Te aviso, te anuncio, que hoy renuncio. Abur a Guillermo García Alcocer.

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Ya habíamos tomado prestado el título “Crónica de una muerte anunciada” al referirnos a los primeros avisos de la desaparición inminente de la Comisión Reguladora de Energía, que ahora presumimos consumada con la salida del Comisionado Presidente Guillermo García Alcocer.  En unos cuantos días Memo hará entrega honrosa de su encargo y al decir honrosa nos referimos al sentido más estricto de la palabra. Según su carta de renuncia dirigida a la opinión pública, Memo ha tomado la decisión de dejar su encargo por una incompatibilidad de visión sectorial con los cuatro nuevos miembros de la Comisión.

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Este hecho se encuentra fehacientemente plasmado en la transmisión de la sesión del órgano de gobierno de la CRE del 21 de mayo en donde, entre otros asuntos de menor trascendencia, el comisionado Celestinos hizo un par de afirmaciones muy curiosas relacionadas con su renuencia a sancionar a Pemex por prácticas anticompetitivas. Se votaba una resolución para sancionar a Pemex por darle un precio favorable a determinados adquirentes de gas lp, lo cual resulta una práctica discriminatoria respecto de otros compradores. En la sesión es más que notorio el temblor de la mano de un comisionado leal al monopolio, cosa que no podría ser más incongruente con su nuevo cargo. Por otra parte, el mismo comisionado Celestinos solicitó poder asistir a una serie de eventos y de mesas de trabajo destinadas a la construcción de la refinería en Dos Bocas, a petición de la señora Secretaria. Sobre esta encomienda vale mencionar, que no solo Celestino es incompetente como funcionario público para participar en estas mesas de trabajo, sino que también sufre de un tamañísimo conflicto de interés. Un regulador nada tiene que hacer en mesas de trabajo para apoyar un proyecto de un regulado, sea este propiedad del Estado o de alguien más.

Para efectos del modelo energético actual, en tanto éste no sea abrogado, es tan grande el conflicto de interés de un comisionado al asistir un proyecto de Pemex, como si apoyara alguno de cualquier particular. Para ser más claros, digamos que los comisionados de la CRE no tienen entre sus funciones la facultad, ni la obligación de apoyar la construcción de refinerías de nadie. Sean éstas de Pemex o incluso del alma resurrecta del mismo tata Lázaro Cárdenas.Toda vez que un comisionado debe ser imparcial, no puede apoyar la construcción de los proyectos de regulado alguno. En suma, ningún comisionado puede, ni debe apoyar, asesorar, mentorar, inaugurar, bautizar instalación alguna que pertenezca a un regulado.

A la postre de esta solicitud, el comisionado Celestino siguió profiriendo aberraciones. Lo más notable fue su postura hacia lo que lo que él considera, mal llamada, regulación asimétrica de Pemex. Independientemente de las apreciaciones subjetivas del comisionado la terminología de regulación asimétrica existe en la Ley y se aplica a Pemex, por aún ser un actor dominante en la industria. Si al comisionado Celestino no le gusta el término y menos le gusta la política de aplicar regulación asimétrica en un actor dominante, en tanto no se reformen las leyes, tendría que dejar el puesto pues debe actuar en consonancia con el marco jurídico vigente.

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Otro momento, singularmente grato, fue cuando la ahora comisionada Leticia Campos se pronunció a favor de darle a la CRE una “dimensión social”. Sin saber a ciencia cierta qué quiere decir Campos cuando expresa esta aspiración, los reguladores tienen la misión social de crear mercados competitivos y eficientes, no de dar limosnas y mucho menos subsidios. Si esto no lo entiende Campos, en lugar de trabajar en la Comisión Reguladora de Energía tendría que ser la comisionada fundadora de la Comisión Regaladora de Energía.

Esta sesión fue clausurada con parsimonia y elegancia por Guillermo García Alcocer. Sin embargo, no es preciso ser especialmente perceptivo para notar que a éste se le había trabado la mandíbula y encebollado el hígado. Es en ese momento, seguramente que Memo se dijo a si “de aquí yo no soy”. ¿Y quién lo culpa? Nosotras tampoco.

 

Circuito cerrado. La CFE y ¡adiós al mercado!

