De CRE a EX-CRE-MENTO: ¿Cómo hacer caca a un regulador en menos de 100 días?

Alguna vez el liderazgo de la CRE lo tenían puros Pacos (Paco Salazar y Paco Barnés). Luego lo tuvieron los Memos (Memo García y Memo Zuñiga). Hoy la es la Comisión Reguladora de los Memes. Ya no hay Pacos, los Memos están menospreciados pero ¿qué tal los memes? Los sucesos recientes vaya que han dado inspiración.

Nunca antes la Comisión Reguladora de Energía había sido semejante foco de atención popular. Creemos inusitados los comentarios de los cibernautas sobre las comparecencias de los candidatos a comisionados así transmitidas por los medios de comunicación. Todo mundo disfruta ver en vivo como un funcionario público encarna el estereotipo del asno proverbial. Pero estos burros se volaron la barda y se salieron del corral hacia otros parajes que ni a la imaginación se le antojaron. Cualquiera que hubiera visto una película o serie que retratara al género humano en la cima de su imbecilidad se hubieran quedado cortos. Ante tal escena las Energeeks hubiéramos dicho: ¡Ay no ma…!

Fue cierto. Fue real. A preguntas muy básicas siguieron respuestas supinamente estúpidas. De las respuestas se ha dicho todo: el CEL, la definición de Wikipedia, la ignorancia sobre las funciones del CENACE. Duele que un anciano se haya expuesto a decir que, como ya era nonagenario, y que por esta razón carecía de ambiciones políticas, era ideal para el puesto. Es inconcebible que hayan mandado a este old timer al matadero. De las preguntas, por otra parte, no se ha comentado casi nada. Tan lastimosas fueron las respuestas de los sustentantes que se robaron los reflectores de las preguntas tan bobas de los senadores quienes evidentemente confunden la comparecencia de posibles funcionarios públicos del más alto nivel con un examen de regulación de segundo semestre de licenciatura.

No hablemos más de lo que debieron decir o callar los candidatos porque de ellos los mexicanos hicimos leña. Charlemos un rato del papelón de los senadores, sí, incluso de la luminosa nunca suficientemente enaltecida Xóchitl Gálvez, quien asumió el papel de la maestra Ximena en el “Carrusel de Niños”, en este caso carrusel de honestidad e ilusión. Las preguntas que en todo caso se debían haber hecho son las relativas a tomas de decisión de un regulador como: ¿qué haría usted para agilizar los procedimientos de temporada abierta para dar acceso a los ductos y a las TAR de combustible? ¿cómo justifica usted las tarifas tan bajas que resultaron de las subastas eléctricas? ¿considera que estas tarifas tan bajas fueron efecto de prácticas anticompetitivas? ¿cómo estimular el transporte de gas a menor costo para CFE?  por último ¿consideraría usted que la liberalización del precio de la gasolina fue prematura en vista de la inmadurez del mercado?

Estimados lectores: si ustedes no tienen la más peregrina idea de las respuestas a estas preguntas, descuiden. Tampoco la han tenido muchos de los comisionados de la CRE, ni los pasados, ni mucho menos los futuros. Esta es una institución que ha ido de picada y que ahora está en vías de extinción. De Francisco Barnés (otrora rector de la UNAM) al chavo guarura hay un salto abismal.

Guillermo García Alcocer no hizo comentario alguno sobre las comparecencias. Tan solo se limitó a hacer una observación sobre el sesgo hacia la industria de los hidrocarburos entre los candidatos. Esto lo debe haber tomado muy a pecho el presidente quien no tardó en hacer el señalamiento ya prototípicamente clásico de su mandato. Cuando el presidente quiere hacer caca de algo o alguien saca el dedito y exclama: “Eh un corrupto y tiene conflicto de intereh”. Luego, luego iniciaron las acusaciones que, además de infundadas, violan el más elemental principio de inocencia que hasta hace unos días privaba en nuestra Constitución. Ahora la más simple sospecha de corrupción implica expedito traslado a prisión preventiva. Esta es una artimaña digna, ya no de Hugo Chávez, sino de José Stalin. Es tomar el terrorismo estatal como arma para saldar deudas personales.

