¡Trágame tierra! Pemex truena.

Como en las películas chafas de desastres de los años 80, Pemex parece un infierno en la torre ejecutiva. Ahí en un resquicio del piso 45 anda Octavio Romero, pequeño y asustado como un ratón por los tronidos que han dado las calificadoras al desempeño de Pemex. En México el presidente goza de una aceptación inusitada. Los mercados internacionales no comparten el entusiasmo de la banda AMLOVER – ni siquiera por su letanía de buenas y sanas intenciones- . Es más, cada vez que Andrés dice algo que anima al pueblo las calificadoras -como Fitch, Moody’s y Standard & Poor’s- rugen embravecidas y nos sacan del salón. Cada vez nos va peor en sus evaluaciones.

Andrés tiene razón  al decir que no todo lo que brilla es oro. El desempeño probo del gobierno y sus empresas deben tener algún valor. El desatino de este juicio radica en no ver quién hace la valuación y por qué. Estas calificadoras se dedican a ponderar la capacidad de cumplimiento crediticio de los agentes económicos, para ello se fijan en la solvencia de estos agentes para cumplir sus compromisos financieros. Ser pobre pero honrado no amerita una buena calificación crediticia por parte de ellas. Y para peor de males Pemex hoy es cada vez más pobre pero no más honrado.

No es la primera vez que Pemex truena y se va a segunda vuelta e incluso extraordinario. Aunque Pemex empezó 2013 con un aumento  en su calificación (BBB+ y A-) el burro de Lozoya no hizo bien su tarea y con él bajó a BBB-. Lo cual no es palmariamente reprobatorio pero comienza a ser mediocre. Todo buen matado hubiera apelado la calificación ante su profesor. Tal vez alegaría “que estudió mucho” y que no entiende su calificación. A eso correspondería una respuesta como “¿Qué parte del 5 no entendiste? Los palitos o la bolita”. Así como en un examen no son de primera importancia los desvelos ni los esfuerzos del evaluado, una calificadora no se tienta el corazón porque un agente económico tenga calidad moral. Lo que está en juego es si puede pagar lo que debe o no. Las calificadoras no son hipócritas. Simplemente no viven en el confesionario ni se encargan de la rectitud espiritual de los que piden dinero del público.

Para salir bien en los exámenes de las calificadoras rapaces no importa si Pemex es bueno o malo; importa si es buen o mal pagador. ¿Qué haría que Pemex fuera solvente? Buenos negocios. ¿Qué podría ser un buen negocio? Lo que más utilidades deja. ¿Qué deja más dinero en la industria petrolera? Bajo ciertas condiciones la exploración, la producción y la consecuente comercialización del petróleo crudo. ¿Qué es lo que menos deja en esta industria? Bajo toda circunstancia la refinación, la cual es considerada como un mal necesario para la transformación del petróleo crudo para productos petrolíferos de uso final. Todas las cochinadas que consumimos deben pasar por la ardua etapa de la transformación industrial antes de llegar a nuestras manos pero eso no quiere decir que la refinación en sí sea rentable. Para ser claras es como si horneamos un pastel. La actividad de cocción no es rentable, lo que es rentable es la venta del pastel con todas las confecciones que se le ocurran al repostero.

Andrés quiere un horno nuevo. Y quiere un gran horno. Y no solo quiere un gran horno, sino uno para hacer pasteles baratos que gusten al pueblo. O sea, quiere gastar mucho para vender barato. ¿Dónde está la ganancia? Esta pregunta tan simple es la que se hacen las calificadoras. No ven por qué alguien usaría el dinero de los demás para perderlo. Esa es la obligación de estas agencias. Si Andrés les chilla y les explica que tiene que producir gasolina barata porque el pueblo de México no tiene pan, Fitch, Moody’s o S&P le dirán como Maria Antonieta, en defensa de los derechos de los acreedores de Pemex, “que coman pastel”.

Corrupción o Mercados. El falso dilema.

