Entre crudos y refinados. ¿Qué pasa con la gasolina?

En Energeeks tenemos un debate, tan explosivo como la gasolina, sobre los motivos y fines de la estrategia del presidente López Obrador en su guerra contra el huachicol. Una Energeek, la refifinada, insiste en que se trata de una estrategia deliberada y fríamente calculada en contra del mercado. Con el pico de demanda decembrino la presencia multiplicada de actores ajenos a Pemex se justificaría más que nunca. Para atender el transporte necesario para nuestras vacaciones y vagancias, nuestras comidas y cenas pantagruélicas y para la cantidad de chácharas y chuchulucos que nos solemos intercambiar, esta vez sin duda Pemex no lo podría hacer solo. En cambio, si en todo caso íbamos a tener satisfecha nuestra sed de hidrocarburos, sería con los particulares como suministradores alternos de Pemex. Para esta Energeek cerrar los ductos es un golpe deliberado y certero a la apertura. Ninguna empresa va a tolerar que de forma imprevista y unilateral le cierren las compuertas que le permiten suministrar su combustible.

Nel dice la Energeek cruda. El presidente tendría que ser todo un personaje maquiavélico para urdir semejante estratagema antiliberal. A los ojos de esta Energeek es incluso dudoso que el presidente haya cerrado los ductos. Como ella no los opera, ni tiene vista de Rayos X, ni telescópica, para realmente ver si hay cierres, líquidos en los tubos, o militares y marinos en su resguardo, no puede firmar ni cumplir la promesa de que efectivamente hay ductos cerrados. A su juicio -por demencial que parezca- al presidente López Obrador lo agarraron con los dedos en la puerta cuando se alcanzó el pico de demanda, no pudo por desorden o imprevisión satisfacerla y decidió armar la epopeya del combate al robo de combustible.



¿Quién tiene razón? Para la razón se necesitan pruebas -dice la cruda- y datos -dice la refifinada-. Pero alas, ninguna de las dos Energeeks los tiene. Tampoco los tiene nadie fuera del presidente y su círculo más cercano de colaboradores. Así que para fines prácticos todos los mexicanos estamos en el hoyo y ciegos como topos.

Así, sin saber a ciencia cierta qué está pasando y cuánto durará nuestro dolor, hay cosas en las que las Energeeks están de acuerdo. La primera y más importante es que el desabasto o escasez o como quieran llamarlo no obedece a una lucha corajuda contra el robo de combustibles. Esta ha sido la heroica justificación del presidente de que no hay gasolina. Si la gasolina está en los ductos cerrados o no ha entrado a los ductos vacíos, eso solo lo sabe él y su gente. Tampoco creemos que haya cometido la estupidez supina de dar por terminados contratos de importación. ¿Con qué iba a sustituir las importaciones? ¿Con la producción de la Refinería de Dos Bocas, cuando ni una boca tiene? No pensamos al presidente capaz de semejante calamidad.

Sea un golpe calculado a la Reforma, o una novatada, o incluso de un improbable golpe a la delincuencia, las consecuencias son las mismas: un altísimo costo social de magnitudes incalculables como lo es también la duración de la crisis. Si el presidente mismo no sabe cuándo se va a cansar -el ganso- menos lo sabemos los mortales. Todo transporte requiere combustible. Eso quiere decir que al no haber combustible, habrá menos transporte de todo y este se encarecerá. Tenemos noticias de que parte importante de este combustible lo contienen 25 barcos que aguardan -muy costosamente- en los puertos de Tuxpan y Pajaritos deseosos de inyectar su carga a nuestros ductos. Pero no pueden. Eso implica multimillonarias penalizaciones que tendremos que pagar por su “amable” paciencia mientras el presidente decide cuándo pueden descargar.

Barcos esperando descargar

Otro tema interesante es en qué responsabilidades cae Pemex por no suministrar a las estaciones de servicio o a las distribuidoras de las nuevas marcas, quienes hasta ahora no han dicho ni “esta boca es mía”. ¿Pemex podrá argumentar fuerza mayor? Después de todo una orden del presidente de detener el suministro del mismo es un acto al que ninguna empresa puede resistir. Hasta ahora sabemos que solo Mobil y Arco se mandan solas porque decidieron no depender de Pemex. Puede haber otras pero, como sea son un puñado nada más.

Hay poca información. La que hay es equívoca y confusa. Las afirmaciones contundentes, o un reclamo a la verdad absoluta, son a nuestro juicio, irresponsables. Lo que hay muchos y muy buenos son los memes. En eso pecamos de exceso. Así somos los mexicanos.

¿Qué creen ustedes?

  1. ¿Es la guerra contra el robo de combustibles?
  2. ¿Es un golpe al mercado?
  3. ¿Es una novatada?
  4. Todas las anteriores
  5. Ninguna de las anteriores

Un comentario sobre “Entre crudos y refinados. ¿Qué pasa con la gasolina?

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