La crisis en torno a los órganos reguladores, que de por sí era trascendente, nos llevó a presenciar la pesadilla máxima de un régimen autoritario. Un presidente que castiga lo que él interpreta como un desafío con los fierros de la persecución y la injuria no tiene idea de cómo gobernar una sociedad libre. Rascar en la vida personal y los lazos familiares para hacer imputaciones de la mayor gravedad es un acto temible, no solo para quien lo sufre, sino para todos los que podríamos ser perseguidos por disentir. No es solo la CRE la que se hace caca entre las manos de un gobierno ávido de control. Es también nuestra libertad.

La luz al final del tubo. Bartlett, el redentor.

Basta gozar de toda una vida auspiciada por el erario público para darse tamaño baño de pureza. Quien nunca ha generado un centavo de riqueza siempre podrá señalar a quienes han pasado del sector público al sector privado y viceversa. La puerta giratoria que hoy azota el Director General de CFE puede darle en las narices. Por los señalamientos y acusaciones hechos irresponsablemente, Don Manuel no solo se expone a que lo acusen de calumnioso sino también pone a CFE y al país en situación precaria. Es curioso que con el catálogo tan nutrido de problemas que acalambran a CFE este veterano de la polaca mexica haya elegido siete cabalísticos ductos como blanco de su encono.

La víscera está en el tubo y el tubo en la víscera.  Más que un diagnóstico sobre lo que le duele a CFE estamos en presencia de lo achaques de Bartlett. Su clamor se asemeja más a una cuestión personal que a una alerta institucional. Estamos en el sexenio de “a ti te denostamos porque nos caes gordo” como quien juega el pato, pato, ganso hasta el cansancio.

Al analizar la lista de nombres de los responsables del “quebranto” de CFE se ve una animadversión hacia quienes promovieron liberalizaciones parciales -azas limitadas- del sector energético. Verbigracia, Salinas, Zedillo y Calderón ocupan primera fila como los patrones del mal y de los malos. Salinas parió, aunque suene increíble, a José Córdoba Montoya y a Carlos Ruíz Sacristán cuyas manitas viscosas han estado entre tubos. A Zedillo le imputamos la paternidad de Luis Téllez, quien impulsó una desafiante reforma eléctrica. Calderón tuvo trillizos. De su prolífico y etílico vientre provienen Georgina Kessel, Jesús Reyes Heroles y el enfant terrible Jordi Herrera, de quien se dice es su compañero de copas. Un personaje que ha trascendido sexenios y por eso goza de singular infamia es Alfredo Elías Ayub, Director General de CFE desde los tiempos de Zedillo hasta los tiempos de Calderón. Otro imputado de todos los presidentes y de ninguno es Carlos Slim a quien todo mundo agarra de puerquito. Cuando todo sale mal la culpa es de Fat Boy Slim. Un punto realmente llamativo de la lista negra del justiciero Bartlett es que no hay funcionario alguno que haya fungido su cargo en el gobierno de Peña. Seguramente es así porque se trata de hechos recientes que sí serían justiciables. Siempre es más cómodo perseguir a quien no tiene que defenderse. Señalar, acusar, etiquetar a sujetos que tienen una década o más de haber dejado sus cargos públicos es un deporte de políticos vociferantes.

Nótese que los daños se atribuyen más a personas que a empresas. Es como si las últimas fueran un vehículo para los malosos. Entre los corporativos más aludidos por Don Manuel están IENOVA, CARSO y Transcanada. Pero estos nombres serían de poco o nulo valor emotivo de no estar aparejados con genios del mal como Ruiz Sacristán, Téllez, Reyes Heroles y Herrera. ¡Ah! Y por equidad de género que no falte la mención de Georgina Kessel. Es muy difícil ensañarse contra empresas que poco conocemos. Sin embargo, los nombres y caras relacionados con los presidentes de la mafia del poder son más accesibles al encarnizamiento popular. Más aún cuando se les quiere vincular con actos de saqueo.