¡Todo es culpa de los neoliberales! Cada vez que Pemex vuelve a pasar de panzaso las evaluaciones de las calificadoras es culpa de las deformaciones causadas por los tecnócratas de lente de pasta, pelo engominado para atrás y del ITAM. Esas ratas de Río Hondo merecen la pena de muerte por haber hecho de nuestros titanes energéticos unas piltrafas. Fueron ellas las que entregaron el patrimonio nacional a cambio de un plato de lentejas muy vil. En el mercado energético abierto en México los que resultaron ganones fueron las empresas que se sirvieron petróleo, gas y electricidad con la cuchara grande.

Corrupción o mercado ¿cuál elegir? Es como si los mercados tuvieran implícitos la corrupción, el abuso y el desfalco y que para librarnos de la primera fuera por fuerza necesario recurrir al Estado como el mejor propietario y empresario de nuestros bienes energéticos. Nada es menos plausible y pocas cosas son más falsas. Muy poco ha hecho el Estado Mexicano por combatir la corrupción y menos cuando se trata de la industria energética. Las dolencias de Pemex y CFE pueden atribuirse a gobiernos estatistas como el de López Obrador. Se parecen más ciertas políticas públicas de AMLO a las de Tatcher y Reagan que las que tuvieran Peña, Calderón, Fox, Zedillo y Salinas. La ironía es que nuestro presidente en turno se parece más a quien critica y menos a quien elogia. Fueron Reagan y Tatcher los que en su momento propusieron un Estado mínimo, despidos de burócratas y recortes sustanciales a los programas de asistencia social. Andrés incluso le ha dado la espalda a las organizaciones no gubernamentales cuyos miembros lo apoyaron en su campaña y votaron él y su partido. Imaginamos que muchos de ellos se estarán repitiendo ¿WTF?

Que no nos digan, que no nos cuenten. Los gobiernos que Andrés llama neoliberales han estado muy lejos de serlo. Ningún neoliberal que se precie de serlo hubiera permitido que fuera el Estado y no el mercado el propietario y empresario de los medios de producción de los energéticos. En palabras menos mamonas, Milton Friedman se estará revolcando en su tumba por haber sido comparado con Peña o Fox por haber una brecha inconmensurable entre los coeficientes intelectuales entre el del primero y los de los últimos. Para constatarlo basta observar la conferencia intitulada política energética del gran flaco Friedman donde dice que el dilema no está entre elegir el mercado y la corrupción, sino entre el mercado político y el mercado económico. Friedman, como buen judío liberal, primero se hubiera rasgado las vestiduras antes de enterrar a Pemex y CFE en la sepultura del Estado. Sin saber lo que podría opinar imaginamos que Milton nunca hubiera accedido a tener una gobernanza dictada por burócratas y el sindicato como la de Pemex y la de CFE. Esa gobernanza es para un mercado político y no para uno de bienes y servicios.

Ahora bien, si de corrupción hablamos no existe la reducción hasta el absurdo que hace el presidente entre el neoliberalismo y la misma. Los neoliberales amamos la competencia y las eficiencias que pueden dimanar de la libertad de mercado y la corrupción restringe esta libertad. En ese sentido la actuación de todos los gobiernos de los presidentes que hemos mencionado han distado de ser liberales, neoliberales o cualquier cosa que se les parezca. Ofende que a Peña le llamen un neoliberal, cuando pocos presidentes han promovido como él, el detestado y nunca suficientemente denostado “Capitalismo de los Cuates”. Ha sido este círculo de amigochos el que se ha llevado contratos suculentos con Pemex y CFE. Muy lejos de una auténtica dinámica de libre mercado. El conservadurismo de los círculos de poder en México ha sido antagónico a la multiplicación y diversificación de los actores en el sector energético. No podría haber una tendencia menos neoliberal que ésta.

Tal vez para el presidente ser neoliberal es ser corrupto. Se equivoca. El neoliberalismo es una ideología política y económica que requiere de mucho estudio para ser asumida. Ser corrupto no es otra cosa que una conducta inescrupulosamente egoísta. Nada que ver una costra con osa.