No sorprende pero sí asusta. Quien reconozca las pisadas de Don Manuel Bartlett en el sector energético podrá, fácilmente, imaginar a Godzilla en Tokio. Don Manuel es un tipo litigioso. Varios proyectos fueron llevados a juicio a merced de su enjundia. Ya fueran los contratos de servicios múltiples, los permisos eléctricos y mucho más recientemente los gasoductos, Bartlett se ha propuesto la judicialización de su ira política. Es decir, usa los tribunales como una letrina de sus entripados políticos. Hasta ahora, la justicia no le ha concedido la razón. Cuando entabló demandas civiles en contra de los contratos de servicios múltiples, los jueces desecharon sus demandas por improcedentes. En lo que respecta a la observación de nulidad de los permisos eléctricos, que él interpuso ante la Auditoría Superior de la Federación, la Secretaría de Energía, entonces a cargo de Felipe Calderón, respondió con una controversia constitucional, la cual fue resuelta por la Suprema Corte de Justicia de la Nación en términos desfavorables a sus pretensiones. De nuevo, los tribunales no le reconocieron competencia alguna para impugnar los permisos. Por ende, Don Manuel es a todas luces un señor belicoso pero, al parecer de los tribunales, notoriamente incompetente. Ya en las últimas semanas supimos de sus más recientes eructos sulfurosos en materia de ductos.

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Así se comportaba Manolo cuando era tan solo un molestísimo grillo. Empero, de entonces para acá, Don Manuel devino en algo aun más terrorífico. Él es hoy la cabeza (si es que la tuviere) del aún monopolio en la prestación del servicio público de la energía eléctrica. En cristiano, Bartlett controla el switch de toda la luz en México. Esta vez, Manolo no amenaza con el largo brazo de la justicia. Sino con algo mucho peor; ahora, que tiene el control operativo del gorila de 300 kilos, amenaza con hacer papilla del mercado. Y lo hará de la manera siguiente. Dará el primer golpe bajo con las tarifas de transmisión. Podrá haber privados generando pero se tendrían que tragar su flujo eléctrico, si no cuentan con una tarifa de transmisión competitiva. Suena a que Don Manuel instruirá a la CRE para que revise las tarifas de transmisión a la alza. Qué curioso un mundo en el que un regulado le manda tareas a un regulador. Claramente, se trata de un mundo en el cual desaparece el regulador y, por ende el mercado.

Otro embiste de Bartlett, consiste en no volver a recurrir al sistema de subastas a largo plazo, en las que concurrieron muchos particulares a tarifas muy bajas. Aunque conceptualmente este hecho es lamentable, pues se elimina una manifestación del mercado eléctrico, en los hechos, las Energeeks dudan mucho de la trascendencia de estas subastas. Lo que se perdería, en todo caso, es la posibilidad futura de que estas subastas funcionen. Lo ganado mediante ellas, hasta el momento, ha sido realmente poca cosa.

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Por último, el maquiavélico Manolo sí pretende utilizar los mecanismos de mercado en perjuicio del mercado mismo. Whaaat?!? Según lo que entendemos de su verborrea beligerante, éste pretende crear una sobreoferta de Certificados de Energías Limpias, al incluir a las centrales de generación legadas dentro de este esquema. Por ende, al haber más oferta de Certificados de Energías Limpias, éstos bajarán de precio y así, se mermarán los incentivos para financiar mediante ellos.

Sobre esto último, si no entendieron nada, no se preocupen. Nosotras tampoco.

De tal Talos, tal astilla. ¿Quién debe operar Zama 1?

Los que de una manera u otra pertenecemos o somos afines a creencias míticas mediterráneas, conocemos el llamado “mal de ojo”. Cuando por azares del destino poseemos algo muy envidiable tememos que algún codicioso lo taime con solo mirarlo. De ahí que en las zonas donde pululan personajes mediterráneos es posible encontrar, entre otras chácharas, colgajos, dijes o llaveros con un ojo azul, por lo general hecho de vidrio. Estos ojos los vemos en coches, cunas, caballos e incluso, en los cuellos de mujeres hermosas para ahuyentar a los envidiosos. Talos Energy debió haber colgado uno en la boca del pozo Zama.