Por esta razón, Don Manuel ha llamado “leoninos” los contratos de transporte de gas natural de CFE. En el imaginario de Don Manuel las empresas son los leones que destazan a la CFE que es el corderito del pueblo. Ya ni la piel le dejaron a México estas fieras. Sin prejuzgar sobre si las condiciones de estos contratos son justas o no habría en todo caso que analizar si los precios del gas y del transporte están fuera de mercado. Como sea estos contratos fueron otorgados mediante licitación y conforme a derecho. El tema sobre si son justos o no quedó en el pasado. Si no son del agrado del actual Director de CFE, él podrá en todo caso replantearlos. Otra cosa será si las empresas transportistas de gas aceptan condiciones mucho menos atractivas que las actuales y con más riesgo político. En suma, más riesgo y menos lana. La CFE podría quedarse sin gas y nosotros sin servicio público de energía eléctrica. No suena chido.

No todo es oscuro al final del tubo. Nuestro presidente, que no es abogado, ya ha dicho que los contratos son lo que son. Para Andrés Manuel el asunto de los contratos es más una cuestión de orden ético que de leyes. Como si fuera necesario que un hombre que no estudió derecho le dijera a quien sí es abogado “no es un asunto legal, que nadie se espante, que nadie se inquiete ni se ponga nervioso, se van a respetar los contratos”.

El pozo milagroso. Los megadescubrimientos en México.

Este país es prolífico en sus ficciones. La narrativa mexicana ha sobresalido por su imaginaria fantástica y su colorido. Estas ficciones también existen en la industria petrolera. Sus autores han sido funcionarios públicos y de Pemex. Estos personajes disfrutan de encantarnos con historias muy apasionantes de megadescubrimientos de donde fluirá el maná que nos dará prosperidad eterna. En todos los sexenios desde el magnífico descubrimiento de Cantarell se han anunciado hallazgos petroleros inconmensurables. De un día a otro México amanece con reservas renovadas y con producción prometida multiplicada, como los panes y los peces que nos proveyó el Señor.

 Casualmente, estos descubrimientos se han hecho en momentos muy peculiares. Por ejemplo, el día antes o justo cuando se hace el informe presidencial súbitamente hay una multiplicación prodigiosa de barriles. Basta con esperar al 31 de agosto de cada año para volver a contar con la seguridad energética. También cuando terminan los diferentes sexenios aparecen de la nada mantos inconmensurables de hidrocarburos cuyo aprovechamiento dependerá de la administración siguiente. Entonces, si el gobierno entrante no desquita el milagro será cosa de éste.

Así sucedió con el magnífico Maximino, del cual tuvimos noticias en el último informe del presidente Felipe Calderón. Es de imaginarse que las cubas se le pasaron junto con los barriles. En su momento, se predijeron reservas de entre 674 a 1,569 millones de barriles, lo cual es “harto” petróleo. Se estimaba entonces que con este pozo se habían ampliado nuestras reservas en 10 años. Una de las partes más bonitas de este cuento es que Maximino es un pozo que se perforó a una profundidad de 2,922 metros de tirante de agua. Esto es, cuando Pemex no tenía ni un ápice de experiencia en operaciones petroleras en aguas ultra profundas. Las empresas más avezadas en este tipo de proyectos tardan entre ocho y diez años para hallar crudo. ¡Y Pemex demoró tan solo 2! Sin embargo, hoy la producción de Maximino es nula. No debió haberse llamado Maximino, ni siquiera MaxiMÍNIMO es, más bien, MaxiNULO.

Otra historia fantástica también debida a Calderón fue el potencial del mega campo llamado Chicontepec, cuya producción diaria fue inicialmente estimada en 700 mil barriles diarios y hoy mucho lamentamos reconocer que cuando Chicontepec era la tierra prometida durante el sexenio de Calderón éste producía 67 mil barriles diarios. Mientras que en 2018 cerró con 26 mil. Queda poca duda de que con Chicontepec a Calderón se le hizo la boca chicharrón.

El sexenio de Calderón fue especialmente prolífico en pozos milagrosos, no tanto en número, pero sí en tamaño. ¿Será porque ese gobierno logró una reforma energética insignificante? La reforma que no logró atraer empresas a operaciones en aguas profundas fue la misma del presidente que más descubrimientos hizo en las mismas: Trión, Supremus, Lakach, por mencionar los más importantes.