El oso es del presidente que, cuando pretende ganarse un espacio en el mercado político culpa a una élite política a la que él mismo ha pertenecido. Todos los gobiernos de México se han preocupado más por vender en el mercado político que en impulsar un mercado eficiente de bienes y servicios energéticos. La razón es muy sencilla: el mercado político sujeta a los individuos a la voluntad estatal, mientras que el mercado económico puede ser un contrapeso al poder estatal.

¿Cuál prefieres?

A 10 días de los 100 días. El “NO” del sector energético.

Tal vez sea este el sexenio más largo y cruel para el sector energético. Después de un gobierno que le dijo “SÍ” a todo, incluyendo la corrupción y la ingobernabilidad, tenemos ahora uno que sostiene una tendencia negativa: No hay gasolina, No hay licitaciones, No hay subastas, No hay plan para Pemex y aún no hay comisionados. El tren se descarriló tan rápidamente como arrancó y ahora solo queda el tren Maya y el tren del mame. En lugar de proyectos y de oportunidades tenemos señalamientos, acusaciones y promesas de que desaparecerá la ilegalidad y la inmoralidad en lo que fue un bastión de infamia neoliberal.

Hagamos un recuento de lo más relevante hasta ahora. Iniciamos la Cuarta Transformación con la cancelación de las licitaciones 3.2 y 3.3 de la CNH en el entendido de que no habría más contratos que otorgar en tanto los vigentes no lleguen a producir. NO más contratos por el momento. Luego tuvimos un año nuevo poco próspero por el desabasto de gasolina. También se nos dijo “NO habrá gasolina hasta que se detenga el robo de combustible”. De nuevo hubo una negativa hasta que sobreviniera un resultado positivo. Acto seguido se anunció la suspensión de las subastas eléctricas pues CFE ya NO puede continuar contratando generación de terceros cuando tiene sus propias centrales. Por lo tanto ya NO habrá fuentes de generación con energías renovables porque están en desuso las plantas que usan carbón y combustóleo. Otra vez se cambió de rumbo hacia un destino al menos incierto.

Unos que se han negado categóricamente a montarse en este tren han sido los comisionados de los reguladores que ni lentos ni perezosos abandonaron su cargo. Incluso antes de que tomara la silla Andrés Manuel López Obrador, Juan Carlos Zepeda anunció que dejaba la suya en CNH y pocos días después Héctor Acosta también cedió la suya. De la CRE salió por patas Neus Peniche seguida por Marcelino Madrigal y Montserrat Ramiro. Peniche fue capturada por la SENER como “enlace” entre la dependencia y los reguladores. Que una comisionada acceda a un encargo como subordinada de la Secretaria solo habla de la depreciación del título. En los últimos días supimos que renuncia Gaspar Franco de CNH. ¿Cómo se llamó la película? Comisionados en fuga.

Ya NO tendremos comisionados por algún tiempo y quién sabe por cuánto más tendremos comisiones. Es previsible que no sea por mucho porque ya NO habrá mercado.

Mientras había desbandada de comisionados, Bartlett anunció que ya NO habría abusos en contra de CFE por lo que ésta ya NO pagaría las contraprestaciones de los contratos leoninos celebrados con los transportistas. Al decirlo le dio por mencionar a una sarta de presuntos saqueadores de la patria, que alguna vez se desempeñaron como funcionarios públicos, pero que ya NO lo son. Algunos desde hace 25 años. Don Manuel lanzó acusaciones que podría haber hecho en el pasado; en un tiempo que ya NO es.

Otro que fue zarandeado en el oleaje de nuestra corriente moral fue Guillermo García Alcocer quien, sorprendentemente, SÍ aún es presidente de la CRE. Este invicto ha sorteado imputaciones gravísimas, incluso de lavado de dinero por ser él un pariente lejano de un sujeto cuya identidad desconocemos pero sabemos que NO es Guillermo García Alcocer. Los asesores legales del presidente deben prevenirlo de que uno NO paga por las conductas ajenas. Hay que perseguir a quienes cometen los delitos y a los que NO pos NO.

¿NO?