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Zama-1 ha sido, junto con Amoca de Eni, el pozo más cacareado por las autoridades energéticas del gobierno de Enrique Peña Nieto. En el afán de presumir las bondades del modelo abierto, la Secretaría de Energía puso un reflector muy grande sobre este descubrimiento. Ahí comenzó una polémica importante sobre a quién le correspondía el mérito del hallazgo. La comentocracia estaba dividida por tratarse, según el mismo dicho de la Comisión Nacional de Hidrocarburos, de una zona harto explorada por Petróleos Mexicanos. De tal suerte, algunos argumentaron que Talos no requirió grandes esfuerzos para lograr el hallazgo, toda vez que ya contaba con información geológica sustantiva proveniente de Pemex. Otros alegaron que, al no requerir Petróleos Mexicanos dicha área en la Ronda Cero, podemos decir que Pemex voluntariamente renunció a su derecho de explorarla y explotarla. Por estas razones esta área quedó en manos del Estado y fue licitada y luego ganada por el consorcio de Talos, Sierra y Premier que han sido proclamados descubridores de un pozo milagroso.

La alharaca en torno a Zama puso en guardia incluso a funcionarios del gobierno de Peña. CNH reiteró la afirmación de Talos de que se trataba de un descubrimiento en el sentido estricto. Luego de la declaración del órgano regulador, el mismo Pepe Toño González Anaya declaró que no era un descubrimiento como tal, porque Pemex ya sabía de la existencia de esos recursos pero no de su magnitud. luego, Burundanga (Pemex) le respondió a Muchilanga (CNH) que no solo sabía de la existencia de esos recursos, sino que el pozo había tocado un área de asignación perteneciente a Pemex. Insistimos: Talos debió haber colgado su ojito azul de vidrio en la boca del pozo de Zama. El mal de ojo estaba echado.

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De los reclamos de Pemex de que se trata de un yacimiento compartido surgió la idea de celebrar uno de los nunca suficientemente abominados e invariablemente dolorosos, contratos de unificación de yacimientos. Un contrato de tal naturaleza suele obligar a empresas muy disímbolas y con prácticas corporativas potencialmente incompatibles a volverse socias de un proyecto. Es algo así como un matrimonio de conveniencia pero con petróleo de por medio. Las partes se juntan porque les conviene pero no necesariamente porque se aman. El petróleo que hay de por medio es lo que los une pero nada más. En un contrato de unificación de yacimientos se elige a un solo operador para llevar las operaciones conjuntas. El sentido común dictaría que, ya que Talos ha sido el operador que descubrió el potencial real de los recursos, éste mismo debería ser el operador designado. Cuando se unifica un yacimiento, la práctica internacional dicta que no es necesariamente la parte con mayor interés económico la que debe ser el operador, sino la parte más diligente. Claramente a nuestro juicio si Pemex renunció al área en la Ronda Cero, por ignorar su potencial y Talos lo descubrió, es este último el que debe ser considerado como el más diligente. Sin embargo, ahora Pemex, bajo la batuta del presidente López Obrador y con Romero Oropeza de primer violín, reclama su derecho a ser el operador del yacimiento unificado. El presidente ha pedido respeto al yacimiento, cuando los yacimientos no existen para ser respetados, pero los pactos sí. Y fuera del tema de la santidad de los pactos, está la falta de criterio en tanto a la elección del operador que mejor conviene a los intereses de México. Díganos ustedes: ¿qué empresa debe operar Zama-1? ¿La que ignoró su potencial y la cedió en la Ronda Cero o la que tras haber ganado un contrato lo descubrió?

De tecnocracia a tuercacracia: la tiranía de los Inges

Nunca hemos considerado que una disciplina de conocimiento sea superior a otra. Los saberes no son competitivos sino complementarios. El sector energético es interdisciplinario por excelencia. Quien niegue o supedite la validez de una rama profesional lo hará por ignorancia y por soberbia. Ninguna combinación podría ser tan letal para una industria.