Peña también tuvo momentos de gloria, aunque de menores dimensiones. En este sexenio también se anunciaron con bombos y platillos sendos descubrimientos de Pemex y las empresas ganadoras de las Rondas.  Cuando de Pemex se trata hablamos de los cuatro descubrimientos en el litoral de Tabasco, anunciados justo en el Congreso Mexicano del Petróleo por el siempre abominado, nunca suficientemente aborrecido Ex Director General de Pemex Emilio Lozoya Austin. En ese momento se robó las cámaras, poco después unas cositas más. Luego siguieron los megadescubrimientos de Amoca-3, en aguas someras del Golfo de México frente a las costas de Campeche. La empresa aseguró que del pozo saldrían de 30 a 50 mil barriles diarios de petróleo crudo. Se trata del primer pozo potencialmente productivo perforado por un operador distinto a Pemex. Inicialmente se estimó que produciría en 2017 pero se ha pospuesto para 2019. Como dijo el ciego, ya veremos.

Otro pozo es el muy comentado Zama cuyo taladro pertenece a Talos, entonces con Premier y Sierra. Ahora, este último socio ha sido sustituido por DEA Deutche. La producción esperada es de 150 mil barriles diarios a partir de 2021 o 2022 (o échenle a 2023). De este pozo se colgó el milagrito también Pemex, el cual argumentó que se trataba de un yacimiento compartido. Por esta razón Pemex celebró el primer contrato en el que Talos y Pemex explotarán conjuntamente este yacimiento. Estos son los llamados contratos de unificación que evitan el denominado efecto popote.

Para cerrar con broche de oro el sexenio de Peña hubo el apoteósico anuncio de Ixachi, el cuarto yacimiento de gas más importante del mundo. Dado que en ese momento el precio del gas  estaba a 3.54 USD/Millón de Unidades Térmicas Británicas (MM BTU) podría decirse que Pemex encontró el cuarto yacimiento más grande de cacahuates a nivel mundial pero qué hay de malo en eso cuando nos gusta el pinole, que precisa de mucha saliva para ser tragado.

Muchas empresas en el mundo inflan sus hallazgos, tanto que la práctica tiene un nombre: Pump and Dump. El Dr. House diría que cuando de descubrimiento se trata todos mentimos. El factor distintivo es la razón por la que mentimos. Las empresas que practican el pump and dump lo hacen para mejorar el valor de su acción, lo cual, de ser descubiertas podrían ser gravemente sancionadas por los reguladores del mercado de valores. El caso de Pemex es distinto, tal vez más inocente pero igualmente perverso. La empresa improductiva del Estado cuenta cuentos para ganarse los afectos del pueblo. La cruda realidad es que nuestra producción, tras tantos magnos descubrimientos sigue de picada. Esperamos que nuestra incredulidad detenga las fantasías y que en lugar de ir de oso en oso Pemex pase de pozo en pozo.

Fin del cuento.

Pipas y flautas. ¿Cómo mover la gasolina en México?

Tras largos días de ley seca, en los que sedientos nos arrastrábamos a las gasolineras como un esperanzador oasis, ya estamos al día en nuestros combustibles. Todo indica que, en menos de lo que llegaban las pipas, ganamos la guerra contra el robo de combustible. En toda la historia del país no se ha visto una victoria más expedita contra la delincuencia organizada y sus secuaces. Ya ni el mismo presidente ha vuelto a tocar el tema y menos tras la lastimosa chamuscada en Hidalgo.

La secuela de esta crisis, que ni crisis fue, es una compra grande y algo impulsiva de carrotanques para el traslado de estos hidrocarburos. En una compra compulsiva de pipas, la Secretaria de Economía, la de la Función Pública y la Oficial Mayor de la Secretaría de Hacienda cargaron a la cuenta del país 707 cabalísticas pipas. Tres mujeres y un camino.

Lo que no es claro es si ésta es la ruta más corta y eficiente para el consumo de la gasolina de los mexicanos. Menos evidente es aun si rodar la gasolina es más seguro tanto en lo industrial, lo ambiental, como de suministro. Analicemos por qué.

