De lo que debemos hablar cuando hablamos de Reguladores -bis

¿Creer o no en la CRE? Esa es la cuestión. El nuevo gobierno ha apuntado con dedo flamígero al más viejo regulador de la energía en México: la Comisión Reguladora de Energía. Este valiente y ya no tan nuevo regulador fue creado hace 25 años. La CRE vino al mundo como un órgano consultivo de la Secretaría de Energía en 1993. Sin embargo, renació por medio de su ley propia en 1995 ya como un órgano regulador de ciertas actividades de gas natural y de menor grado del sector eléctrico. En la reforma de Calderón fue dotado además con facultades de regular actividades relacionadas con el transporte, almacenamiento y distribución de petrolíferos, petroquímicos y biocombustibles. Estas facultades no fueron ejercidas porque no había un mercado que regular. ¿Qué hace un regulador si no hay competencia? Como en el caso de la CNH que comentamos en nuestra segunda entrada la CRE tenía un solo regulado: el viejo, nunca suficientemente ensalzado, por algunos aborrecido, Petróleos Mexicanos.

A falta de competencia, la CRE realizó tareas importantes aun antes de la Reforma Energética. Gracias a ella tenemos el corredor eólico más grande de América Latina. Es decir, la CRE ha sido y aún es pionera en el otorgamiento de permisos para la generación eléctrica con energías renovables. También ha facilitado el tendido de ductos de gas natural para suministrar a la industria mexicana y también a CFE.

En la reforma de 2013, la CRE fue dotada con facultades que ahora sí correspondían a un ambiente de competencia. Esta reforma sí pretende construir además del mercado del gas natural uno de petrolíferos, petroquímicos y biocombustibles. Para rematar, la CRE recibió nuevas responsabilidades en materia eléctrica. No solo otorgaría los permisos eléctricos como antes, sino también participaría en el diseño de metodologías para el cálculo de las tarifas eléctricas. Esta vez la CRE tendría un festín de nuevas competencias y un tsunami de asuntos por atender. Si hay en México un regulador muy ocupado, la CRE merece mención honorífica.

Hoy la CRE encara una realidad difícil. Por el aumento en el precio de las gasolinas y las erráticas tarifas eléctricas la CRE se encuentra en el incómodo resquicio entre la espada y la pared. Algunos funcionarios del nuevo gobierno incluso la usan como punching bag. El recién nombrado director de la Comisión Federal de Electricidad, Manuel Bartlett, incluso la ha sentado en el banquillo de los acusados para hacer enjuiciada por el pueblo por el aumento en la gasolina y en la luz. Más aun, este es un juicio con presunción de culpabilidad. Sin debido proceso Bartlett ha guiado al público a condenar a la CRE por el hueco en el bolsillo de los mexicanos.

Esta no es la primera vez que la CRE sufre acusaciones y ataques de políticos y de otros grupos de interés. La CRE no tiene como propósito que los precios y tarifas sean invariablemente bajos, sino que sean congruentes con los costos y utilidades esperados de quienes prestan los servicios y suministran los bienes. De lo que se trata es que los mexicanos ganemos y las empresas obtengan lo razonable dentro de su actividad económica. De la CRE depende que las empresas no esquilmen, pero tampoco le regalen sus bienes y servicios a los mexicanos.

Suena justo ¿no?

Esto que suena fácil no lo es. La tarea de la CRE es muy compleja e ingrata. Cuando las empresas reguladas quieren subir precios y tarifas y la CRE no las deja éstas se tiran al piso y amenazan con quebrar o desinvertir. Esta es una práctica no solo de las empresas privadas sino también de Pemex, que se ha quejado hasta la náusea de como el regulador le impide ganar dinero. Pero, si la CRE autoriza un aumento de precios y tarifas, entonces los consumidores arman tremendas pataletas. Es entonces cuando la CRE es vista como la enemiga del pueblo y se ordena su dilapidación en plaza pública. Acto seguido los políticos salen a señalar a los culpables de la infelicidad de todos: el maldito regulador que nada sabe y que a todos amuela.

Cuando hablamos de reguladores no debemos buscar culpables. Hay que entender para qué sirven y para qué fueron creados. En el caso de la CRE, ésta fue creada para que las empresas que proveen electricidad, gas, petrolíferos, petroquímicos y biocombustibles no abusen de la indefensa banda que los necesita sin ser estos hermanitos de la caridad. México no puede ser un país próspero sin la inversión de empresas energéticas, pero tampoco podemos permitir que nos vean la cara. La CRE debe fomentar las condiciones para que esto suceda. Si lo ha logrado o no hasta el momento es otra historia. Los fracasos no son razón para desecharla ni sus méritos para garantizar su permanencia. Se le debe exigir una curva ascendente en su desempeño. Esto no será posible en un ambiente en el que las condiciones de gobernabilidad sean menos que propicias.

¿Sabías lo que hace la CRE? ¿Te parece relevante?

¿Por qué la mantendrías o cerrarías sus puertas?

Queremos conocer tu opinión.

5 comentarios sobre “De lo que debemos hablar cuando hablamos de Reguladores -bis

  1. La funcion de un gobierno es ejercer y controlar el gasto social, el gasto productivo o de inversion debe de ser desarrollado por la iniciativa privada teniendo un organo regulador integrado por ambos sectores que establezca las reglas del juego

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  2. En lo personal, desde la creación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, salvo del instituto electoral, no soy partidario de los órganos autónomos. Su origen está en la ineficiencia administrativa que forza su autonomía. No hacen nada que no debiera hacer en una secretaria de estado. Encarecen el gasto corriente como lo hacen las nuevas tecnologías energéticas y los productos dietéticos y orgánicos. Reconozco que hacen un gran esfuerzo por la transparencia, más no dejan de generar los mismos vicios que les dieron origen. Crítica es la colegiación de sus consejos, crearon espacios de conflicto partidistas.

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    1. Hola. Gracias por su comentario. Estos órganos no son como los Constitucionales Autónomos. En realidad son pequeños y no absorben mucho presupuesto. Y, como están compuestos –al menos supuestamente– por técnicos y no por políticos, sí tienen un papel distinto a una Secretaría de Estado. Gracias por su comentario.

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  3. Es totalmente imprescindible que instituciones como la CRE, la CNH y la ASEA continúen en un sector en desarrollo como lo es el sector energético mexicano. Pero, como bien se hace mención, si no hay competencia, no es posible realizar una evaluación real de su desempeño e impacto en el Sector; aunado a una falsa autonomía (caso de los ORCME) en la que siguen dependiendo de la política dictada por el ejecutivo del gobierno en turno.

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