A lo largo de nuestra ya larga vida en el sector hemos escuchado muchas estulticias. Las que se llevan la palma y el cetro en esta administración son las consistentes en denigrar a ciertos tecnócratas por el origen de su casa de estudios. Había que purgar a la SENER, a la CNH y a la CRE de los economistas del ITAM o cualquier cosa que se pareciera a ello. Un caso ejemplar fue el de la purga del último de los tecnócratas. Casi tan vomitivo como el ITAM es el Tecnológico de Monterrey de donde viniera Don Carlos Urzúa. Este técnico le causó un coma diabético al sistema, como si el mismo Carlitos le hubiera inyectado FEMSA por las venas. Ahora la llave la tienen los ingenieros. Nada malo con eso. El problema es que varios de los ingenieros que hoy llevan la batuta no respetan a nadie que no sepa llenar una hoja de cálculo. En declaraciones de la Secretaria de Energía en una entrevista con Alejandro Cacho en el Heraldo TV, la ingeniera descalificó las críticas de varios expertos respecto de la viabilidad de la refinería porque “no somos refinadores”. Es verdad, muchos de los que hemos cuestionado la viabilidad de la nunca suficientemente denostada y sobradamente abominada refinería no somos refinadores. Somos financieros, economistas, abogados, actuarios, matemáticos y otras disciplinas para nada despreciables en su relevancia. No necesitamos haber estado dentro de una torre catalítica para saber cuando un proyecto podría funcionar en todas sus dimensiones. El que tiene en mano la llave de tuercas podrá apretarlas pues eso es lo que en su leal saber y entender le corresponde. Y repetimos: no criticamos a los del overol, botas y casco pero sí pedimos que se reconozca que, así como nosotros tenemos limitaciones en nuestro ámbito de conocimiento, lo mismo puede decirse de ellos. 

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Un ejemplo claro es la designación del maestro refinero en la Comisión Reguladora de Energía. Aplaudimos casi una centuria de su experiencia en la fábrica de refinados. Sin embargo, no se le ve trayectoria alguna en materia de políticas públicas y regulación. El sector ahora parece un mural de Diego Rivera en donde marchan los obreros con su overol, su casco y sus botitas.  Es la imagen de dictadura de la tuercacracia. Ahora bien, respecto de la misma Secretaria, que tanto alardea sus conocimientos técnicos, sus mismos colegas le han reprochado extrema ignorancia. La ingeniera Nahle lleva más tiempo aposentada en la tribuna, gritándole a las paredes, que produciendo un barril de nada. La Secretaria de Energía es formalmente una ingeniera pero materialmente una grilla, como lo decimos los despreciables abogados.

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El desprecio a los saberes es en extremo peligroso. Es más grave cuando este desprecio lo encarnan personas que descalifican sin los instrumentos más elementales para construir alternativas. Desde la tribuna los insultos y las descalificaciones son de lo que se vale una oposición ignorante para detener el progreso de un país. Pero un gobierno no existe para apretar las tuercas de la gente pensante. Eso es tiranía.

Nuestra neta sobre Greta y el calentamiento global

La verdad, la verdad no la tenemos. Ni la neta sobre Greta, ni tampoco sobre el calentamiento global. ¿Recuerdan que alguna vez Energeeks se abstuvo de manifestar una opinión categórica sobre el shale gas porque carecemos de criterios científicos suficientes para tenerla? Lo mismo nos pasa hoy con el tema del calentamiento global.

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Hoy las redes sociales han estado topadas con el reclamo de la joven sueca en su pugna contra el calentamiento global. Palabras más, palabras menos al comparecer en las Naciones Unidas Greta puso cual lazo de cochino al liderazgo global por su cínica omisión ante lo que parece el advenimiento del Apocalipsis, cuyos jinetes son: China, India, Estados Unidos y Rusia. Muy acertadamente Greta habló de una traición generacional. Los que de hidrocarburos felizmente hemos vivido pasaremos la factura a las generaciones venideras. El consumo irresponsable de sustancias que dejan una huellota de carbono ya se siente en las manifestaciones de vida animal, vegetal y humana.

Las imágenes de los incendios, ya fuere en la Amazonia o en África, fueron desoladoras. Quedó muy claro a qué factores se debieron estas calamidades. Se habló de destrucción forestal para la industria ganadera y de prácticas agrícolas  de roza y quema. La relación causal entre éstas y el calentamiento global no le quedaba claro al público. Mientras que todo quedaba puesto en un bolsón de daños ambientales las explicaciones sobre la magnitud de la responsabilidad antropogénica era más culpígena que esclarecedora. Por un momento no había demonio que elegir, si Bolsonaro o Trump. La protervia extrema de estos dos personajes reducían a la insignificancia a nuestro pobre presidente, aún con su tren Maya y su refinería.