Primera pregunta: ¿qué sale más barato? ¿Por ruedas o por tubo? Información hecha pública por la Comisión Reguladora de Energía muestra que el transporte de gasolina por carrotanque es 14 veces más caro que hacerlo por ducto. Esto se debe a que la aparente facilidad de verter la gasolina en una pipa y lanzarla a rodar es bastante más cara que toda la construcción, instalación y mantenimiento de un ducto. La inversión inicial de la pipa claramente es menor pero también su durabilidad. Una pipa pierde valor apenas sale del garaje de agencia, mientras que un tubo tarda más en depreciarse. Cuando la minusvalía de un ducto apenas inicia, una pipa ya cursó su vida útil. Cuando de seguridad ambiental se trata, no se necesita un doctorado en física cuántica para inferir que una pipa tiene más emisiones que un ducto que por lo general corren bajo tierra. Tampoco un ducto es una bomba rodante que carga de 20,000 a 40,000 litros de la inflamable sustancia. Y cuando de robar se trata, no se requiere de mayor pericia para asaltar una pipa cuando la perforación de un ducto precisa de mayores competencias. La tragedia de Hidalgo demuestra que no cualquiera puede picar un tubo sin salir gravemente y/o fatalmente chamuscado. Por último en orden mas no en importancia está el tema del impacto en la movilidad. El tránsito de transporte pesado causa desgaste de los caminos y congestiones. Para aquilatar el tamaño de este impacto tendríamos que conocer las rutas de las pipas las cuales no se han informado.

Cuento aparte son los titulares del negocio de transporte terrestre de combustibles. En México se conocen familias ligadas o parte de los grupos políticos que por una millonada le han prestado este “servicio” a Pemex. En la galería de la infamia tienen la sala central Carlos Hank Rohn, Javier Cantú Barragán, Gudelio y Gustavo Cavazos Marroquín, el mismo ex Director de Refinación Juan Bueno Torio y la inolvidable familia Mouriño. Estos grupos controlan un total de 1,483 empresas según datos de la Comisión Reguladora de Energía cuyo padrón de pipas no es público. Habría que ver qué tan completo es para tener una mejor idea de su monitoreo. Como sea, hay muchas historias corroboradas y no, pero todas impunes, de las rutas inexistentes de las pipas que pagó Pemex. En otras palabras, hay transporte que se pagó pero que nunca partió. No es del todo entendible que un presidente que ha tomado la pancarta del combate a la corrupción emprenda la cruzada de las pipas.

En los últimos días el presidente convocó a concurso las plazas para los conductores de las pipas cuyos resultados son difíciles de evaluar porque las cifras de solicitudes, exámenes, aprobados y pendientes de evaluar no cuadran. El número que se antoja gracioso corresponde a los solicitantes que no han tramitado su licencia. Una energeek lleva más de un año con la licencia vencida pero se ampara en el hecho de que no transporta materiales peligrosos. Esto nos lleva a que no cualquiera es apto para transportar gasolina y nos preguntamos si se trata de un ejercicio riguroso de selección y no una caza de clientelas. Si lo último es verdad, las consecuencias de la ineptitud de los choferes podrían ser fatales. Si la contratación de personal poco capacitado es el caso, bien podría caber el dicho “el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”.

Apagamos el fuego con gasolina. Sobre lo poco que sabemos de Seguridad Industrial.

Acabamos de presenciar un holocausto, si entendemos por éste el sacrificio de una víctima al ser quemada en vida. Lo sucedido en Hidalgo no es menos que eso, así se trate de personas que, por robar combustible, fueron calcinadas. A Energeeks no nos interesa asumir el papel de jueces y dictar sentencias sumarias sobre su presunta culpabilidad o de sus yerros morales. Que de eso se encargue el poder judicial o, en su caso, el sacerdocio. Las Energeeks somos técnicas y a eso nos dedicamos. Tuberas a nuestros tubos.

El tema aquí es cómo es posible que, en primer lugar, sea tan fácil perforar una tubería de forma tal que los combustibles salgan como aguas brotantes. Por otra parte, parece inverosímil – aunque no lo sea- que la gente vaya hacia la fuga en lugar de huir de ella. Ante tal incidente, el instinto más elemental de supervivencia dictaría salir por piernas de ese lugar. Ante el riesgo de una muerte semejante, tan solo el instinto de fuga debería ser suficiente para poner pies en polvorosa.