Lo que NO queda claro es el SÍ del presidente en lo que se refiere al Sector Energía. Tenemos la vaga idea de que Pemex y CFE volverán  con enjundia pero NO sabemos cómo ni cuándo. Pemex, la empresa petrolera más endeudada del mundo NO contratará deuda pero tampoco se asociará con particulares. Esto pone una presión insoportable a un gobierno que se compromete a gastar mucho cuando NO tiene dinero.

¿O SÍ?

De CRE a EX-CRE-MENTO: ¿Cómo hacer caca a un regulador en menos de 100 días?

Alguna vez el liderazgo de la CRE lo tenían puros Pacos (Paco Salazar y Paco Barnés). Luego lo tuvieron los Memos (Memo García y Memo Zuñiga). Hoy la es la Comisión Reguladora de los Memes. Ya no hay Pacos, los Memos están menospreciados pero ¿qué tal los memes? Los sucesos recientes vaya que han dado inspiración.

Nunca antes la Comisión Reguladora de Energía había sido semejante foco de atención popular. Creemos inusitados los comentarios de los cibernautas sobre las comparecencias de los candidatos a comisionados así transmitidas por los medios de comunicación. Todo mundo disfruta ver en vivo como un funcionario público encarna el estereotipo del asno proverbial. Pero estos burros se volaron la barda y se salieron del corral hacia otros parajes que ni a la imaginación se le antojaron. Cualquiera que hubiera visto una película o serie que retratara al género humano en la cima de su imbecilidad se hubieran quedado cortos. Ante tal escena las Energeeks hubiéramos dicho: ¡Ay no ma…!

Fue cierto. Fue real. A preguntas muy básicas siguieron respuestas supinamente estúpidas. De las respuestas se ha dicho todo: el CEL, la definición de Wikipedia, la ignorancia sobre las funciones del CENACE. Duele que un anciano se haya expuesto a decir que, como ya era nonagenario, y que por esta razón carecía de ambiciones políticas, era ideal para el puesto. Es inconcebible que hayan mandado a este old timer al matadero. De las preguntas, por otra parte, no se ha comentado casi nada. Tan lastimosas fueron las respuestas de los sustentantes que se robaron los reflectores de las preguntas tan bobas de los senadores quienes evidentemente confunden la comparecencia de posibles funcionarios públicos del más alto nivel con un examen de regulación de segundo semestre de licenciatura.

No hablemos más de lo que debieron decir o callar los candidatos porque de ellos los mexicanos hicimos leña. Charlemos un rato del papelón de los senadores, sí, incluso de la luminosa nunca suficientemente enaltecida Xóchitl Gálvez, quien asumió el papel de la maestra Ximena en el “Carrusel de Niños”, en este caso carrusel de honestidad e ilusión. Las preguntas que en todo caso se debían haber hecho son las relativas a tomas de decisión de un regulador como: ¿qué haría usted para agilizar los procedimientos de temporada abierta para dar acceso a los ductos y a las TAR de combustible? ¿cómo justifica usted las tarifas tan bajas que resultaron de las subastas eléctricas? ¿considera que estas tarifas tan bajas fueron efecto de prácticas anticompetitivas? ¿cómo estimular el transporte de gas a menor costo para CFE?  por último ¿consideraría usted que la liberalización del precio de la gasolina fue prematura en vista de la inmadurez del mercado?

Estimados lectores: si ustedes no tienen la más peregrina idea de las respuestas a estas preguntas, descuiden. Tampoco la han tenido muchos de los comisionados de la CRE, ni los pasados, ni mucho menos los futuros. Esta es una institución que ha ido de picada y que ahora está en vías de extinción. De Francisco Barnés (otrora rector de la UNAM) al chavo guarura hay un salto abismal.