Buenos y malos, ángeles y demonios. Greta lleva alas y Trump tridente y cola. ¿Realmente es así o es una manera de simplificar la realidad para que cómodamente la entendamos? Por más que Greta señale a los líderes globales de privarla de su niñez (¿de su niñez? ya tiene 16 años) y de su obligación de ir a la escuela por tener que asistir a las Naciones Unidas (francamente nos da envidia) el fondo de la cuestión descansa en nuestro sistema de consumo. Los detractores del calentamiento global argumentan que la antropogénesis de la elevación en las temperaturas es un factor mínimo. La Tierra es, después de todo, una pelota de fuego en la que estamos plantados. Los que al contrario se mantienen firmes en su lucha contra todas las emisiones de gases de efecto invernadero no dejan de culpar a la especie humana de ser la firmante de nuestra sentencia de autodestrucción.

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Nosotras no sabemos qué pensar puesto que no vemos, con prístina claridad, cuánto del calentamiento global corresponde a un ciclo natural bis a bis los descuidos antropogénicos. Creemos que Greta además de matar con la mirada a Trump debería hacer un llamado contundente a la comunidad científica global para que, independientemente de sus intereses, nos expliquen qué pasa en el mundo y por qué. Por más taquilleros que sean, ni Leonardo Di Caprio, ni Harrison Ford, ni la misma Greta son portadores de la verdad científica ni de la neta del planeta. ¡Y tenemos derecho a saber!

Old McPemex had a Farm Out E-I-E-I-O?

¡Sorpresa! Pemex no ha celebrado, ni celebrará un solo Farmout. Desde los tiempos de Peña, hemos repetido hasta la asfixia que los famosos Farmouts no son Farmouts. Esta no es una simple obsesión abogadil. No por ser tinterillos todos somos banales. Cuando en la industria internacional se habla de un Farmout, se hace referencia a un arreglo contractual muy específico. A los abogados, que nos jactamos de culteranos, nos fascinan los orígenes de las palabras y los términos. Rastreemos, pues, el origen del concepto Farmout.

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Había una vez, una abogada de orígenes palmariamente urbanos que en su vejez compró un rancho para retirarse junto con sus caballos y ser felices para siempre jamás. En su periplo y búsqueda de propiedades rurales halló por suerte un terreno de hectárea y media que además alojaba una cabaña asaz encantadora. También había algunas caballerizas. Sin embargo, la cabaña y las caballerizas ocupan una superficie aproximada de 300 metros cuadrados, lo que  arroja un restante de 14,700 metros cuadrados con los cuales hay que hacer algo que no sea invitar a las nueve plagas del Éxodo. Esta abogada, por más que se puso ya su camisa a cuadros, sus botas vaqueras y su sombrero ranchero, no tiene la más peregrina idea sobre cómo hacer productiva su tierra. Por lo mismo, una solución sería cederle los derechos de parte de su terreno a alguien que pueda convertir lo que podría ser tierra ociosa en valor. A cambio, la otrora abogada, ahora inexperta terrateniente, recibirá una contraprestación a cambio del uso de su terreno sin tener la responsabilidad de volverlo productivo. Eso, amable y apreciable público es un Farmout.

Esto mismo sucede en terrenos petroleros. Supongamos que PetroEnergeeks es operador de un gran bloque petrolero. El board de PetroEnergeeks se percata de que el desarrollo y explotación de una parte de su terreno no es económicamente viable, o presenta demasiados retos tecnológicos o que por angas y por mangas no le interesa desarrollar ese cacho de subsuelo. Si es así, PetroEnergeeks puede buscar ceder los derechos de esa área a un interesado, en la inteligencia de que recibirá una contraprestación y que el cesionario se compromete a generar valor. Ese es un Farmout petrolero.