Pero ni los militares, ni la fuerza pública, ni el riesgo de muerte ahuyentaron a cientos de personas que buscaban llenar tambos de gasolina. En este momento, para no caer en hipótesis malignamente simplistas, no adelantaremos conclusiones algunas. Como dijimos ya, de la conducta delictiva se encargará el aparato de procuración de justicia. De su calidad moral se debe encargar Dios. Nosotras no somos ni el uno ni el otro.

De los que sí nos compete hablar es de la seguridad de los ductos. Ahí no se requiere ni entrar en investigaciones ministeriales ni tampoco en el confesionario. Basta con consultar algunas normas técnicas de seguridad industrial que le compete aplicar a Pemex y cuya vigilancia le corresponde a la Agencia Nacional de Seguridad Industrial y Protección al Ambiente del Sector Hidrocarburos. En nuestra cuarta entrada hicimos una introducción sumaria a esta agencia, cuyo sentido es importante pero cuya eficacia es dudosa y ahora más que nunca.

Mucho se ha dicho sobre cuestiones conductuales de los perpetradores del siniestro. Nada se ha mencionado siquiera sobre la crasa negligencia de seguridad industrial tanto de Pemex, el operador, como de la ASEA, el regulador. En primer lugar, los ductos no se mandan solos. Para construir, operar, mantener, cerrar y desmantelar estos tubos hay reglas que seguir. Estas normas antes las prescribía Pemex, hasta que en la Reforma Energética de 2013 pasaron a manos de la ASEA precisamente para que el primero no se mandara solo. El quid del asunto es si esta normatividad es lo suficiente adecuada para los ductos expuestos a riesgos extraordinarios como los que existen en México. Una cosa es un tubo en el sur de Texas y otra muy distinta es uno en el Triángulo Rojo. Un ingeniero gringo, canadiense, noruego dirán que un tubo es un tubo aquí y en China. Así que las normas técnicas deben ser las mismas. Pero cuando se trata de México, Colombia o Nigeria los tubos están expuestos a conductas humanas insospechadas e insospechables. Es difícil para los mexicanos ser comparados con los nigerianos. Dejemos los baños de pureza y pensemos en los casi 100 muertos de Tlahuelilpan.

La norma establece que, una vez hechos los análisis de riesgo -que no prevén el robo de combustibles- y la manifestación de impacto ambiental, la franja de seguridad del ducto debe minimizar la erosión del tubo y los daños al terreno. Esta disposición es para el mejor de los mundos posibles y no para Huachicolandia. El problema no es que nos falten reglas, es que nos sobran delincuentes y que no existe un aparato de procuración de justicia capaz de detenerlos. Lo que Energeeks se rehúsa a llamar Huachicoleo por sus connotaciones artesanales es en realidad una veta de negocio sumamente lucrativa del crimen organizado. De eso no ha hablado el señor presidente. En cambio, se ha limitado a señalar a funcionarios de Pemex en colusión con gobiernos “neoliberales” pero se le hace la boca chicharrón antes de mentar a los Zetas y al Cártel de Jalisco Nueva Generación.

No estamos proponiendo que la ASEA adopte en sus competencias la materia de seguridad pública y de combate a la delincuencia. Pero sí, que comience pero ya una reflexión sobre cómo la tecnología puede servir para combatir, no solo el robo de combustibles, sino también la inseguridad que causó la indescriptiblemente horrenda muerte de tantos mexicanos. Si la ASEA y Pemex no usan la inteligencia para desalentar estas conductas, la presencia de miríadas de personas armadas no podrán hacer nada.

Te hablo Juan, para que me oigas, Pedro. De la crisis energética y otras torpezas.

Pasaron los días y seguimos sin gasolina. Sin embargo, hemos visto mayores insumos, si bien no de combustible, de información que permiten corroborar una de las hipótesis de Energeeks: el presidente ha criminalizado el desabasto para escamotear una clara, evidente y monumental metida de pata. Las huellas ahora indelebles de esta patota se ven claramente en la falta de gasolina en varias gasolineras del país y de nuestra ciudad cada vez más desesperanzada.