Guillermo García Alcocer no hizo comentario alguno sobre las comparecencias. Tan solo se limitó a hacer una observación sobre el sesgo hacia la industria de los hidrocarburos entre los candidatos. Esto lo debe haber tomado muy a pecho el presidente quien no tardó en hacer el señalamiento ya prototípicamente clásico de su mandato. Cuando el presidente quiere hacer caca de algo o alguien saca el dedito y exclama: “Eh un corrupto y tiene conflicto de intereh”. Luego, luego iniciaron las acusaciones que, además de infundadas, violan el más elemental principio de inocencia que hasta hace unos días privaba en nuestra Constitución. Ahora la más simple sospecha de corrupción implica expedito traslado a prisión preventiva. Esta es una artimaña digna, ya no de Hugo Chávez, sino de José Stalin. Es tomar el terrorismo estatal como arma para saldar deudas personales.

La crisis en torno a los órganos reguladores, que de por sí era trascendente, nos llevó a presenciar la pesadilla máxima de un régimen autoritario. Un presidente que castiga lo que él interpreta como un desafío con los fierros de la persecución y la injuria no tiene idea de cómo gobernar una sociedad libre. Rascar en la vida personal y los lazos familiares para hacer imputaciones de la mayor gravedad es un acto temible, no solo para quien lo sufre, sino para todos los que podríamos ser perseguidos por disentir. No es solo la CRE la que se hace caca entre las manos de un gobierno ávido de control. Es también nuestra libertad.

La luz al final del tubo. Bartlett, el redentor.

Basta gozar de toda una vida auspiciada por el erario público para darse tamaño baño de pureza. Quien nunca ha generado un centavo de riqueza siempre podrá señalar a quienes han pasado del sector público al sector privado y viceversa. La puerta giratoria que hoy azota el Director General de CFE puede darle en las narices. Por los señalamientos y acusaciones hechos irresponsablemente, Don Manuel no solo se expone a que lo acusen de calumnioso sino también pone a CFE y al país en situación precaria. Es curioso que con el catálogo tan nutrido de problemas que acalambran a CFE este veterano de la polaca mexica haya elegido siete cabalísticos ductos como blanco de su encono.

La víscera está en el tubo y el tubo en la víscera.  Más que un diagnóstico sobre lo que le duele a CFE estamos en presencia de lo achaques de Bartlett. Su clamor se asemeja más a una cuestión personal que a una alerta institucional. Estamos en el sexenio de “a ti te denostamos porque nos caes gordo” como quien juega el pato, pato, ganso hasta el cansancio.

Al analizar la lista de nombres de los responsables del “quebranto” de CFE se ve una animadversión hacia quienes promovieron liberalizaciones parciales -azas limitadas- del sector energético. Verbigracia, Salinas, Zedillo y Calderón ocupan primera fila como los patrones del mal y de los malos. Salinas parió, aunque suene increíble, a José Córdoba Montoya y a Carlos Ruíz Sacristán cuyas manitas viscosas han estado entre tubos. A Zedillo le imputamos la paternidad de Luis Téllez, quien impulsó una desafiante reforma eléctrica. Calderón tuvo trillizos. De su prolífico y etílico vientre provienen Georgina Kessel, Jesús Reyes Heroles y el enfant terrible Jordi Herrera, de quien se dice es su compañero de copas. Un personaje que ha trascendido sexenios y por eso goza de singular infamia es Alfredo Elías Ayub, Director General de CFE desde los tiempos de Zedillo hasta los tiempos de Calderón. Otro imputado de todos los presidentes y de ninguno es Carlos Slim a quien todo mundo agarra de puerquito. Cuando todo sale mal la culpa es de Fat Boy Slim. Un punto realmente llamativo de la lista negra del justiciero Bartlett es que no hay funcionario alguno que haya fungido su cargo en el gobierno de Peña. Seguramente es así porque se trata de hechos recientes que sí serían justiciables. Siempre es más cómodo perseguir a quien no tiene que defenderse. Señalar, acusar, etiquetar a sujetos que tienen una década o más de haber dejado sus cargos públicos es un deporte de políticos vociferantes.