Cuando le fueron adjudicadas asignaciones petroleras a nuestro nunca suficientemente querido y ambivalentemente ponderado Pemex, éste no podía ceder ni un centímetro cuadrado de las mismas a un tercero. Por mandato constitucional Pemex no puede ceder a nadie parte de sus asignaciones. Lo que sí es posible es que Pemex licite compartir esa área con un tercero, lo que  resulta en que de un área de asignación se haga un área contractual. Esto, sin embargo, no es una cesión parcial de una asignación. Esto sí es un contrato de operación conjunta con un socio sobre un área contractual. Esto ¡por piedad! NO ES UN FARMOUT. Y PUTO el que siga diciendo que es un FARMOUT.

Pasaron los años, y como la lengua es flexible, los inversionistas aceptaron que nuestros Farmouts no eran Farmouts. Que realmente se trataba de los llamados Joint Operation Agreements sobre un área contractual, en la cual Pemex podía ser o no operador. Ahora, que por fin  comenzábamos a entendernos, volvimos a la Torre de Babel donde un día el presidente y la secretaria anuncian que ya no habrá Farmouts. Hemos de suponer que ellos se refieren a que ya no habrá más contratos de operación compartida con Pemex. Pero, maldita sea, algún entusiasta que frecuentemente se hace llamar Alfonso Romo de repente le da por anunciar que los Farm Outs volverán. Y después de cacarear ese huevo resulta que ahora los Farmouts son contratos de servicios con Pemex, con tarifa volumétrica. Nada menos parecido a un Farmout en este ancho y ajeno mundo de la industria petrolera. Entendemos que no hay razón para sacralizar la terminología, pero tampoco tiene sentido hacer del ya complicado lenguaje técnico una prosa en húngaro. Nuestra industria es tan retorcida que fácilmente confundimos una costra por osa. La desventaja de nuestro champurrado terminológico es que existen costos en darnos a entender.

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México es conocido por su lengua florida. Cuando se trata de la poesía de Nezahualcóyotl es patrimonio cultural. Si hablamos como hablamos en la industria NO es patrimonio, sino puritito desmadre.

El paquete económico o la Cajita Infeliz 2020

De entre los gustos culposos destaca aquella cajita del payaso, alta en colesterol repleta de porquerías “grasosas pero sabrosas”. De niños dependíamos del juicio de nuestros padres que usaban a veces la cajita feliz para cuando, por encontrarnos insoportables no nos podían meter en una más grande para enviarnos por vía express a Tombuctú. Ya con la boca muy ocupada con grasas, azúcares, harinas y algún juguetillo armable nos podían archivar aunque fuera un rato. Digamos que la cajita feliz tal vez no lo era tanto para nosotros, sino también para ellos.

El paquete económico que ahora presenta nuestro, poco feliz, Secretario de Hacienda en algo se parece a las cajitas malonas. De tanta chatarra que hay dentro, no resulta tan fácil aquello que podrá ser nutritivo y propicio para el desarrollo económico del país. Es clara la inscripción al programa de los cuida kilos de los Órganos Reguladores, a los cuales no solo se les cortó la grasa, que ya ni tenían, sino que ya están alistados para los juegos del hambre. Qué bueno que los comisionados sílfide como Guillermo García Alcocer y Montserrat Ramiro abandonaron la mesa, o de lo contrario se los hubiera llevado la calaca. Otros más robustos tal vez hubieran aguantado con sus reservas de grasa corporal. No decimos nombres para no ofender a los presentes, o mejor dicho; ausentes.

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Para darnos una idea de la hambruna regulatoria debemos destacar que la suma de los presupuestos de ambos reguladores se redujo casi un 50% de 2019 a 2020. En poco tiempo los comisionados, alguna vez rozagantes, tendrán el aspecto del niño con el pijama de rayas sin ser eximidos de trabajar a marchas forzadas.

Nada que ver con el presupuesto de la Secretaría de Energía, la cual se llevó la más cachetona, con un presupuesto de 47,399.7 millones de pesos. Este monto no es nada despreciable si se asume que las labores de la Secretaría son principalmente administrativas, que no requieren mucho más del uso de la cabeza, lápiz y papel. En cuanto al potencial intelectivo de los funcionarios de la SENER, es clarísimo que lo que la natura non da, el presupuesto non presta. Ora sí, con dinero y sin dinero, seguirá siendo un mugrero.