¿Qué inquieta el sueño de las Energeeks? No tanto el que les falte gasolina, la Energeek millenial -otrora llamada refifinada- tiene auto híbrido. La Energeek cruda, a quien en ningún empleo formal la soportan hace home office donde solo sus perros y sus gatos la contemplan carburar. Así que no es por dolor propio que nos preocupa que haya o no gasolina. Es por un legítimo presagio de que las metidotas de pata seguirán su paso aproximándonos a una crisis energética. Entiéndase por ésta un desabasto de todos los insumos que requerimos para vivir y dejar vivir.

Una de las torpezas de la administración en curso es que no aceptan voluntad que no sea la del presidente. Estamos frente al tazón más enorme que hemos sorbido del chocolate del abuelito presidencial. Esta cucharada sabe a que el presidente quiere encabezar Pemex y de cierta manera CFE como si fueran su terruño. Pasan los días y Octavio Romero no dice ni “esta boca es mía”. ¿Será porque la tiene llena de chocolate del abuelito presidencial? Seguramente. Por lo que sí apostamos es que los mexicanos hemos tomado atole con el dedo. Por donde quiera se plantea el bobísimo dilema entre frenar la delincuencia o tener gasolina. Es inverosímil que la gente pueda creer que cerrar ductos es una estrategia viable de combate a la delincuencia. Cuando hay ratones en la casa es receta de abuelitos ponerles trampas con queso. No escondemos el queso para ahuyentar a los ratones de la casa. El cebo es elemental para detener a las plagas.

Y así como el cuento de policías y ladrones se cuenta para justificar desabasto de gasolina, lo mismo podrán decir de cualquier energético. Ya Bartlett, Director General de CFE, dijo que auditará los contratos de transporte de gas natural que permiten la generación de electricidad. Esto podría causar la suficiente incertidumbre para que las empresas se inhiban de transportar el gas en México. De ser así, las plantas de generación se quedarán con el estómago vacío y nosotros sin luz. Pero, alas, el presidente siempre nos podrá iluminar con su incansable batalla contra la corrupción. Una crisis en el suministro eléctrico se sentirá con más dureza que la falta de gasolina. Las generaciones fuertemente dependientes de todo lo que se prende y apaga no tendrán siquiera su computadora para manifestar su superioridad moral en las redes sociales.

Todo esto podría suceder con cualquier energético. No están exentos de las metidas de pata del presidente ni el gas que usas para cocinar o bañarte; ni la turbosina con la que vuelan los aviones que tomas o que toman las cosas que consumes. Recuerda que todo lo que usas y necesitas para mantener tu nivel de vida funcionan con energéticos. ¿Estarías dispuesto a aceptar el combate a la corrupción como razón para volver a vivir en la edad de las cavernas? Piénsalo. La honestidad de tu respuesta es para ti.

Más allá de nosotros mismos están los efectos económicos de una crisis semejante. Habrá escasez de todo porque todo viaja con combustibles a los centros de consumo. La tarifa, si el flujo eléctrico se vuelve escaso, se disparará por los aires y los costos de la manufactura y los servicios se irán con ella. No habrá empresa que lo aguante, tronarán y con ellos los empleos de millones de personas. Este tronido puede hacer un hoyo gigante en el país y por ahí podemos caer todos. No es intención de las Energeeks pintar escenarios catastrofistas. Solo pretendemos que quede claro que con la energía no se juega; que ni la caricia del algodón de azúcar, ni el sorbido del más dulce chocolate del abuelito presidencial podrán borrar de nuestros labios el amargo sabor de una crisis energética.

¿En qué parte de tu vida afectaría una crisis energética? Cuéntanos.

Entre crudos y refinados. ¿Qué pasa con la gasolina?

En Energeeks tenemos un debate, tan explosivo como la gasolina, sobre los motivos y fines de la estrategia del presidente López Obrador en su guerra contra el huachicol. Una Energeek, la refifinada, insiste en que se trata de una estrategia deliberada y fríamente calculada en contra del mercado. Con el pico de demanda decembrino la presencia multiplicada de actores ajenos a Pemex se justificaría más que nunca. Para atender el transporte necesario para nuestras vacaciones y vagancias, nuestras comidas y cenas pantagruélicas y para la cantidad de chácharas y chuchulucos que nos solemos intercambiar, esta vez sin duda Pemex no lo podría hacer solo. En cambio, si en todo caso íbamos a tener satisfecha nuestra sed de hidrocarburos, sería con los particulares como suministradores alternos de Pemex. Para esta Energeek cerrar los ductos es un golpe deliberado y certero a la apertura. Ninguna empresa va a tolerar que de forma imprevista y unilateral le cierren las compuertas que le permiten suministrar su combustible.