Nótese que los daños se atribuyen más a personas que a empresas. Es como si las últimas fueran un vehículo para los malosos. Entre los corporativos más aludidos por Don Manuel están IENOVA, CARSO y Transcanada. Pero estos nombres serían de poco o nulo valor emotivo de no estar aparejados con genios del mal como Ruiz Sacristán, Téllez, Reyes Heroles y Herrera. ¡Ah! Y por equidad de género que no falte la mención de Georgina Kessel. Es muy difícil ensañarse contra empresas que poco conocemos. Sin embargo, los nombres y caras relacionados con los presidentes de la mafia del poder son más accesibles al encarnizamiento popular. Más aún cuando se les quiere vincular con actos de saqueo.

Por esta razón, Don Manuel ha llamado “leoninos” los contratos de transporte de gas natural de CFE. En el imaginario de Don Manuel las empresas son los leones que destazan a la CFE que es el corderito del pueblo. Ya ni la piel le dejaron a México estas fieras. Sin prejuzgar sobre si las condiciones de estos contratos son justas o no habría en todo caso que analizar si los precios del gas y del transporte están fuera de mercado. Como sea estos contratos fueron otorgados mediante licitación y conforme a derecho. El tema sobre si son justos o no quedó en el pasado. Si no son del agrado del actual Director de CFE, él podrá en todo caso replantearlos. Otra cosa será si las empresas transportistas de gas aceptan condiciones mucho menos atractivas que las actuales y con más riesgo político. En suma, más riesgo y menos lana. La CFE podría quedarse sin gas y nosotros sin servicio público de energía eléctrica. No suena chido.

No todo es oscuro al final del tubo. Nuestro presidente, que no es abogado, ya ha dicho que los contratos son lo que son. Para Andrés Manuel el asunto de los contratos es más una cuestión de orden ético que de leyes. Como si fuera necesario que un hombre que no estudió derecho le dijera a quien sí es abogado “no es un asunto legal, que nadie se espante, que nadie se inquiete ni se ponga nervioso, se van a respetar los contratos”.

El pozo milagroso. Los megadescubrimientos en México.

Este país es prolífico en sus ficciones. La narrativa mexicana ha sobresalido por su imaginaria fantástica y su colorido. Estas ficciones también existen en la industria petrolera. Sus autores han sido funcionarios públicos y de Pemex. Estos personajes disfrutan de encantarnos con historias muy apasionantes de megadescubrimientos de donde fluirá el maná que nos dará prosperidad eterna. En todos los sexenios desde el magnífico descubrimiento de Cantarell se han anunciado hallazgos petroleros inconmensurables. De un día a otro México amanece con reservas renovadas y con producción prometida multiplicada, como los panes y los peces que nos proveyó el Señor.

 Casualmente, estos descubrimientos se han hecho en momentos muy peculiares. Por ejemplo, el día antes o justo cuando se hace el informe presidencial súbitamente hay una multiplicación prodigiosa de barriles. Basta con esperar al 31 de agosto de cada año para volver a contar con la seguridad energética. También cuando terminan los diferentes sexenios aparecen de la nada mantos inconmensurables de hidrocarburos cuyo aprovechamiento dependerá de la administración siguiente. Entonces, si el gobierno entrante no desquita el milagro será cosa de éste.

Así sucedió con el magnífico Maximino, del cual tuvimos noticias en el último informe del presidente Felipe Calderón. Es de imaginarse que las cubas se le pasaron junto con los barriles. En su momento, se predijeron reservas de entre 674 a 1,569 millones de barriles, lo cual es “harto” petróleo. Se estimaba entonces que con este pozo se habían ampliado nuestras reservas en 10 años. Una de las partes más bonitas de este cuento es que Maximino es un pozo que se perforó a una profundidad de 2,922 metros de tirante de agua. Esto es, cuando Pemex no tenía ni un ápice de experiencia en operaciones petroleras en aguas ultra profundas. Las empresas más avezadas en este tipo de proyectos tardan entre ocho y diez años para hallar crudo. ¡Y Pemex demoró tan solo 2! Sin embargo, hoy la producción de Maximino es nula. No debió haberse llamado Maximino, ni siquiera MaxiMÍNIMO es, más bien, MaxiNULO.