En cuanto a Pemex y CFE, el aumento de presupuesto del primero es de aproximadamente el 9%, mientras que CFE, como el coronel, no tiene quien le escriba y apenitas le aumentaron poco más del 1% El destino de los recursos de Pemex son muy parecidos a los de siempre: perforación de pozos, yarayarayara; abastecimiento de petrolíferos para todos los mexicanos yarayarayara; inversión en logística, yarayarayara; y no faltaba más, la nunca suficientemente mentada y ya por muchos aborrecida: la Rechinería de Dos Bocas. En CFE sí hay novedades, aquí el contenido del huevito Kinder Sorpresa se llama Internet para Todos. No seremos los mexicanos quienes saboreemos lo dulce de esta golosina sino que cabe la sospecha que será Fat Boy Slim quien se relama los bigotes. Yarayarayara.

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La risa en vacaciones del sector energético.

Las Energeeks han vuelto después de unas vacaciones singularmente acontecidas. Cosas interesantes hubo apasto durante estos meses de esparcimiento veraniego. Con el bote de palomitas tamaño ultra familiar observamos acontecimientos dignos del sainete político más chafaldrano. Primero tomamos carretera rumbo a la mansión embrujada de Don Manuel Bartlett, sus amenazas (ahora felizmente intrascendentes) de demandar en arbitraje a las empresas transportistas de gas fueron como espectros que de repente nos asaltaban desde sus féretros. Con cara mortecina, Don Manuel sacó el cuchillo cebollero e hizo aspavientos mil de cortar tubo por tubo. !Booo!

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Otro sobresalto rompe nervios fue el muy aguardado y decepcionante programa de negocios de Petróleos Mexicanos. Corregimos: fue decepcionante únicamente para los ingenuos que esperaban algo distinto de este gobierno. Lo sorprendente no es tanto la extrañante insistencia en volver a entronizar a Pemex en su situación monopólica. Lo que realmente es inescrutable es cómo pretenden lograrlo sin dinero. Y entre más insisten en hacer que México sea territorio Pemex, más las calificadoras castigan su situación financiera. La degradación ha sido tal que ya las agencias malosas prefieren guardar silencio.

Acto seguido, Carlos Urzúa emprendió la marcha de Zacatecas con estruendosa banda dominguera: con una tuba grandota y unos platillos de lata. Sin decir ¡agua va!, a media mañana de un martes, el profe Urzúa sacudió al peso y al país con imputaciones harto graves de intromisión de ineptos en su trabajo y de los tan denostados, nunca suficientemente abominados, conflictos de interés. Otra vez, todos corrimos por el bote de palomitas multi familiar en suspenso de saber a quién se refería y por qué. Pero ¡booo! 

Al día siguiente cuando fue entrevistado por diversos medios, en particular la revista Proceso, dijo que estas imputaciones no le constaban. En cualquier otro país el profe Urzúa hubiera recibido, al menos, pamba con picahielo por andar de bocón e irresponsable. Celebramos que haya vuelto a la torre de marfil en donde sus declaraciones no causarán el colapso del peso, ni de la Bolsa Mexicana de Valores. ¡Que con su Puaré se lo coma!

Otro detalle simpático fue la inauguración de las obras de la rechinería de Dos Bocas cuando aún no se contaba con la autorización de la Manifestación de Impacto Ambiental de la misma. Como nuestros aluxes en Pemex nos han informado que ésta es una porquería, quizás sea indiferente que la refinería se construya con o sin ella. 

Volvimos a clases con una buena noticia: la CFE llegó a un acuerdo, al parecer, satisfactorio tanto para los tuberos como para nuestra otrora empresa de clase mundial. El presidente quedó tan contento que al anunciarse el acuerdo pidió, como su predecesor, el aplauso del público. Este acuerdo además de salvarnos de la precariedad energética, según su dicho, nos ahorrará 7,500 millones de dólares. Aún no hay explicación de este gran ahorro. A decir verdad, aún no hay claridad de nada, porque tanto la negociación como el acuerdo mismo, destacan por su opacidad. Lo que sí se vió a todas luces es el beneplácito de Don Carlos Slim quien se mostró singularmente expansivo durante la ceremonia. Tal vez todo México no vuelva a ser territorio de Pemex, pero todo pinta a que con los favores y gracias de este gobierno nuestro subsuelo podría convertirse en territorio telhell. 

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Continuará.