De CRE-yentes a CRE-tinos

Más le hubiera valido a la Comisión Reguladora de Energía permanecer en el anonimato que pasar a la ignominia. Por la comparsa en la designación de la última camada de comisionados el público volvió a fijarse en la por siempre ignorada, nunca suficientemente desconocida Comisión Reguladora de Energía. Para recapitular esta muy desdichada crónica recordemos la entrada número 13 de Energeeks en donde narramos los acontecimientos entorno a las comparecencias para comisionados de la CRE cuyos resultados dejaron un sabor tragicómico en los labios de los mexicanos. Pues bien, conforme a derecho el presidente puede enviar un nuevo juego de ternas para una segunda comparecencia luego de la cual, si los candidatos son rechazados, el titular del poder ejecutivo podrá hacer una designación directa para estos cargos. Para sorpresa de algunos y no la de otros, el presidente recicló a los mismos candidatos pero en diferentes ternas. En el sentido más clásico de la expresión, fue la misma gata pero revolcada. Y si de revolcadas hablamos esto fue lo que sucedió en esta segunda comparecencia. Los revolcaron a todos o se revolcaron solitos. En una profecía autocumplida los candidatos del presidente volvieron a tronar sus párvulos exámenes, cuyas preguntas debemos subrayar tampoco eran idóneas para expertos en dirigir conductas económicas en mercados regulados. No hubo aprobación de la cámara alta para el nombramiento de estos personajes por lo cual  el presidente sacó su dedo y estampó su huella. Porque él dijo “Quedan porque quedan”, quedaron los que quedaron. Y por eso estamos como estamos.

El procedimiento en el senado dejó muy satisfecho al presidente, quien se refociló con el rechazo a sus candidatos como si se tratara del máximo suspiro del aliento democrático en México. Cuando una senadora propone nombres, como Rosa Melcacho a la usanza de los pubertos, sabemos que la oposición en lugar de estar madura aún sufre de barros y espinillas. A preguntas bobas de los senadores siguieron respuestas proporcionalmente lastimosas de los candidatos. ¿Esto es digno de celebrarse?

Bobos como fueren los senadores, el procedimiento tiene su lógica. Cuando al presidente se le rechaza una terna o las que presentare, como fue el caso, a éste se le debe de dar la oportunidad de presentar otra más. El sentido de esta segunda oportunidad no es únicamente para el presidente, sino también para el senado para que éste revise otro elenco de candidatos. Sin embargo, este elenco no cambió y el senado no tuvo segundas opciones. El presidente se encaprichó con sus candidatos como adolescente. Tan se encaprichó que no esperó un día más. Enseguida palomeó la designación directa.

Hágase mi voluntad.

Quien suponga que el presidente desde un inicio, y con lujo de todo cálculo, designó a los candidatos para que fueran rechazados dos veces para que luego pudiera designarlos directamente, le dan demasiado mérito. En cambio, nosotras pensamos que por su profunda ignorancia de lo que hace un regulador, y de éste regulador en particular, Andrés Manuel sincera y, desde el fondo de su alma, realmente piensa que estos son los candidatos idóneos para el puesto. Eso es más alarmante que elucubrar que eligió a una manga de cretinos para manipularlos.

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