Otra historia fantástica también debida a Calderón fue el potencial del mega campo llamado Chicontepec, cuya producción diaria fue inicialmente estimada en 700 mil barriles diarios y hoy mucho lamentamos reconocer que cuando Chicontepec era la tierra prometida durante el sexenio de Calderón éste producía 67 mil barriles diarios. Mientras que en 2018 cerró con 26 mil. Queda poca duda de que con Chicontepec a Calderón se le hizo la boca chicharrón.

El sexenio de Calderón fue especialmente prolífico en pozos milagrosos, no tanto en número, pero sí en tamaño. ¿Será porque ese gobierno logró una reforma energética insignificante? La reforma que no logró atraer empresas a operaciones en aguas profundas fue la misma del presidente que más descubrimientos hizo en las mismas: Trión, Supremus, Lakach, por mencionar los más importantes.

Peña también tuvo momentos de gloria, aunque de menores dimensiones. En este sexenio también se anunciaron con bombos y platillos sendos descubrimientos de Pemex y las empresas ganadoras de las Rondas.  Cuando de Pemex se trata hablamos de los cuatro descubrimientos en el litoral de Tabasco, anunciados justo en el Congreso Mexicano del Petróleo por el siempre abominado, nunca suficientemente aborrecido Ex Director General de Pemex Emilio Lozoya Austin. En ese momento se robó las cámaras, poco después unas cositas más. Luego siguieron los megadescubrimientos de Amoca-3, en aguas someras del Golfo de México frente a las costas de Campeche. La empresa aseguró que del pozo saldrían de 30 a 50 mil barriles diarios de petróleo crudo. Se trata del primer pozo potencialmente productivo perforado por un operador distinto a Pemex. Inicialmente se estimó que produciría en 2017 pero se ha pospuesto para 2019. Como dijo el ciego, ya veremos.

Otro pozo es el muy comentado Zama cuyo taladro pertenece a Talos, entonces con Premier y Sierra. Ahora, este último socio ha sido sustituido por DEA Deutche. La producción esperada es de 150 mil barriles diarios a partir de 2021 o 2022 (o échenle a 2023). De este pozo se colgó el milagrito también Pemex, el cual argumentó que se trataba de un yacimiento compartido. Por esta razón Pemex celebró el primer contrato en el que Talos y Pemex explotarán conjuntamente este yacimiento. Estos son los llamados contratos de unificación que evitan el denominado efecto popote.

Para cerrar con broche de oro el sexenio de Peña hubo el apoteósico anuncio de Ixachi, el cuarto yacimiento de gas más importante del mundo. Dado que en ese momento el precio del gas  estaba a 3.54 USD/Millón de Unidades Térmicas Británicas (MM BTU) podría decirse que Pemex encontró el cuarto yacimiento más grande de cacahuates a nivel mundial pero qué hay de malo en eso cuando nos gusta el pinole, que precisa de mucha saliva para ser tragado.

Muchas empresas en el mundo inflan sus hallazgos, tanto que la práctica tiene un nombre: Pump and Dump. El Dr. House diría que cuando de descubrimiento se trata todos mentimos. El factor distintivo es la razón por la que mentimos. Las empresas que practican el pump and dump lo hacen para mejorar el valor de su acción, lo cual, de ser descubiertas podrían ser gravemente sancionadas por los reguladores del mercado de valores. El caso de Pemex es distinto, tal vez más inocente pero igualmente perverso. La empresa improductiva del Estado cuenta cuentos para ganarse los afectos del pueblo. La cruda realidad es que nuestra producción, tras tantos magnos descubrimientos sigue de picada. Esperamos que nuestra incredulidad detenga las fantasías y que en lugar de ir de oso en oso Pemex pase de pozo en pozo.

Fin del cuento.

Pipas y flautas. ¿Cómo mover la gasolina en México?

Tras largos días de ley seca, en los que sedientos nos arrastrábamos a las gasolineras como un esperanzador oasis, ya estamos al día en nuestros combustibles. Todo indica que, en menos de lo que llegaban las pipas, ganamos la guerra contra el robo de combustible. En toda la historia del país no se ha visto una victoria más expedita contra la delincuencia organizada y sus secuaces. Ya ni el mismo presidente ha vuelto a tocar el tema y menos tras la lastimosa chamuscada en Hidalgo.