Nel dice la Energeek cruda. El presidente tendría que ser todo un personaje maquiavélico para urdir semejante estratagema antiliberal. A los ojos de esta Energeek es incluso dudoso que el presidente haya cerrado los ductos. Como ella no los opera, ni tiene vista de Rayos X, ni telescópica, para realmente ver si hay cierres, líquidos en los tubos, o militares y marinos en su resguardo, no puede firmar ni cumplir la promesa de que efectivamente hay ductos cerrados. A su juicio -por demencial que parezca- al presidente López Obrador lo agarraron con los dedos en la puerta cuando se alcanzó el pico de demanda, no pudo por desorden o imprevisión satisfacerla y decidió armar la epopeya del combate al robo de combustible.



¿Quién tiene razón? Para la razón se necesitan pruebas -dice la cruda- y datos -dice la refifinada-. Pero alas, ninguna de las dos Energeeks los tiene. Tampoco los tiene nadie fuera del presidente y su círculo más cercano de colaboradores. Así que para fines prácticos todos los mexicanos estamos en el hoyo y ciegos como topos.

Así, sin saber a ciencia cierta qué está pasando y cuánto durará nuestro dolor, hay cosas en las que las Energeeks están de acuerdo. La primera y más importante es que el desabasto o escasez o como quieran llamarlo no obedece a una lucha corajuda contra el robo de combustibles. Esta ha sido la heroica justificación del presidente de que no hay gasolina. Si la gasolina está en los ductos cerrados o no ha entrado a los ductos vacíos, eso solo lo sabe él y su gente. Tampoco creemos que haya cometido la estupidez supina de dar por terminados contratos de importación. ¿Con qué iba a sustituir las importaciones? ¿Con la producción de la Refinería de Dos Bocas, cuando ni una boca tiene? No pensamos al presidente capaz de semejante calamidad.

Sea un golpe calculado a la Reforma, o una novatada, o incluso de un improbable golpe a la delincuencia, las consecuencias son las mismas: un altísimo costo social de magnitudes incalculables como lo es también la duración de la crisis. Si el presidente mismo no sabe cuándo se va a cansar -el ganso- menos lo sabemos los mortales. Todo transporte requiere combustible. Eso quiere decir que al no haber combustible, habrá menos transporte de todo y este se encarecerá. Tenemos noticias de que parte importante de este combustible lo contienen 25 barcos que aguardan -muy costosamente- en los puertos de Tuxpan y Pajaritos deseosos de inyectar su carga a nuestros ductos. Pero no pueden. Eso implica multimillonarias penalizaciones que tendremos que pagar por su “amable” paciencia mientras el presidente decide cuándo pueden descargar.

Barcos esperando descargar

Otro tema interesante es en qué responsabilidades cae Pemex por no suministrar a las estaciones de servicio o a las distribuidoras de las nuevas marcas, quienes hasta ahora no han dicho ni “esta boca es mía”. ¿Pemex podrá argumentar fuerza mayor? Después de todo una orden del presidente de detener el suministro del mismo es un acto al que ninguna empresa puede resistir. Hasta ahora sabemos que solo Mobil y Arco se mandan solas porque decidieron no depender de Pemex. Puede haber otras pero, como sea son un puñado nada más.

Hay poca información. La que hay es equívoca y confusa. Las afirmaciones contundentes, o un reclamo a la verdad absoluta, son a nuestro juicio, irresponsables. Lo que hay muchos y muy buenos son los memes. En eso pecamos de exceso. Así somos los mexicanos.

¿Qué creen ustedes?

  1. ¿Es la guerra contra el robo de combustibles?
  2. ¿Es un golpe al mercado?
  3. ¿Es una novatada?
  4. Todas las anteriores
  5. Ninguna de las anteriores