadillo” cometido en la compra de una planta inútil de Altos Hornos de México. Al ser así, Peña podría cruzar el fango sin ensuciarse las suaves plantas de sus pies. En cambio, los que sí podrían sentir el fango hasta el cuello son algunos de los personajes estelares en el Consejo de Administración de Pemex. Nos referimos a los otroras secretarios de Energía y de Hacienda. Otros consejeros “de menor rango” podrían ser citados a declarar. Ya veremos si dentro del presunto “pacto de impunidad” se permite citar a comparecer a tan distinguidos políticos priístas.Comal

Por otra parte, han sido notables las metidas de pata que recuerdan tanto a los Gordillazos y a los entuertos en torno a Duarte. Es jurídicamente dudoso que la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda procedió conforme a derecho al ordenar el bloqueo de las cuentas de Lozoya cuando la Fiscalía aún no había ejercido la acción penal. Por esta razón, la Corte ha entrado al estudio de esta medida. Sobre estos yerros podríamos cuestionar si fueron hechos intencionalmente, de tal suerte que, a pesar de perseguido, Lozoya salga bien librado. De ser así, todas las imputaciones hechas al pecoso picarón habrán sido una zarzuelita en la que los mexicanos le aplaudimos a este gobierno la persecución de los malosos. Entonces, ¿qué le dijo el comal a Lozoya? Andrés quema pero no tatema.

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