La secuela de esta crisis, que ni crisis fue, es una compra grande y algo impulsiva de carrotanques para el traslado de estos hidrocarburos. En una compra compulsiva de pipas, la Secretaria de Economía, la de la Función Pública y la Oficial Mayor de la Secretaría de Hacienda cargaron a la cuenta del país 707 cabalísticas pipas. Tres mujeres y un camino.

Lo que no es claro es si ésta es la ruta más corta y eficiente para el consumo de la gasolina de los mexicanos. Menos evidente es aun si rodar la gasolina es más seguro tanto en lo industrial, lo ambiental, como de suministro. Analicemos por qué.

Primera pregunta: ¿qué sale más barato? ¿Por ruedas o por tubo? Información hecha pública por la Comisión Reguladora de Energía muestra que el transporte de gasolina por carrotanque es 14 veces más caro que hacerlo por ducto. Esto se debe a que la aparente facilidad de verter la gasolina en una pipa y lanzarla a rodar es bastante más cara que toda la construcción, instalación y mantenimiento de un ducto. La inversión inicial de la pipa claramente es menor pero también su durabilidad. Una pipa pierde valor apenas sale del garaje de agencia, mientras que un tubo tarda más en depreciarse. Cuando la minusvalía de un ducto apenas inicia, una pipa ya cursó su vida útil. Cuando de seguridad ambiental se trata, no se necesita un doctorado en física cuántica para inferir que una pipa tiene más emisiones que un ducto que por lo general corren bajo tierra. Tampoco un ducto es una bomba rodante que carga de 20,000 a 40,000 litros de la inflamable sustancia. Y cuando de robar se trata, no se requiere de mayor pericia para asaltar una pipa cuando la perforación de un ducto precisa de mayores competencias. La tragedia de Hidalgo demuestra que no cualquiera puede picar un tubo sin salir gravemente y/o fatalmente chamuscado. Por último en orden mas no en importancia está el tema del impacto en la movilidad. El tránsito de transporte pesado causa desgaste de los caminos y congestiones. Para aquilatar el tamaño de este impacto tendríamos que conocer las rutas de las pipas las cuales no se han informado.

Cuento aparte son los titulares del negocio de transporte terrestre de combustibles. En México se conocen familias ligadas o parte de los grupos políticos que por una millonada le han prestado este “servicio” a Pemex. En la galería de la infamia tienen la sala central Carlos Hank Rohn, Javier Cantú Barragán, Gudelio y Gustavo Cavazos Marroquín, el mismo ex Director de Refinación Juan Bueno Torio y la inolvidable familia Mouriño. Estos grupos controlan un total de 1,483 empresas según datos de la Comisión Reguladora de Energía cuyo padrón de pipas no es público. Habría que ver qué tan completo es para tener una mejor idea de su monitoreo. Como sea, hay muchas historias corroboradas y no, pero todas impunes, de las rutas inexistentes de las pipas que pagó Pemex. En otras palabras, hay transporte que se pagó pero que nunca partió. No es del todo entendible que un presidente que ha tomado la pancarta del combate a la corrupción emprenda la cruzada de las pipas.

En los últimos días el presidente convocó a concurso las plazas para los conductores de las pipas cuyos resultados son difíciles de evaluar porque las cifras de solicitudes, exámenes, aprobados y pendientes de evaluar no cuadran. El número que se antoja gracioso corresponde a los solicitantes que no han tramitado su licencia. Una energeek lleva más de un año con la licencia vencida pero se ampara en el hecho de que no transporta materiales peligrosos. Esto nos lleva a que no cualquiera es apto para transportar gasolina y nos preguntamos si se trata de un ejercicio riguroso de selección y no una caza de clientelas. Si lo último es verdad, las consecuencias de la ineptitud de los choferes podrían ser fatales. Si la contratación de personal poco capacitado es el caso, bien podría caber el dicho “el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”.